Una Ontología Asediada Por Fantasmas (Cragnolini)

March 27, 2018 | Author: Jay Jay Camaleón | Category: Deconstruction, Ghosts, Jacques Derrida, Martin Heidegger, Friedrich Nietzsche


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Una ontología asediada por fantasmas: el juego de la memoria y la espera en Derrida Mónica B. Cragnolini Deconstrucción y hantologie Al caracterizar la deconstrucción, Derrida señala las deudas de la misma con el trabajo realizado por tres pensadores como Nietzsche, Heidegger y Benjamin. Los tres son, para Derrida, pensadores de la fidelidad y de la repetición, pero, al mismo tiempo, del seísmo y de la destrucción[i]. Asimismo, existe en los tres una afirmación con respecto al porvenir, que se patentiza en la temática del mesianismo en Benjamin; en el “privilegio” concedido al éxtasis futuro en Heidegger; y en la filosofía de la mañana de Nietzsche, en ese futuro delineado por el anuncio del ultrahombre. Frente a la destrucción nietzscheana de la historia del pensamiento occidental (que supone una filosofía del martillo que acabe con las sombras de Dios); frente a la Destruktion heideggeriana, como “paso atrás” (con una fuerte impronta de la rememoración), y frente al “carácter destructivo” de Benjamin, que siente amor por los caminos “que pasan entre las ruinas”; Derrida plantea la deconstrucción como “solicitación” del edificio de la metafísica. Este edificio adolece de “fisuras”: por ello el medium de la deconstrucción lo constituyen los “indecidibles”, esas unidades de simulacro que, encontrándose “entre” las oposiciones binarias, hacen patente que la lengua “ya” se está deconstruyendo. Desde la idea de una lógica del “ni/ni”, estas falsas unidades verbales “hacen temblar” ese edificio construido en torno a una arkhé y basado en el binarismo conceptual. Junto a la deconstrucción, aparece la noción de “hantologie” (“fantología”)[ii] u “ontología asediada por fantasmas”. “El fantasma es lo que da que pensar”, señala Derrida, ya que es un muerto que no muere jamás, que siempre está por aparecer y por (re) aparecer. Los fantasmas: herencia y porvenir Los fantasmas[iii] vienen tanto del pasado (v. gr., el espectro del padre de Hamlet) como del porvenir. Figura paradigmática de este segundo tipo de fantasma es el que asedia Europa (Gespenst) en el decir de Marx en el Manifiesto Comunista, y ante el cual los poderes se unen en la conjura. Por ello, la “fantología”, en tanto relacionada con los fantasmas del pasado y con los del porvenir, alude a un doble juego de memoria y espera, que se hace visible en la relación con el otro, y que no es, en manera alguna, dialectizable. Un académico tradicional –un erudito– no cree en fantasmas: lo real y lo no-real, lo vivo y lo no-vivo son separaciones que no pueden ser salvadas. Como señala Derrida, lo que acontece más allá de estas oposiciones pertenece, para el estudioso, al ámbito de la literatura y la ficción. Sin embargo, convivimos con fantasmas, ya que siempre vivimos “entre la vida y la muerte”. Existe asimismo una condición fantasmática de la lengua: en la misma, ciertos elementos operan al modo de los fantasmas. La fantología abriga en sí la escatología y la teleologíaaa[iv]. para la contabilidad o la imputabilidad simetrizante y sincrónica de los sujetos o de los objetos. luego de la caída del bloque oriental. desde “una disyunción” en la presencia misma del presente. a restituir y a resolver en derecho. a la semántica. ya que “No hay porvenir sin Marx” [v]. pero este porvenir se da desde la memoria y la herencia[vi]. El espectro. Desde el . se espera al fantasma. Por ello la justicia se rige por un principio de responsabilidad que desquicia todo presente vivo. en la medida en que la justicia (al decir de Lévinas. se reduciría la acontecibilidad del acontecimiento. la relación con el otro) es siempre relación disimétrica. En Memorias para Paul de Man. Derrida señala que todo lo que puede decir después de la muerte de su amigo. siempre empieza por regresar. riesgo que corren siempre las interpretaciones (como la de Heidegger con respecto a la sentencia de Anaximandro) que destacan en la justicia el aspecto de lo mismo y de la re-unión. Por ello la justicia no puede reducirse a normas o representaciones jurídico-morales en el marco de horizontes totalizadores. con lo cual. Lo mesiánico es siempre una marca de la experiencia de la herencia: “de no ser así. a la filosofía. no reside. El fantasma desafía la lógica de la presencia (en las figuras de los aún no nacidos y los ya muertos) y de la identificación. se patentiza en Derrida en el “recuerdo” del amigo. No se trata aquí de la justicia distributiva y calculable: No el lugar para la igualdad calculable. sino que asedia (hanter). de las generaciones y de la herencia. sino para la justicia como incalculabilidad del don y singularidad de la exposición no-económica a otro”[viii]. se torna algo casi innombrable que desafía a la ontología. entre la vida y la muerte. la imposibilidad de comprensión de la alteridad desde una lógica identificatoria. ya que toda relación con un otro se inscribe en el presente viviente como “memorias de ultratumba”. Ese ser-con los espectros es una política de la memoria. todo se inicia desde una (re)aparición. resiste a todo saber. por tanto. Cuando Derrida se plantea la pregunta en torno a Marx.¿Cómo opera un fantasma? El fantasma resiste a la ontologización: a diferencia del muerto. frente a esa desconexión e irrupción que supone el otro. Tanto en Hamlet como en el Manifiesto Comunista. Alteridad y singularidad El fantasma se piensa desde una intempestividad. No habita. señala ese doble juego de memoria y espera antes aludido. que está situado y ubicado en un lugar preciso. La irrupción. También resiste al dominio: el espectro es incontrolable. no para un hacer justicia que se limitaría a sancionar. la singularidad y la alteridad del otro”[vii]. el fantasma transita entre umbrales. Para Derrida. como espíritu que toma cuerpo y se encarna. la disyunción es la posibilidad del otro. es algo que podría haber dicho mientras estaba vivo. que desde una retórica de la memoria se transforma en instrumento de una egología (como proyección de uno mismo) no puede ser reducido (como se lo hace desde el luto) a un alter ego como yo interiorizado. es decir. de antemano accesible. El abordaje nietzscheano de la cuestión de la amistad. Este quiebre se relaciona con el “quizás” (vielleicht). atravesada y desbaratada por la alteridad.. por esa “presencia fantasmática” del otro. sería un mal posible. una asimetría fundamental que deconstruye la supuesta reciprocidad que anima dicha lógica. . otro quiebre de la presencia. necesariamente bajo el régimen de un posible cuya posibilitación debe triunfar sobre lo imposible. de la soledad y de la distancia. y como ruptura de toda lógica de aseguramiento de la propia identidad (en esa alógica o no-lógica de la desidentificación) [ix] hace posible pensar el quiebre del horizonte de la presencia.): Tal pensamiento conjuga la amistad. Tanto Nietzsche como Blanchot plantean la posibilidad de pensar una “imposible amistad” caracterizada por la imprevisibilidad y la inestabilidad del “quizás”. Ya que el amigo. Pues un posible que fuera solamente posible (no imposible). la decisión. que señala. En el amor al lejano (Fernsten-Liebe) de Nietzsche se introduce la tensión del futuro. un posible sin porvenir. Los discursos corrientes en torno a la amistad reproducen la lógica del epitafio. El nombre propio se relaciona con la espectralidad. en este sentido. que es “fantasma” aún antes de su muerte. un desplegarse sin acontecimiento. Pero a la vez está apresado en una cierta historia. Señala Derrida: Pero el pensamiento del “quizá” involucra quizá el único pensamiento posible del acontecimiento. permite estar más allá de la presencia. el porvenir y el quizá para abrirse a la venida de lo que viene. un posible seguramente y ciertamente posible. en la idea de amistad. cabe decir.. en la posibilidad de “una amistad más allá de la muerte”. afianzado en la vida. ya que indica una supervivencia testamentaria: sobrevive a priori a su portador y. un posible ya dejado de lado.[x] En esta posibilitación de un posible imposible. como tensión de proximidad y distancia. De allí la inclusión. de la condición de la espera. supone un tipo singular de resolución que se abre al cruce de ocasión y necesidad. como lo no programable. en esa herencia del nombre y en el tema del renombre social. la imposibilidad de la “interiorización” muestra de qué manera la memoria está constituida. Sería un programa o una causalidad. Nombre propio y ruptura de la presencia Derrida plantea la cuestión del nombre propio más allá de los problemas del sentido y de la referencia (los que han sido los modos habituales de análisis de esta temática). que impide las confusiones identitarias yo-tú. quebrando la retórica de la memoria interiorizante. un desarrollo.pensamiento del amigo muerto. De la amistad por venir y de la amistad para el porvenir (. nos remiten siempre al tema de la alteridad en el modo de la cripta. El nombre propio sería una suerte de cripta en mi mismidad. Cripta y duelo La relación con el otro está caracterizada por un duelo interminable. existe una suerte de reconocimiento implícito de que uno de los dos va a morir antes. . instaurando en el tiempo presente un quiebre. supone el mantenimiento (en mí) del “muerto vivo”.Toda relación con el otro parece regida por esa lógica del epitafio antes mencionada. la cuestión del nombre propio.] siempre precisa. en general. tal vez. en tanto superviviente después de la muerte de su portador. la misma es la garantía de la ausencia. porta consigo una ausencia. el pensamiento de la cripta[xi] permite comprender la mismidad como constituida y contaminada “desde siempre” por la alteridad. para mantenerse. más allá del tiempo. pero es una permanencia que está anticipada. En toda relación con el otro. la firma va acompañada de la fecha en que se inscribe (lo que parece estar marcando el elemento de la presencia).. entre ellos. toda la cadena de los antecesores que están. “a la vez vivo y muerto”[xii]. y “No hay ser-con el otro. “lo que sucede entre dos [. Frente a un pensamiento del duelo. sino que el otro está presente con su alteridad en mi propia mismidad. como señala Derrida. de algún modo.. en cierto modo. El otro no puede ser introyectado: he allí su singularidad irrenunciable. La idea del duelo supone la elaboración de una pérdida mediante la introyección (en la propia mismidad) de lo perdido. es decir. la del epitafio y la de la firma. Hay una permanencia en la memoria. En ese sentido. o a una cadena de muertos. El nombre propio patentiza una alteridad que está indicando una presencia fantasmática. a mí mismo. a través del nombre. en este modo de la cripta. en el nombre propio. lo va a tener presente en su nombre propio. Toda la temática del nombre propio (que pareciera hacer referencia a una subjetividad centrada en sí misma) muestra que la subjetividad se constituye a partir de la alteridad. en un proceso de asimilación del otro. estamos anticipando nuestra propia (o su propia) muerte. a través del nombre. La idea de la cripta. Y no se constituye desde una suerte de relación donde el otro es alguien que está frente a mí. En la relación con un amigo. no hay socius sin este con-ahí que hace el ser-con más enigmático”[xiii]. es lo que queda como marca de la persona cuando ésta no está presente. identificación. Al ser el nombre el mensajero de la propia muerte. en el modo del fantasma. Nombre y firma indican una irrupción de la alteridad en esa presencia de los muertos. por el contrario. su imposibilidad de ser sometido a una lógica identificatoria. Aludo a la cuestión de la alteridad desde esta noción de “fantología” en virtud de que. y el otro lo va a recordar. de la intervención de algún fantasma”. El duelo implica ontologización de restos. que está manteniendo como vivo a un muerto. Por ello el nombre se asocia a la temática de la firma: a pesar de que. y con quien puedo entrar en contacto a partir de metáforas de identificaciones o de metáforas de espejos. en tanto porvenir. [iii] Para una caracterización de la “lógica fantasmal” de Derrida. Politiques de l'amitié. Beardsworth. p. Spring 1994. La Cebra. En el juego de memoria y espera. una perspectiva de pensamiento en tomo a la memoria y la espera que. 2006. en J. Buenos Aires. “Les dénominations orphiques de la survivance. p.Fantasmas. en M-L. NOTAS [i] R. Espectros de Marx. pp. [vii] J. 1. Derrida. Derrida. M. [ii] El término “hantologie” es traducido por “fantología” en J. el otro es siempre en mí una huella. las lógicas identificatorias de lo mismo. Torok. sino un ámbito de incertidumbre que no puede ser saldado por ninguna dialéctica. Ibid. 46. [xii] J. [xi] El tema de la "cripta" remite a N. 42. Derrida. tanto como figuras de la memoria. [viii] J. con ellas. cit. ed. véase S. memoria y espera La fantología.. "Fors". ... 45. retocada.. asume el riesgo nietzscheano del “quizás” en esa marca fantasmática que es la presencia del otro en mí. Margel. Psyché. Derrida. [ix] Para este tema. cit. pp. del otro y del entre. p. Pero este “entre” no supone un espacio de dialectización posible. Abraham et M. trad. como filosofía de umbrales. pp.. Derrida. cit. 111-123. española cit. p. Derrida. ed. ed. Ibid. 24. cit. caracteriza esta "cripta" (la que para Abraham y Torok es una suerte de "falso inconciente" en el interior del yo exfoliado). Por ello. En "Moi-la psychanalyse".. Autour de jacques Derrida. Alarcón y C. Inventions de l'autre. 46-47. ed. Del sí mismo. 24. un vestigio. Trotta. Issue 7. 1995. en Journal of Nietzsche Studies. El Estado de la deuda.. 13.. U. [vi] Y aquí cabría aclarar que la marca de Marx va más allá del hecho de ser o no ser marxiano o marxista.. Derrida. Espectros de Marx. se mueve “entre”: entre los vivos y los muertos. Derrida. [iv] J. [xiv] J. p. Este “entre” supone una disyunción del presente que dificulta las filosofías de la presencia y. Pero como tal huella. Cryptonymie. "Nietzsche and the machine. 441-468. Una perspectiva nietzscheana de la philía desde la idea de constitución de la subjetividad como Zwischen”. p. cuanto como figuras de la espera. Se abre. de Peretti. en este sentido. 7-66.. Derrida. p. se cita por Políticas de la amistad. Torok. cit. le verbier de l'Homme aux loups. trad. está siempre diferido. Abraham y M. Mallet (dir). pp. p.K. 27. L'animal autobiographique. desafía también la lógica de conjuntos. entre el pasado y la espera. Memorias para Paul de Man. 1998. Interview with Jacques Derrida". El verbo “hanter” se utiliza especialmente para referirse a la “frecuentación” o “asedio” de las almas de los muertos con respecto a un lugar. Derrida. Politiques de l'amitié. ed. por ninguna síntesis. [xiii] J. Préface a N. Derrida. Véase J. 36. pp. “hay que amar a los espectros”. Ibid. cit. Galilée. el trabajo del duelo y la nueva internacional. Paris. [v] J. todas las cosas y todos los seres que hay que amar dependen de la espectralidad” [xiv]. Madrid. cit. de p. Derrida señala que “Todos los fenómenos de la amistad. 145-158. ed. [x] J. 12 y p. ed. instaurando una lógica paradojal: es una parte que es mayor que el todo. Derrida et la question du pire”. quebrando los esquemas de la unión y los horizontes totalizadores. J.. 320. véase Nota de los T. Espectros de Marx. véase mi trabajo “Extrañas amistades. en Moradas nietzscheanas.
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