Nari- El Feminismo Resultante- Cap IV

March 22, 2018 | Author: Nati Martínez | Category: Woman, Ethnicity, Race & Gender, Feminism, Anarchism, Politics


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¡ d•Ji!'l' llllll ttdos sectores de obreros y empleados.Entn ll11• 1111: 1\ II'<'S. Como la mayor parte de las concrecionPH 11! '"tl• •11nn7.u 9.145 fue menos dadivosa y más próxin1a 11 llll •·nlntt t•;Hu ordenanza y su reglamentación establ('l' llll p t li 'i • lnd nH los empleados y ()breros que fueran jefe¡:; d1• 11 • .¡, qtaancc años a su cargo, y percibieran salariOH Jn tlldnt: t ' " uHignación por cónyuge sólo se realizaba en ''IIMJ     para el trabajo y podía ser cobrada por varont ''• \- HI(!lfl t nabnjnban ellos debían decidir a cuál se le 11 1!1 t• i fj , 1 1 ' 1111 ! 1 4 CAPÍTULO IV El feminismo resultante l . Los derechos de las mujeres y la emergencia del feminismo Tanto y tanto nos cargan a las mujeres, repitiéndonos en multitud de horas diarias los deberes de las madres, y que la mujer ha nacido para ser madre y nada ;n.:is que para ser madre, y que el ser madre nos inhabilita para casi todos los derechos, porque implica renunciar a nuestra li- bertad, al descanso, a las diversiones, y estar enteramente sometidas a un hombre; que ya la palabra madre y las obli- gaciones consiguientes se nos habían subido a la cabeza y tentadas estábamos de aconsejar a todas las jóvenes que evitaran ser madres, si querían tener derecho a la libertad y al goce de la vida, pero de pronto cruzó por nuest;a mente otra idea: puesto que la mujer ha nacido para ser madre, y como cada deber tiene su derecho correlativo tendrá tam- bién el derecho de ser madre. María Abella, La Plata, agosto de 1904 Si la política y las leyes podían impulsar, reforzar y legitimar la desigualdad de las mujeres con respecto a los varones, también constituyó el ámbito desde donde simultáneamente se intentó transformar esa situación. A excepción de los y las anar- quistas, quienes deseaban la emancipación de las mujeres interpelaron directamen- te al Estado y pensaron la política parlamentaria como el resorte fundamental para ../ sus objetivos en la Argentina de principios del siglo XX. • Por entonces, el término "feminismo" comenzó a generalizarse rápidamente. Fuera considerado una "aberración" o un movimiento "justo" y "legítimo", pocos dudaban de que se trataba de una "cuestión" indelegable e ineludible de los tiempos contem- poráneos. De acuerdo con una de las integrantes de un grupo de mujeres conforma- do por universitarias y profesionales ("Unión y Labor"): Cada período de la vida social humana tiene su orden de cuestiones, sus problemas que resolver. De tales estudios y de las soluciones consi- Rf' forma el progr eso o, como la palabra lo expresa, la marcha ( '??l] 228 hacia adelante, "pro-gresus". Una de las cuestiones de más actualidad que atrae la atención de esta época es el feminismo.' (' Efectivamente, atraía la atención no sólo de quienes simpatizaban con ) ' femini smo también se ocuparon y preocuparon sus enemigos. Algunas esl r pretendieron neutralizarlo a partir de la utili zación del término con otros dos . Esto trajo aparej ada una disputa acerca del uso y abuso del mismo. En oportunidades, por ejemplo, podemos hallar a católicos y católicas dose "feministas cristianos" o "verdadero!}-(eministas", demarcándose de otrol l_ nismos "socialistas" y/o "revolucionarios'\VFeministas libregensadoras o soc l recelaron de este uso y, a su entender, abuso del término: "La verdad es qut• «modas» se han abusado tanto como de la de llamar feminismo a todas las conciernen a la muj er: hasta la que enseña a cocinar se cree que hace obra ta!". 3 Tampoco faltaron otras estimaciones, más claras y negativas, del (l como fruto de la "masculinización" de la mujer, determinada por su inserciún \ mercado de trabajo, como una "manifestación neurótica", como expresión dol al hombre" o el nefasto product o de "muj eres envanecidas por la mismas". 4 No sólo sus detractores vincularon el feminismo con el mercado de trab ¡ so cuando las feministas expresaron fuertes contradicció"nes en la eval papel del ttiEaJo asalariado eñla11beración de fas no dE · -que, en la mayoría de los casos, aun junto a la explotación, las social, pú011ca. Así, e1 femínismo, para bien o para mal, era una parte neces "la "evoluciónnatural" de las sociedades. Por ello, también la necesidad y la j de que las mujeres tuvieran la capacidad civil de administrar sus bienes y, mentalmente, sus salarios. El "feminismo" era una "necesidad histórica" que a convertirse en un "hecho universal". Con respecto a los derechos políticos, reconocía como "el t érmino de la evolución feminista" que en la Argentina, de do con Elvira López, "estaba sólo en sus comienzos". 5 f- Mucho menos conflictiva y con un largo camino tras de sí, la de lascons ignas más importantes del femini smo del siglo ]Q{, retoma a el : ""Educación que frecuentemente aceptaba la "especificidad" femenina y la sexual. Mucho menos habituales eran las voces que reivindicaban la necesuu una educación no sólo equivalente sino idéntica para varones y mujeres. "A juicio", sostenían las editor as de la revista Nosotras, "hay que desconfiar de que al hablar de educación de la mujer, quiere un programa distinto del que l. M. T. de Basaldúa, "La eterna menor", Unión y Labor, año l , 4, 21 de enero de 1910, p G . Véase, por ejemplo, la conferencia dada por Laura Carreras de Bastos sobre el tema de la mujer en la moral y en la política", en el !l Congreso FrancE· oArgentino-Urugu con el título "Feminismo cristiano", publicada en Montevideo 1907. 3. Justa Burgos Meyer, "Los dos feminis mos", Nosotras, año Ill, · La JI 4. Véase, por ejemplo, "Las s ufragistas desde un punto de vis ta médico", St'llln/111 A XIX, N" 34, 22 de agoRto de 1912, p. 396. r. Vo•IIHI' tnndtll'lll•: lvil'll I.ólli'Z, El •   1' 11 ¡¡\111 i¡tl\1111111111 ' l•:llo•lllllllli lolt '\'llltillllll tilll t.tl//ttiiiiiiiii/,¡,/Nuo•l 'll. l IV '7. 1011 1111 lhfll'7h 229 11 ¡41' haga, ese tal, consciente o inconscientemente, ayuda a que se eternicen l1 iii.I H femeninas y los prejuicios respecto de nuestro sexo". 6 ¡j, , 11! feminismo la educación fue vista como medio como fin. Según vere- '" ucldante, las feministas ace taron a necesidad de a la muj1;1rcs _ 1 uwjores ma res , aunque fundamentalmente la ins uficiencia educativa ulu ('ra de tipo intelectual y no (sólo) práctica. La educación era también d 1'•11'11 convertirse en ciudadanas, para liberarse de la o re · ' · oló ica, '" , mejores oportunidades en el mercado de trabajo. Si.: trabajo asalaria"áo 111 ,,\m como una conflictiva consigna en el caso de las obreras (dada la explo- 1.' 1•xt ensas jornadas, la "degeneración" y/o la incompatibilidad con la enal- """' ión maternal), para un número creciente de muj eres de clase media po- li d111'He como una oportunidad de liberación, de autonomia intelectual y eco- ' dil'<'rencia nos remite directamente a una problemática presente en agueu 11111 de principios de siglo: la de las mujere§ 1 tqm Hocial, como objet o de reformas, como sujeto de acciones . ¿Qué unía y """bu a las mujeres? ¿Cómo vincular sexo y clase social? ¿Era la opresión 1 lndns las mujeres? ¿O lo común era definido a partir de la diferencia sexual l•·••••dad? ¿Cómo era la experiencia de opresión en las diferentes clases sociv - ' 11 poHible construir un movimiento de mujeres, una solidaridad femenina, 1 o·orno base lo común, a pesar de las diferencias? IHilllliHmo constituyó una actitud personal y un compromiso social que emergió I¡ ·IIIIIIH mujeres que comenzaron a reconocer, rechazar y buscar explicaciones a 'IILIJUS sociales frente a los varones. Por ello, simultáneamente, también fue 11111 di' percibir el mundo. Tal es desventajas, en principio, eran sentidas dentro ul •11 o Hocial, especialmente entre las mujeres de clase media. Aunque existía y 1111 una fuerte tradición igualitaria en la herencia de bienes por parte de hit••••, lu administración y el uso de esos bienes era diferente, especialmente IIIIIJI'I'PH casadas. Tanto o más sentidos debieron haber sido los impedimentos v nuilt>t'iales para emprender una carrera profesional, intelectual o en los li1 hu•n el r ecorte de los derechos civiles y políticos afectaba a todas las mu- 1 Hu impacto debió ser más profundo entre las mujeres de clase media, '"" pmpiotarios, quienes, de haber nacido varones, habrían podido llegar al lt • ln11 ¡:l'llndes negocios, la política o la ciencia como sus h ermanos, sus padres ptHIIIH ., Obviamente, no todas ni aun la mayoría de estas mujeres debieron n 1 id"''"lnH discapacidades, ellas también participaban, habían sido educadas tllíllltt•tw ''sentido común" patriarcal de la época. lt' lllllll mrnos testimonios directos de mujeres trabajadoras, pero sería es- 11 oHt nl4 I'IIHOI-l que la experiencia de opresión sexual se hallara confundida, t 11 ' ' • a la explotación de clase. De todas maneras, de acuerdo con lll•\not.• li• ntllll ' l VIHIII 11111 cl1v1•rHnH priHIIIIIH", NostJiras, año 11 , N• 54, La Plata, 1904, llndl todttilfl!l lie \'ll l •t tnlo h•d 11111 y 111 IÍHI 11'11 1"111 th u<t I'IIIIVIIH 11111 l'll'lliJIIIl, V llioHiii>ll • tlllll¡lt' \'l'ol'll i llllljtl'• ., \ ' /11 1'111111'11111 1111111111:1 1\111''1 · ·¡¡¡ 1 dijllllllS mujeres la opresión sexual era experimentada en las rel lll' ic•on s us compañeros de clase e ideología. Frente al patrón, en cambio, lo detern ll tlll lt' era su situación de clase, aunque además percibieran y denunciaran la de la subordinación de clase y sexo (por ejemplo, en la discriminación sa t 1111 u en el acoso sexual en los lugares de trabajo). Igual opinión encontramos en H!li'll tlistª_Justa Burgos Meyer quien afirmaba que, para las obreras, la condición t era más vital que la opresión de su marido. Sólo después de superar sus· t 1011 de clase éstas podrían ilustrarse y liberarse de la opt!'!Sión sexual. 8 Ln relación teórica y política entre la clase soci-ª.LY el sexo I'Pill'll. ne acuerao con- Fenia Chertkoff, también una reconocida socialista, lctcltr.m:; realizados por las mujeres burguesas para liberarse dentro de la socJI'UHI 111plLalista eran "vanos", no sólo para las obreras sino incluso para las propias l'lii'Rns. Sólo conseguirían reformas y mejoras. Desde esta perspectiva, la emane '1111¡ femenina era comprendida con relación a la supresión de las clases soci pttn¡ue consideraba que ambas opresiones estaban políticamente vinculadas porque la situación de la mujer, cualquiera fuera su clase social, era asi lultlll u la de una "proletaria" frente al varón: 1 [¿)Y no tendrá razón Engels al decir que "en la familia actual el hom- bre es el burgués y la mujer es el proletario"? Y bajo este punto de vista, e•! Partido Socialista es el partido de todas las mujeres, como es el partido de todos los proletariosY No todas las feministas tenían esta visión del lugar q_ue debía ocu en l a ema-ncipación femenina. Más aún, u .._;,",_ o_p_Q; 11111 'c·cm respecto a la cuestión de la pensaban que idealizaban lo dom que pretendían mantener a la mujer allí encerrada, denunciaban su hipe ltc IIHH'al, la aceptación de dos clases de moral, una para cada sexo. DesdP nu¡,¡ulo, las diferencias de clase entre las mujeres eran irrelevantes frente a la ''"il'ill Hexual: Para las feministas no hay obreras ni burguesas, ni marquesas, ni n•i nas, ni siquiera prostitutas: hay simplemente un sexo oprimido y mal- al que deseamos redimir, venga la opresión de monarcas o de• ohrnros. 10 •l•j aunque no mayoritarias dentro del feminismo local, fu!'f'ou lc•H ul flxt.remo de afirmar que "el mundo no se divide en ricos y pobres; HIIHI hntlllitlilf v muj eres". Obviamente,. estas opiniones suscitaron acusaciones do 11111'' clu1tf •u y fuera del feminismo hacia estas mujeres educadas, de clnsp m ljlli1•11"" "llfl;l(lstamente   interesaban en la situ.áción dt• luH 1 flil ! '"uw muchas otras, Carolina 1:listinguía dos tipos de {(•m en ÍH1t1t1 l. \'oiiiHII NrtMIIIWI, N" •IH, LH )')uf.n, r. "'' dlt•itHili.lltl dn 1!10:1 fl f' 1 t' Jtlol 1 'l!nlh11fl ltiMI.ti\UJtlll" Mt•\'o'l , Nu!lu/1•1 lit 1 ""' lllfi!ln-.r•"', M••lllí"/111 flñlo 11. N li f ,, f'! i1l !l. ff¡[l til11 1, N" lltl, 1!111'1, i' ci 11 •1 1 1 feminismo resultante Yo llamo feminismo de diletantes a aquel que sólo se interesa por la preocupación y el brillo de las mujeres intelectuales. [ ... ) Es hora de que el feminismo deportivo deje paso al verdadero que debe encuadrarse en la lucha de clases. De lo contrario será un movimiento "elitista" llamado a proteger a todas aquellas mujeres que hacen de la sumisión una renun- cia a su derecho a·una vida mejor_ll 231 Las "feministas" enfrentadas a las socialistas se encargaron de desmentir estas posiciones. Las redactoras de Nosotras, revista cuyo título era todo un programa político, sostenían: "Nosotras pensamos en todas las mujeres y a todas les tendemos nuestros brazos cariñosos: lo mismo a las que arrastran sus cadenas entre doradas jaulas, que a las que suspiran en oscuros calabozos" . 12 Estos debates expresan las dificultades teóricas y políticas de armar un movimiento feminista compacto que, para algunas, además o fundamentalmente reflejara las relaciones sociales entre las mujeres en general: Una de las causas de la desunión y aun de la antipatía entre mujeres es la desinteligencia, si no fuera por ésta, los celos que tanto nos hacen odiarnos unas a otras, pocas veces se producirían. 13 A pesar de estas polémicas, desde diversas perspectivas la idea de construir una corriente de opinión favorable, se basó en el supuesto origen común de la opresión de las mujeres, aun cuando sus manifestaciones y vi- vencias fueran diferentes. A fines del siglo XIX y principios del XX, tal raíz fue CO!l1- prendida en términos de diferencia sexual más que de situación social. Una diferen- cia sexual que homogeneizaba a las muje;es tomando como eje su capacidad biológi- ca y cultural de gestar, criar, cuidar y educar a otros seres humanos. La maternidad, hecho y proceso biológico-cultural que involucraba todas estas características, tam- bién 2omo_E. base qp.e j_!lstif!_caba y legitimaba la subordinación soci::!l ele las mujeres, sea en términos de inferioridad o de necesidad de protección. Enton- t·es, tanto la igualdad como la desigualdad buscaban asentarse en la diferencia sexual. Sin embargo, es necesario marcar dos diferencias: por un lado, frente a los discursos 1 do la opresión, los de la introdujeron y acentuaron la historia y ra1 t' ll Hura en el devenir oprimido de l a mujer; por otro, a pesar de asumir una fuerte Impronta 15i0Togista, las fem. inistas intentaron reformular la femineidad y la mater- llldad tradlclOnales aentro de la iaeología de la complementariedad y equivalencia (cuando no la superioridad) de lo femenino y de las mujeres con a lo mascu: l1no y los varones.. J Bn sus explicaciones de la opresión, las feministas locales eran deudoras tanto do lu¡; nuevas teorías antropológi cas en torno del origen de la familia y del patriarca- du wmo de los desarrollos intelectuales y políticos feministas contemporáneos, fun- cln m en talmente europeos y estadounidenses. Por ejemplo, si en la historia y las cos- 11 o•il.ulll 1"" ''""'¡ t ) llt!lllllillll ( l!IH4 1!1 l!l) hl " floHfitt fi,\u", itlloo 1 f ·• l'f ;tln. IIIIJ:I 1' 'J 1!1 111 i lollllllllll tln Mnt 1111nlti r!t   ¡¡ñ;i 1, N'' ll!l,   • !'f·•!ll, !(!111!, 1' illlll Marcela N.trl '' 11 111,, ,., podl nn hallarse las causas de la opresión femenina, Alicia Moreau cst nlt11 ' 1"'' 111 ,,ula t•n la evol ución que traería su liberación. En definitiva, el Estado 11111 tltHu,, \' l11 "gt·nn industria" (a veces, por perversos caminos) habían disminuido 1•l lii•th,, tl•d pndrc. La desestructuración de la familia patriarcal aumentaría los dPn 1 ,¡, loH otros oprimidos por ella: las muj eres y los niños.' 4 Como veíamos u111 i tiit'"'' lll ll . t>slas ideas eran compartidas por otros intelectuales locales. Para .Jo • • In "primacía social del hombre" también se vinculaba a la evolución 1l ¡,, ., '"'''"'H f'u•niliares, a la "constitución de la familia paternal", y no a un fatali MIII • , ., 111111111· nlgo en común desde un punto de vista teórico (la diferencia sexuul, 1 ' 11 ·"' '1111dnd, causa y origen de la opresión) era más simple que realizar!(} pglft it• ""·ttl¡, 1 ,n solidaridad no surgí_a espontáneamente y la organización no estaba <•xc•n 1 ' 1 ,¡,, dtviRíones y confllctos. ¿Cuáles eran los caminos para liberar a las mujl'n 1 ·' lthl'rllciÓn era urgente para todas por igual? ¿Cuáles eran las situaciones co l.tc 1 'ltnlt>H había que luchar? !:o único que aparecía como indiscutible para las fi itt· l't'a que aún, sin rechazar el y la-ªyuda deE rones esclarecidos. l' ¡,, ., 11\ujot·ps quienes debían organizarse para liberar a las mujeres. Asimismo, 1 ' ' 1 111\ u¡·[u que quienes se organizaban estaban un poco más cerca de la libertad '1 1' 1 " ••lt·us. De manera intencional o no, esto recreó dentro del colectivo fenwni "'l.trlntwH de tutela, aun cuando tales relaciones intentaron pensarse más dC'Hclc ' 111111 t'idud que desde la maternidad o la paternidad. :itla solidaridad no era espontánea había que estimularla. Los intentos de t'l'l '"' 11 " <1<' solidaridad organizaciones de mujeres, de manerª indepcuthll 1 '.' 0 dll ntr'o de otras estructur,as. Muchas de ellas enfocaron especialmente la Hit 11 '., 11111 tlt• las obre.ras, fuera porgue las creyeran el femenino más vulnPrul '"'"'11 porque sostuvieran que la opresión de las mujeres sólo se resolve¡;:ía finu ln 1•• 1 11 ttfo u HU liberación de clase. En tales luchas, para estas feministas e[!l_ 1'111 lnt •lll til di lbronciarse de las "damas" caritativas de la elite. Diferencias que st• ul 111 ltti\H (' ll el nivel de las justificaciones y objetivos que en el de las prácticaH, y 1 •ttiii,,Htuhnn conflictos y sociales que amenazaban o imposihllll hull l11 tiXlH'<1RWn política de la solidaridad femenina. En Por la salud de la m.·,, d lu 111 11tt nntt• Hocialis ta Carolina Muzilli, hallamos la reproducción de una convt•r ''nlrc unn mujer de la elite porteña y una médica del Hospital de Niuo tlulldo In pnmet·a sostenía la imposibilidad de que la solidaridad reemplautm Jllll lllllllltrlwn l1• la caridad, la imposibilidad de la existencia de una solidaridad 1'111 n1 1 dlltHlhn" y la ari stocracia. Coincidiendo, aunque desde otra perspectiva, Cmolln urolul_¡iUl,ll.{l.. en efecto, la solidaridad entre la "clase social alLa" y lu dn 111 ' 111 l t¡uo fimwnluba su riqueza !') r a im_posible. Esta oposición de intercs<iH, nl w 1111 ' 11 1 1 '. tlllllllliH nlln de las mujeres. Sin embargo, fue muy r ecurrente enln• luH li•n nud.tH, qu<' algunas, basadas en la existencia de una opresión comun f'll lit 1 !1 ""IJ"I'PH, pt•II HHron que la solidaridad sería "más na tural" entre ellaH. 111 11 \tt.IM¡\ 1\lllttlllll " li:lll-ltlittiHIIIIt ", JI !HI7 1 Íitijtlt !io!wll, ' /)'ol/t!dll ¡/1'/ 1111111/ JI H.l 111, /'t•/ fu firt/11,/ ¡{, /n /1Hrl 1 1'!' llll-ltll 1 f 1 El femini smo resultante 233 A pesar de ciertos rechazos y conflictos, las feminis tas h er edaron una tradición asociacionista femenina vinculada a la caridad y asisten cía de -los especial - "mente mujeres y nii'íos. Coñ respecto a l as actividades de benefi cencia, no todas las feministas fueron tan rígidas ni compartían las 2.ei_niones l 1. (-'\ sostenía: "Solemne caridad que perpetúa la inconciencia característica de los venci- dos y no permite volver nuestra atención hacia las clases pobres que gimen por falta de leyes benéficas que las amparen". 17 Mayor radicalidad en la critica puede hallar- se entre las anarg_¡listas. Frecuentemente, por la urgente necesidaa de la asistencia o por la cercanía de parentesco con mujeres que se dedicaban a ellas, algunas consi- deraban que donde .. . el sexo femenino se muestra en toda la grandeza de que su alma gene- rosa es capaz, es en la tarea de aliviar la miseria y el sufrimiento; son innumerables las instituciones creadas en toda la república y sostenidas por un solo esfuerzo. 1 8 Diversas investigaciones han puesto de manifiesto la amplia participación públi- ca de las mujeres de l a elite a partir de estas organizaciones de Parti- cipación pública que podría ser considerada "política", si adoptamos un concepto amplio -no exclusivamente partidario- de la misma. Si bien los SJ.n1uestos y las ideas sobre las que se asentaba la beneficencia no podrían ser considerados "femi- nistas" (es decir, no percibían o no consideraban injusta la subordinación de las mujeres cori respecto a los varones y, por lo tanto, no pretendían una modificación de la sitÜación de las mujeres en tanto sexo, menos aún de las trabajadoras en tanto clase), las diferencias se acortaban en el campo de las prácticas y las estrategias. Nótese, por ejemplo, cómo Carolina Muzilli parece cuestionar más los objetivos y la dirección de la beneficencia que las actividades de asistencia social. De hecho, como vimos entre algunos médicos, cada vez más eran quienes reclamaban que el Estado asumiera esas actividades (en principio, a través de la promulgación .:lt: "l eyes bené- ficas"). Desde los últimos ai'íos del siglo XIX y fundamentalmente a partir del XX, las feministas comenzaron a organizar instituciones propias, autónomas o dentro de organizaciones mayores. Las expectativas siempre superaron la realidad. ID_ "movi- miento" feminista durante estas décadas no fue numéricamente importante. Mu- dias de las instituciones fundadas se dividieroñO se extinguieron, aunque sierñpfe resurgían. §._us objetivos, acorto o largo plazo, no sleiñpre eran los mismos y muchas veces eran antagónicos, lo que provocó las fracturas o-la incomunicación entre estos grupos. Objetivos comunes que, sin embargo, no estaban exentos de tensiones y conflictos. A pesar de todo esto, su impacto no fue despreciable. Como decíamos an- tes, el fenlfnismo se constituyó como una "cuestión" en la época y no sólo para las feministas. Prestigiosos lñteiectuales le dedicaron algunas líneas o artículos, ;n¡en- tras que .el término se popularizabaJ especialmente después de la Primera Guerra 1 17 ldl ' lll. 1' :0: 1·1 lll 1•: l .t11ttl-, "1<:1 mil\l l!!tlílllin       1' 111:1 ¡, ,, f 234 Mundial. El movimiento feminista, ent onces, puede comprenderse como eme y productor de este contexto. Las organi zaciones de mujer es que comenzaron a fundarse a principios dcol XX con objetivos feministas fueron variadas e, incl uso, sus relaciones fuernn cuentemente conflictivas. Si los focos de atención a veces coincidían, las ciones, las formas ideadas de solución, diver gían. Por lo genera l, no ha bü ... --·· en el reclamo por el der echo de las mujeres <(4 ' ' - se los obietÍYOS V contenidos de esa educación ae Ta _____,....__ __ - . cuesuonam1enws se reauzaron a 1a neceswaa ae proteger 1eg y obtener, por lo menos para ellas,Ja licencia maternal paga. 19 ron totalmente ausentes: en Nosotras una arbcuhsta, que firma "una femi sostenía que el "proteccionismo" y las prohibiciones de ciertos trabajos en el do para las muj eres defendían más la posici ón de clase de los obreros, su ocupación y salarial, que a las mujeres , en crítica abierta a la política al Partido Socialista. Más conflictivos resu!Earon los derechos_p_olític.os. En esta nos encontramos coo_anarquistas que rechazaban la participación política na y en el ecciones tanto de varones como de mujeres, con socialistas el derecho y la justicia del sufragio femenino (aunque algunas creíar res atgentmas no estaba n aún preparadas para votar) y también con nían que la ''verdadera" y "más importante" participación política de las debía darse desde el hogar. __ El siglo XX se abrió con la fundación de una importante institución de que intentó, precisamente, emprender el camino de "mejorar" l a situacíón de des de una compleja a lianza entre poderosas mujeres de la elite, acostuml!J'I las actividades de beneficencia, y mujeres "nuevas", universitarias y pro que carecían de poder y tenían perspectivas diferentes de y para las muj referimos al Consejo de Mujeres de la (CNM). una residente estadouniaense en BuenoSAires, Isabel King, había intentado tuosamente conseguir el apoyo del gobierno argentino para la formación filial del International Council of Women (ICW), fundado años antes a pa Exposición de París (1889). En 1899, Cecilia Grierson y Jean Raynes, bro del movimiento filantrópico y cultural de las mujeres anglohablantes do Aires, asistieron al II Congreso del International Council of Women, real Londres. Allí, Grierson fue nombrada vicepresidenta honoraria del ICW y He mendó la tar ea de organizar el Consejo Nacional de Mujeres en la paña que inició no bien llegó a Buenos Aires. Después de varios meses de consiguió el apoyo de Alvina Van Praet de Sala (presidenta, por entonceH, ciedad de Beneficencia), quien persuadió a asistir a representantes de organizaciones de caridad y culturales al primer encuentro del Consejo N Muj eres de la República Argentina en septiembre de 1900. En este o decidió que el consejo funcionaría como centro de coordinación de mt'liLiph•ll ciones y grupos filantrópicos de mujeres on ol pofs y como órv,nno rweiunulcl I[J WHIIIh) N"!o o/lo1H 1 N' fl[l, lflil.l Y N' •H . IIHII 235 ii url{unismos. de otros p. aíses. Todas su .. s integrantes acep. t aR.a.!!.ill!.e el hogar :t_ la _( utilra f1¡.ndamentales del sexo femenino. El "mejoramiento del tr" y la "futura elevación de   eranMpi cos lo s uficientemente amplios ""para incl uir, en sus inicios, a diversos grUJ!.Q§... Se concertó, además, • "' objetivo rincipal sería la educación de las mujeres tanto par a que éstas lo- 11.111 respeto por parte e a sociedad como para que pÜdieran cumplir correcta- "'" HUS roles en la vida . También sostenían que los hombres er an más i nteligen- v t•uc;ionales gue las mujeres, per oque éstas eran moralmente Su 11r1 pio fundamental era "no estar organizado en interés de ninguna propaganda, • poder alguno sobre sus miembros, sino por el consejo y la simpatía". 1 ·""' acuerdos y la concordia no duraron mucho tiempo. Su presidenta, Alvina 1 l' l'llet de Sala, estableció la presenciaoe un sacerdoteen todas las lo 1 pmvocó divergencias con otras mujeres (entre ellas, CecÍlia Grierson) que co- l'• 'han a identificarse con el "feminismo" y a pensar en campañas más decididas 11r del sufragio femenino. Ante una propuesta realizada por el International 11 d of Women en 1907 de enviar delegadas para una conferencia internacional trll'llgistas, la filial de la Argentina respondió que la situación civil de la mujer 1 puís era tan primitiva que no estaban, aún, en condiciones de discutir el tema de sus miembros más destacadas fueron dimitiendo (por ejem: 11 Gabnela La!>!lrnere, hasta entonces secretaria de prensa del 1 I' Pro la ruptura definitiva devino en 1910 ante la organización de uno. cünfe- 1; 1 pnra las fi estas del Centenario. La Asociación de Universitarias Argentinas y "''({Unizaciones se desgajaron del CNM y comenzaron a organizar su propio .. ,u, Ent r e las acciones de este primer período de fusión, podemos destacar 1a inn de un (redactado fundamentalmente por las médicas El vi-' WHon y Cecilia Grierson) al Congreso Nacional en 1906J finalmente r echazado, 1" 1 1punía reglamentar la creación de fondos para -beneficios, servicios sociales y i•1·1 maternales para mujeres obreras. Igual suerte corrió otro proyecto elabo- •·IIwado en 1908contra la t rata de blancas. 20 - --- - AHnciación de Mujeres Universitarias Argentinas (AMUA) había sido cr eada 1') pur un grupo de aproximadamente treinta mujeres universitarias, profesio- tiiHt'onformes con la línea "moder ada" y católica del consejo. Entre elias figu- • y Elvira López, Ana Pintos, Elvira Rawson, Sara J usto, Cecilia 11. flntrona Eyle. Esta institución_pretendía abordar tanto de tl''lf !/-1 cgr esadas universitarias como ia de las mujeres Su propósito i 11 •vulucionar el orden social, sino proveer un "soporte moral" a las mujeres 11.dcoH y combinar la lucha por un feminismo racionalista de estilo europeo, 11 ,duiJU social hacia las mujeres obreras. Como sosteníamos antes, fueron Hlt•mñs, se encargaron de la organización del I Congreso Femenino Inter- 1•11 1 t111K•\IU Nacional de Mujeres véanse C. Grierson, Decadencia del Consejo Nacional de /11 J.'¡•¡whlim Argentina, flur1no11 Aires, 1910; Consejo Nacional de Mujeres de la Repú- ui ¡ .. ,, r/¡• ¡, l'llhllloil'l'fl tf,.¡ Nacional de Mujeres, Buenos Aires, 1936; l'niou.l ,¡, l•: niNV "l'l nlo• .. ·h\11 11 ¡,, l•11111 11 .1 nhrl'rn", rn Al'l·itin Publica y PrirJ(tda de la 1(1"'" /u Uo•¡¡¡j/o{¡,·n i\fjjlilj/11111 lllnoutnun 1 l 'uulo•II•III'IIU, 1\unnuKAII I'"• 1010, lo: Lll 11•11!'11((1     1' i.tll lli 11.11 wnal, realizado en Buenos Aires, junio a las celebraciones del Centcnnr 1 1 't 1 O, con delegaciones y visitantes de Chile, Uruguay, Perú, Estados 1 ¡¡,, l•! nlrc sus principales resoluciones y declaraciones podemos destacar lu dt pltt•u·la igualación de los derechos civiles y jurídicos del hombre y la mujer ( u 1 .¡, reformas de los códigos civi les), el apoyo de la sanción de los derechos pn lt-tttt'llinos, el establ ecimiento del divorciO absoluto y la lucha por efiñe.)Or·: ut 1·11 l uH condiciones de vida de mujeres y niños. Muchas ideas socialistas y d .. ·lllllt An mi ento impregnaban éstas resoluciones. 21 \ 1 a la AMUA surgía el Centro Socialista Femenino (CSF) clcn P. u Ud o Socialista Argentino, primer partido político local que incluyó en su" j '"" rnínliño»eTSiiiragio femenino. Además, desde las posiciones ocupadas en •• l m tw Nacional, propulsó y apoyó la sanción del divorcio vincular, la aboliciun proHI ilución reglament ada, la trata de blancas y la protección del trabajo dP lll jl'l Lus mujeres fueron admitidas como miembros del partido, y algunas 1 destacados (por ejemplo, Gabr iela Lapeniere). 1 .ns socialistas intervinieron en h uelgas de tej edoras, alpargateras, telefun t: nnHiguieron que las modistas de sombreros gozaran del descanso dominical <•11 v nlontaron a las esposas de los ferroviarios a sostener la huelga de 1912. A ud i va mente la sanción del proyecto de ley de divorcio presentado en 190:¿ tltputndo Olivera al Congreso Nacional, la legislación protectora del trabajo fi• 1111 1'1\ L906, así como los s ubsiguientes proyectos presentados por represonl11n tot• tnlistas referentes a estos temas (abolición de la prostitución reglamentad no 1111 In trata de blancas, a favor de los derechos civiles y políticos de las mujer·c·H 1 1 nttpoclo al alcoholismo, el centro desarrolló en septiembre de 1909 una camllllft luvor· del impuesto a las tabernas y entregó a la mesa de la cámara parlanwn 111111 Holicitud pidiendo el pronto despacho de los proyectos referentes a la I'Jflll d(• la importación, elaboración y expendio del ajenjo y a la implantación clu pul 1111le elevada a los despachos de bebidas alcohólicas. En 1913, por iniciut iv lo'•·11111 Chertcoff, se establecieron los "recreos infantiles" en locales cedidoH pn l'l'lllros socialistas y la Sociedad Luz, atendidos por las afiliadas al CSF.22 1 ,a lucha contra la prostitución reglamentada y, más aún, contra el l tlltljc;n'H para prosbt uc10n undelemento aglutinante pu llonnniHLas. En un grupo de ellas había fundadOiiña órgan w1pndficn: la Asociación Argentina Contr a la Trata de Blancas (AATB), preHididlt c·l docofor Arturo Condemí has ta 1917 y, a partir deentonces, por la doctom l 't•l l•;vlco l•:st n asociación r ealizó campañas y apoyó las iniciativas del Partido Ho1· y,''" pnrticular, las presentaciones realizadas al Congreso Nacional por el drpu Al le c•du Palacios en 1907 y 1913 para penalizar a las organizaciones intcrnrH·rut 'ti"' nlllli'J'Ciaban mujeres. l l flul uu lu AHnlÍIH 0 H\n d11 M uj11r os Univorsitarins J\rgon tinn y ol 1 CongrNIO l•'onwninu IJ ti c•111 u od ,jo; 111 llupuhil'll Ar¡¡tlll l Cllll 0 VtiiiRll 1 Con¡¡rNIO l•'cmwniuu 1 llil'l'llii(' Ínnnlo fll llfllllll o 111'111' .1 IH1 1 l111 1111 1 Atllotl0 IU 11 o " 1 10 l'clt•l CIC'Ic\n lo'c•nHininn 1 'Hn 1\ ICII'ric·u 11 11" 0 l/11 IIÍ/1 v f .u/m1 . N" ll y 11 o 1 1 rr 1 1 /ílll "" 1 1 H ,)¡¡ 11111VIl ,¡, · JCIIO 1°1 i' 1'111'111 uff   Gl11 itdl 111111 !""11 loo11 1 !VIII El feminismo resultante 237 fundó la ociación Ar en tina de Libre Pensamiento (AALP) a la cual mujeres y en on e éstas jugaron un papel importante. En 1902, Carolina deArgerich había fundado una or ganización de librepensadores (Dios, País y Ciencia) cuya admisión al Consejo Nacional de Mujeres había sido rechazada por su an ticlericalismo. Cecilia Grierso.Q_,Y_Elvira Rawson calurosamente a la cual propugnaba, entre otr as cosas, el racionalismo universa1,e rantic1e"ri- calismo, la observación científica y la ci adaR' igualdad total para las mujeres. 1 Dentro de este campo, se_ destacar aria h 1 La primera . editó una revista e.nLa.E.lata,N....osotras. entre 1902 y 19Q.4. Un año después, organi- ' zó una Liga Feminista Nacional dE! la filial de la Alianza 1nter:- nacional para el Sufré!gio de la Mujer con sede ep Berlín. La segunda junto a Raquel Camaña. fundó en 1911la Liga por los Derechos de la Madre y el Niño y organizóel l Congreso del Niño dos años más tarde. Pero las relaciones entre varones y mujeres librepensadores no fueron fáciles. Aquéllos desconfiaban de las mujeres y del sufra: gio femenino, en particular por la supuesta influencia de la Iglesia sobre éstas. Por ello, hacia fines de la segunda década del siglo XX, muchas simpatizantes y miem- AALP pasaron al Partido Socialista en el cual algunas ya participaban. 23 Elvira Rawson había fundádo un Centro Feminist a par·a grupos de muJeres interesaaos en reformas políticas y sociales. Aparentemente, ante los recelos gueg1usó el término "fe.minista"_y_dada su línea más moderada"'-cambió nombre_p_or eLde Centro Juana M. Gorriti. En este cuadro general sobre las organizaciones feministas , no podemos dejar de nombrar los esfuerzos organizativos y anarquistas. a fa- vor de la liberación ctelas mujeres comenzaron tempranamente: Sociale, dirigida por Emrico Malatesta, publicó los escritos de una prestigiosa féiñí-' nlsta italiana, Ana Maria Mozzoni, de Soledad Gustavo y de Juan Rossi. Entre y 1897 un grupo de mujeres editaron el polémico periódico anarco-comunista La Voz de la Muj er. Además de contener muchas de las cuestiones clave del temporáneo:-' puede hallarse allí una visión y críticas más radicales con respecto a ia Fam1ha patriarcal, a la exg!otación sexual femenina (no sólo de la prostituta sino dl:l a esposa, Cle la joven machisl.!l.o de sus compañeros anarquistas. Du- rante este período, se destacaron varias mujeres en las filas de los diferent es grupos libertarios, como Virginia Bolten, J uana Rauco Buela, Ter esa Caporaletti, María Collazo. Con Pietro Gori, Bolten fundó una organización de anarquistas y socialis- ! edicada a la disolución del matrimonio legal y otros conceptos autoritarios. En fo.rmó un grupo de mujeres, Las que llamaba a la unión de las ro e 'as para combatir junto con los esposos e hijos la "batalla contr a el capital". E 1904 s · orgaruzo otro grupo femenino denominado Alcalá del Valle. Mayor perduración tiempo y relevancia tuvo el Centro Anarquista Femenino {CAF), fundado en 1907. ste centro llevó a cabo reuniOñes,COnferencias y actos públicos 1' .,k con oradoras, en los cuales frecuentemente tuvo q-ue enfrentar incidentes con la í1- pol icía. Repartía folletos de propaganda para mujeres a la salida de las fábricas o tnllcres. Además, participó activamente en la huelga de inquilinos de 1907, colaboró 111!1 /1/!l'tlfl!' 11 ¡/11 '" u .. ,.,;r.r; .. ., J\ lf/! 0 11 filltl, 1\UIIIIOit A 11 .... 1 !l 1 o. !!1 ! 1o11 ni L 1 1111tlfti !'ro-Presos y apoyó activamente las protestas en contra de los d•·t l¡¡doitl y d1•put·l.ndas por la Ley de Residencia (dos de sus miembros fueron do po tll! li ,, f'l llt Ht l cl t• la huelga de inquilinos). 21 • • en estas primeras décadas del siglo XX, es importante destacur • el!' ttn grupo de muj_eres universitarias, muchas de ellas médicas y vu lllll ltrl ul flwticlo Socialista, que se agruparon alrededor del proyecto de estnh 11n1• .. ,.IIHII clc niños" en donde las mujeres podrían cuidar a sus hijos, legíti lloovtltiiiiiH, ul mismo tiempo que se les brindaba la posibilidad de aprender un' " ' " ,, podpr trabajar. De esta iniciativa derivó también una publicación, Un -- ( ,¡¡(•111, l't\Lr·c lQ.lly 19_13_. . I;:Hio• urco de organizaciones, revistas, actividades, cuestiones clave, nos of 111111 prlllll'ra aproximación a este mundo intermitente del feminismo local. Si !lill111 HIIH ideas, sus supuestos, sus utopías, a través de sus textos, encontran• luu1l1114 puntos en común entre ellas, entre ellas y su época, entre ellas y otr os IIII IJ III uH feministas occidentales contemporáneos. Estos trasfondos comunes no lo1111 1111pcclir destacar también las diferencias y los intentos por diferenciarse on tro ellas y otros pensadores locales, entre ellas y otras feministas \' wlt ruluunidenses. 1.11 diferencia sexual y la de la femineidad eran parte de "I'''"HtOH escasa o cuestionadps, profundamente arraigado;J nutu ILr:. nlnH, aunque no siempre los contenidos o las valorizaciones de las diferem· •u• do IIIH tdoas detrás de la maternidad eran las mismas. Para al.[llilas feminisl.ulil, diloll nneiu debía insertarse en una relación de complementariedad Y.&ill:!iva ll•uui il !llt" lllUJeres y varones. Otras, en cambio, retomando la diferencia, exaltaron 1111 il!ttiUH femeninOS SObre los masculinos revirtiendo la jerarquía patriarcal dt• llflrnH De acuerdo con Julieta Lanteri, por ej emplo, las "almas de muj er" e• 1 infJJ•tH, buenas , sensibles, llenas de sublime amor, y sus cuerpos contenían la" IIHÍII ht• ll n de la creación". Equivalente a amor y vida, la mujer había sido esd ult• pur el varón, amante de las posesiones, de las riquezas, de las guerral!, de !'11111111lldad. Desamarrar a las mujeres de las cadenas de sus amos, entonces, lt·un ''" llloll'lll no sólo la situación de éstas sino a la sociedad toda. La "feminoidrut lil ... nulu He presentaba como desafiante y cuestionadora de la opresión sexuul de la expl otación económica, de la desigualdad racial , de la propio•cl u Jiri vudu, del principio de las naciona lidades modernas (todo ello vinculado 11 1 tttllfH:ul in idad"), puesto que .Pil o !la mujer] no quiere ser patr ón ni admite amos. Para ella todos son t¡.;uulcs, Lodos son uno en la raza y en la especie, porque ella es la madra dt • Lodo¡;, Para ella no existe la propiedad ni quiere matar para conser- vurlu, la tierra enter a es su patria. 25 Vn¡ ,pu /., l'mlt•Hiu lltll/1111111 , 4 de enero de 1902, p. 4; La 18 de on<'ro du 1902, JI ·1, '"' • • • 17 dn mnyo ele• IU04 T.uH nct ividndes del Ci\1' purd(1n l!l't:uii'HIItt t.rnv611 dnlru•rHulono /,.¡ l.t Vldll dt• .Jutlllll HuuctJ (ndom6R rl11 1111 hin¡;oul\11 nnlo11111111111!1l1• c•olndnl y Miltltl t 'nll rcr.n. ,.. •1·"' ( IIIHIIl 1 '' 1!111/U lilon•t'•'llhllih•lit, f 'ruof<ll ll lll Ítl clt; In   11', llfluluil ilw'lon 1 1 lominismo resultante 239 Así, las feministas acept aron plenamente y r e!'orzaron la idea de una diferencia Hcxual, basada en la capacidad física pero especialmente espi ritual de las mujeres para ser madres. El feminismo de las     de.l siglo XX formó parte del !'lima maternalista im erante, los su,.euestos.L las ideas, los fines Pn orno de l a maternidad, no fueran los mis.l!lOS. Al respecto, tampoco el feminismo rue enter amente homogéneo pero estaba unido por una formulación más política de la maternidad. Aceptada, y exaltada en algui)Qª- "función natl!!'al" feme_: ni na, no justificaba la desigualdad jurídica, social, política. Por el contrario, la vol- vía más injusta. - Menos habitual fue la reformulación "privada", enteramente doméstica, de la maternidad. Es decir, qué significaba la maternidad en la vida de las mujeres. Por lo general, aceptaron que constituía el destino ideal y buscado por éstas. Sólo algunas se   "la grande, importante y hermosa misión de madre no es sufieíeñte para hacer la felicidad de 1a mujer: e1la -qüíere tambíéri un{)Oco de libertad, un poco de verdaaero amor;-y (aunque sea muy prosaico) un poco de dinero para recompensar sus sacrificios". 26 Estas opiniones, a veces, eran matizadas al re- formular las obligaciones en derechos, al cuestionar más la situación de opresión eñ que se ejercía la-mateTni d-ad que a la ateF · d misma, como verse en l a cita que encabeza este capítulo. Para aríaAbella u tora de esas líneas, esto impli- caba el derecho a l a maternidad "natura , maternidad "por amo,r", aunque no reivindicaoaef"amor libre" puesto que, dadas las condiciones materiales de su ejer- cicio, sus consecuencias eran que sólo en la mujer recaía la "carga" de los hijos, además de ser pezjudicial para éstos por la "tacha" de ilegitimidad. Para que el "amor libre" pudier a realizarse institución social era necesario que el Estado se hi- ciera cargo del sostenimiento de los niños : "Opinamos que en una sociedad más j perfecta la mujer en sus funciones d!Lmadr.e n.Qj.ebe estar protegida por un hombre determinado porque esas protecciones particulares pueden fácilmente cambiarse en .,.j: tiranas; sino que debe estarlo por el EstadO, en representación de todos los fiambres y mujeres". Y, aceptando fa importancia para las muJeres y para 1a sociedad, de 1á maternidad, de todas maneras, finalizaba: La mujer no ha nacido solamente para ser madre, como no ha nacido el hombr e sólo para ser padre, uno y otro tienen el deber de conservar la especie; pero al mismo tiempo tienen el derecho de ser libres, de perfec- cionar la sociedad y gozar de la vida. 27 Podemos situar estas opiniones en un extremo no tan transitado al menos explí- citamente por las feministas locales. De todas maneras, lo que compartían era la l necesidad de extraer derechos de la maternidad. Elfmaternahsmo político; propul- sado por el feminismo a principios de siglo, se basaba _ premisas: por un lado porque eran madres (r eal o potencialmente), las mujeres de- 1 bían tener derechos sociales (gran parte de las "políticas maternales" que vimos en 20 "CuoLo ,,¡,11,.1•1 t• l it fl oft d•· !'lwrtlww H!lpoLlo do unn fominisl n", Año 11 , n• 41, Ln l 'l.cLI l!lll.l , 1' ·t'J 1 '1 M,,.,,, •     •·. ¡,f\u !11, N·· tl:l tl-1, 1,,, t'lul lt, IIIO·I 1'1' 7·1:.1·'1411 pi ;·npilqlnlttlltll iíit' l,:"l••n·; ¡,,-,,, ., .. ,¡.,¡¡ ''! ittdiif'H t, ru11n nlwtHort 1 1 l¡í! ¡,¡(¡j¡¡¡j 1 o;¡ tt 11111 ,. 11 1111 \j¡ ¡j Jil 1' 11 '"   1'111 111 lttttlllf 11' 11 ' l 'li fl Í 1 if llld 111111111 ¡(11 pul 111 ttt.tlttllltfltll f'111 111111 f/l f(fl, 11 M IIIII)I'II'H ll lltdi llll lql))•l /ttl)iHH J. líl. !itftl(Jt JlllflfiJ ·Ii ,, lltlllltflll ' lt •lttfll lu di t'II'IIIIIJ HI')( IJ/1( 1 1' 11 tf¡•f'Í I', ll fJII IIJIHIIII llli ifllfllldlt •lll odl .,./ J•: J j ll tl f 11 Jiu 1111 tf111111 JI , IIIIIH 1'11111'( 1' q llll t' llttf 1J 11 it'J' lid UC' !H' i!Í il , H 11 lttlll!(l l(tlllllll t 111 t tll'l o 11 Pt 'HII r dt• tocio y po1• consigu iPnl(', Pntont'<'H t•onw ulu11 111 1'111'1'11'11 In vtdlt Ht• rü l l l sucl'ifi cio cont.inuo y lu noblt• 11h11 1'. u te u t dnl t'III'Í riO q u o Ho inmolu pur la lclicidad de los dcmüs; OHII ''" 111111 l•t• •n l11 PHI' IH' in do s u a lma y las feministas lo están probando: HIIH lt f.lll• lítvnr· dt• 111 p11z I'<'H¡>onden de ese sentimiento maternal que vibmeu tml l'lll 'l lt.lllt dt- ntujl.'t'; todas sus pt·opagandas están impregnadas de lil11111 m 11111, y n11 • movimiento que han operado no es otra cosa que un Ht•ull 111tr•nln ele inmensa compasión hacia las mujeres y los niños que suf"n •u .Y C' II,YII Htcorte unholan mejorat.28 1•:1 '' inRitnto ma ternal" pos tulado, caracterizado por el sufrimiento y el ult 1111 JllltlldH muy diferente al s ustentado por otros. La diferencia radicaba en qu h ll11cdnu y valores eran consideradas necesarias e imprescindibles para la ''1 , u·· lltlttonul e internacional. La abnegación, el cuidado del otro -fundamentul clulotl l n "dúbil": anciano, niño, mujer, trabajadores-, la ética de la responsa 1¡111\ huhínn Hido erigidos como premisas morales "privadas", eran extendi do• ji11l1lit•u pnlftico por las feministas. l•:l Hmpo de Unión y Labor analizaba la necesidad de conquistar derechos l¡w IIIUJcwt•s tomando la experiencia de otros Estados en donde las mujeres part pid11111 do In cosa pública: "Es, por cierto, esa misión de amor que tanto pregonan, Í¡u•· tlllflulsa a la mujer a conseguir sus derechos civiles y políticos, pues tenién j111d 1 11 Ira bajar con más eficacia en la conquista de mejoras para los que sufmn h 't tlldJtlll , puesto que esto es amor a la humanidad, es amor a su prole". 29 As í, íl!Ji l't' IHIH de las mujeres se justificaban porque "este interés de la mujer por contri h11c1 ,c] bit•nestar social, sacrificando en aras de él las horas de reposo, s u talento y H\1 Cill 'dt.rm, ha hecho que tranquilamente se le conceda la intromisión en la legislación c(fo( JIHiH".:IO 1 oiiH veían esta lucha por los derechos de las mujeres, su intro !luce 1ón como mujeres a la política, como parte ae una ofii mundial en la que estaban • Efectivamente, g1 maternalismo Iiolítico o feminismolñaternal no e§: un li'llflllttmo loc.a l. Desde fines del siglo XIX, europeas, norteamericanas, australia nas, ll'''"·"lnndcsas y latinoamericanas habían peleado conjuntamente por obtener "de 11 K 1 .opuz, "El movimiento feminista", p. 262. En 1902, en Argentina y en ocasión del conflicto • con Chile, Gabriela Laperriere realizó un llamado a las "madres argentinas" para impul- h•ll fllllitt ll las chilenas, una Liga Internacional por la Paz. !t '··1111 Jus to, "La mujer y la política", Unión y Labor, año r, N• 4, 1910, p. 25. 111 1\lul iltl11 lí'l airoto, "La mujer y su influencia en los destinos humanos", p. 5. II IHlltfiiM qllc• 11111 tl' tllt'utn•Hpondulllu luH n111jt•c·o:¡ y por derechos políti cos 1" 111tiltr 11111 llc•vnl 11 culto lns Ll'llm;l\¡nlHicionoH ¡.;ociulcs necesarias que, en espe- 1 "")urllritlll In tt iluud6n social de las mujeres más vulnerables. Las políticas ti 1 lllll fiiM omn ¡wrci hid us como un derecho.!. no como una paternahsta 1 1'·11 lo• de• • Reforzar on la una "función" s_QQai.l_E?"'- 1• .1, 110 Holo ni oxclw;ivamente "natura]". Finalmente, la reivindicación de la ciu- ,1.111111 pmvonfa de una base natural-moral.propia i femeninalgQ_e se ente11día como 1d r Jlnt ctón única, imprescindible e intransferible, a la pqlític.a. Así, las feministas lou t.llr'on l a po1itización de una identidad social de género basada en la materni- f,ld, ulcntidad que, paralelamente, era construida y retomada por médicos y los p1 "fiiOH Estados. Sus luchas coincidieron con ciertas políticas estatales con r especto ' lu mortalidad infantil, la reproducción y la familia, que tomaban a las mujeres • 111nu HU principal objeto-agente. J•inlonces, esta maternalización de la polít ica se lograría a través de la conquista Hufragio femenino y_La_pa.r.ticirull!ión_de las mujeres electoras y elegidas. l' oro, para las feministas, esta for!!,lil de hacer política no excluía otra, específicá- ltWnte femenina, también vinculada a su posición social como madres: la influencia l'.iC'l'Cida sobre Jos varones ae 1a familia desde el "hogar", en especial sobre Su:S Nuevamente, aqu[lao ivisión entre femiñistas y antifeministas se borroneaba peli- grosamente. Efectivamente, quienes negaban la legitimidad del sufragio femenin o o, incluso, de la capacidad civil de las müjeres, sostenían que la jnfluencia femenina Hobre lam>lítica debía darse en el "seno del detrás de sus muros, y su repre- Hentación debía quedarenmanos de aquellos varones sobre los que ella había ejer- cido sus influencias. E..t.:Uicaso del feminismo, en cambio, lo q_ue inten taba_politizar- se era la. función maternal._elevarla a una categQ_ría de o s uperior a la deJos varones en tanto individuos. Una forma de introducir la maternidad eñüñ Para las feministas. unª-.furma de política (el sufragio) no excluía a la ot ra nuevo pact o sociaL ) (la influencia sobre los hijos). se fusi onaban en la idea de las mujeres-madres como represeñfantes--crerj)ueblo o funcionarias del Estado. Ambas eran fundamen- tales para lograr los ometivoSdel la socieda<i, En r ealidad, en esta etapa muchas feministas locales privilegiaron incluso la participación desde el ''hogar" en la política puesto que consideraban que muchas argentinas "aún" no estaban preparadas para votar (al mismo tiempo que reconocían el "recelo" de mu- chas mujeres hacia las ideas sufragistas). De todas maneras, es importante desta- car que, a diferencia de sectores antifeministas, la influencia femenina en el hogar no s e reducía a la ternura ni a crear el "reposo del guerrero". Por el contrario, la tarea inmediata de l a mujer argentina, que todavía no podía o no estaba preparada para votar, era ejercer sobre los varones de su familia una determinante, eficiente y moralizadora influencia "política": ... que eduque a sus hijos en los deberes cívicos; que les enseñe a no hacer de la política el medio de satisfacer necesidades que no saben llenar con el trabajo; que no sea para ellos la política una carrera [ ... ] Que l a mujer misma se eleve hasta su misión de madre de ciudadanos libres y coopere a la organización definitiva de esta república [ .. . ]; que la esposa del co- merciante o ciudadano rico haga que éste no se retraiga con indiferencia de sus deberes cívicos, y que todas sean en sus hogares para el padre, el Marcela Nari IHIIIIIIII\0 o los hijos, consejeras o inspiradoras bien intencionadas, libros ,¡, , <'goís mos y ambiciones condenables.31 '': n l:tH pnmoras décadas del siglo, un problema inquietante se planteaba para lt111 l!ll lliiiiHIIIH. Algunas aceptaban que las mujeres aún no estaban preparadas para ulttl '. l 'o•ro, ¡,estaban pr·eparadas para ejercer este tipo de relación maternal?, ¿lo liuhíuo ht •l'llO on el pasado?, ¿con qué resultados? De acuerdo con Alicia Moreau, l a ''n¡o" y "centro" del hogar, estaba llamada a ser lo que raramente era: la "pri- illill 't l ""li i'Udora de sus hijos". Y la maternidad ejercida de esta manera, la materni-       una práctica política al mismo tiempo que doméstica, sólo podría cumplir- lit 1111 " ' f'uLuro. Sólo cuando se emancipara a través de la educación, cuando dejara ¡1;; '"' ' l11 "oHclava" que educaba a sus hijos como "esclavos", la mujer cumpliría aca- loli•Ltllll•llfl' con su rol de madre, el más "puro" y más "noble" de todos los que estabu ' 1"11 il adu para purn las feministas, el maternalismo político era imprescindible para trans- ''" 11 1111 lu Hociedad, la educación.lo cra.para tiansformar a la mlljer, dC'I 111111 luo 1•: 1 interés feminista por la educación no era nuevo _pero su vinculaciÓn a la poli l it'll y n Tn obtención de una era cada vez más fuerte. Una aproxima ¡1tlr1 1l11minista al poder de la razón era la base para imaginar los 'cambios subjetivoH 111'! "'liii i UH para que las mujeres desearan y protagonizaran su lucha por la igualdad !¡, libortHd. Una tensión entre un pensamiento determinista (el femini smo era unn , llt· l l iou tl e la "evolución natural") _y otro de tipo (el énfasis colocado t'll luo•d lll'll t' ión y en la posibilidad de transformación de las propias mujeres) comen1.11 lir1 ·• ••m!'r'got· en los textos y las prácticas feministas. l ,u od1u.: ución, entonces, fue fundamental para el feminismo de principios d!' 11 1 '" · Apru·t•cfa como el camino más claro y confiable para la emancipación de lu IIIIIJIIn•H. Lu educación, el esclarecimiento de su SituaciÓn de subordmacwn, les olor 11111 lu libertad para Juchar por sus derechos y la igualdad. La educación las volv1 1111 '' r11ujor·o¡¡ madres" para ejercer esa función desde el Estado y en sus famihn l•;;tl o1 pnHición con respecto a la educación maternal de las mujeres no implimhA IIH111clunur· la otra, la maternología y l a educación doméstica pregonada por n1t'rdl i'i11•, y economi stas. También para las feministas era necesario ensonm li111 uwdr·t•H hi giene infantil y economía doméstica pero, entre estas últimas, npu1 lli 1111111 Pvidcnte el obj etivo de "elevar" unos saberes tradicionalmente consid(lrmlf J• •ruouurns" a l ni vol de ciencia y de promover simultáneamente a sus portador-u• l11111 f 11•1011 on Jo "ed ucución sexual" femenina y masculina, entendiéndola como Jll Jl /11 , ... "'" pur·11 la procn•nción. La propuesta, a cargo generalmente de mujer-eH t l h 1 1111 Ht• ddl•rPnciubn de• la de s us colegas masculinos. Como sostenía lu dr l 1 1111lin11 Lllftji, !d • .•   • 111 1111111"fn", p 1·1 t 11 Mwttolll 1 "1•:1 h•IIIIIIIIUIIIII'fl l11 IIVIIftll•inii MIII'II tl ", pp :11111 !17!1 Vc1¡i11!\ 1''11' o• jo•uopl u. lr1 l'"lll •llo'l.t l'lo•rn· ul rtd .t pul 1 '•·o·tl r.t 1 :r 11·1 111111 !till/11, !Vuft uulu ''" 1 !1 111 o·11 tlllt•lloor, ,\111·,, 1' 1 llll. u 10: 1 llJt• 11 1' /.t!/•111', ftOu 1 N ' tl , 1 dti lltcll ilu oln 111 111. i'l' •l 1 tlltttl 1     • Fr uu! 1Üuul :y ltililll 11 El feminismo resultante Es, pues, necesar io que en la adolescencia, ella que ya en la familia suele hacer un a prendizaje forzado de s u futuro oficio, reciba nociones prácticas de maternología y puericultura, complemento imprescindible de su educación e instrumento necesario para el mejor cumplimiento do la función para [la] que ha sido creado nuestro sexo. 31 243 Pero, a diferencia de otros que pregonaban la necesidad de enseñar higiene in- fantil y economía doméstica a las mujeres, las feministas consideraban que estos saberes no er an suficientes. Una madre debía estar intelectualmente formada para educar a sus hijos como futuros ciudadanos . De acuerdo con Elvira López, l as muje- res debían instruir se para ser "buenas esposas", "buenas madres" y para desempe- ñar un mejor papel en la sociedad, para lo cual era necesario saber algo más que labores, idiomas y música. Se suponía que, como esposa, la mujer tenía una gran influencia en la vida del hombro y que, como madre, "decidía el porvenir de los hombres del mañana". 35 Pero, a juicio de muchas femini stas, en la situación de sub- ordinación social e intelectual en la que se hallaban la mayoría de las muj eres, éstas sólo podían ofrecer "ternura" a sus hijos. Ternura que, incluso, resultaba contrapro- ducente y dañina cuando no se hallaba hermanada a los "sabios dictados do b. men- te". Como sostenía la socialista Juana Begino, las madres, incapacitadas para ofre- cer un "sólido apoyo" a sus hijos, no podían prepar arlos para la lucha de clases, "de adelanto, de de progreso cada vez más firme". 36 En esta educacinn para la maternidad, algunas, aunque muy pocas, incluyeron la educación fí¡,¡ica puesto que consideraban que la "debilidad" femenina no devenía directamente do In natu- raleza sino de la inactividad y mujeres orgánicamente débil es car ecían do u u toridad moral sobre los hijos. 37 Entonces, en la preparación par a la maternidad, la educación intolectuul jugaba un rol fundamental par a las feministas. Sostenían que negar tal edu cación a las mujeres no era sino una forma de mantener la opresión y el control sobro ellas, bajo el pretexto de que las alejaba o que no era necesaria para cumplir su rol de madre. Asimismo, también sostenían que por diversos motivos muchas mujeres nunca se- rían madres y, por lo tanto, menos aún podía negárseles el derecho a educarse y a capacitarse para ejercer una profesión. No quedaban dudas en el caso de l:ls muje- res sin hijos. Como sostenía Elvira López: La condición de esposa y madre es accidental; la muerte o la separa- ción la destruyen; muchas mujeres no se casan; y por eso no se dirá que son inútiles a la sociedad. Ciertas mujeres t ienen aptitudes especiales para tal o cual orden de estudios; la naturaleza dota a algunas de talen- Los viriles; y esas fuerzas deben ser desenvueltas armoniosamente en beneficio de las familias y la sociedad. 38 :1•1 P. Luisi, EnNrT1anza se:r:ual, p. 22. ;l[o 1<) "I•JI III UVIIIIÍIII\111 rnminit-1111 ", p. 76. :lli . • hlltllfl M.11lot l lo•tll""· / .u "''!1• 1 1' o•l           AirrR, sir, p. 27. 17 1 f.lfolll!l'!'lili f<'t•llllliiÍiill Jllil'i iifU ln111of , 1/t ,.f,u 111 111/011 y /rttflll/1111, )111 {).1 !J5 ltl Ji1 1.11111 1 \ 11 i, 11111111'4 1110 lit'lllflO (JIIII I!I' tii'JI'IHJIII loll ldllt'/11' 1011 llllCJc•clulliJHII'I I l.itt ll .lll 1• '"JIIII'Il hrl, 111111 ltmidtllliOnLo, IH condrt•rull clt • 11111drc de la de mujt•r. No•• ,,,,.. • ' '" Hllt't•dH'I'II t empranamente con relaci6n a la educacicin .Y c•nt ,,. 11 d1· 1 L1"" nwdi11. Si conwnzaba a entretejer se cierta legitimidad para c•l 1 nduuu llii111 '' utl nr 1udo, cr·a de tipo profesional y, por lo general, en el sector "MI' IV/ J•: n r.-•, rlrdnd, muchas de estas mujeres hablaban de sus propias experiC>IIt iu " "'-' ll'l't<' ra persona. Alicia Moreau sostenía: Nada impide a estas profesionales formar un hogar, ser madr·os, 11111 l:llllll ley natural ni social las condena al ejercicio de su profesión <1"" pueden muy bien abandonar[ ... ] y pueden siempre series de gran ul rlr ch1d (. .. ] si las circunstancias de la vida lo exigen. 39 1•: 1 objetivo final era compatibilizar en la vida de las mujeres educación r t•mancipación, ciudadanía, incluso trabajo asalariado, y maternidad. !•:11 i11••dulu, pretendieron hacerlo reformulando políticamente la maternidad pt•m, lut.,ntur transformar su organización social, frecuentemente quedaron ut f!ll luH n•des del tiempo completo y el altruismo. Era también importante pr'll/1 lnN •·onw compatibles ante los ataques que recibían. Una y otra vez encontru iii HtHI <•ncia en que el feminismo no convertía a las mujeres en enemigas del 1111 IItH He paraba de él. Por el contrario, sólo el feminismo podría hacer de lu 111 \"llldndcra compañera del hombre", que deja de ser su "súbdita" o "esclavu" 'I""IW podría existir compañerismo donde no hubiera igualdad. 40 Ht• pretendía, así, construir una "nueva mujer" entre la matemidad y lu 1 '""l intelectual, entre la maternidad y la ciudadanía, entre la maternidad .Y t•l hu¡u Modelo inestable y conflictivo puesto que, si bien se reconocía la capacidnd 1 '"'llci6n de las mujeres por la educación, la ciencia y el ejercicio de determi Jll olbHiones, se suponía que "naturalmente" podían ser s ubyugados por l'l lll.tlc•mal", salvo excepciones. Las científicas o las mujeres dedicadas a unu "'("1 no eran consideradas "desnaturali zadas" sino "excepcionales".4' 1 •OH alcances y límites de las reformulaciones llevadas a cabo por las fe m tlnl cuncepto y las prácticas de maternidad también pueden observarse en lo11 '"" «'Htablecidos con el cuerpo femenino, la capacidad de gestar, parir y amamnn 1 " lllaternidad, entendida como una actividad formativa, educativa y política .v 111111 actitud moral sólo podía ser ejercida por muj eres. Esta exclusividad preH í•l «'tlürpo pero lo sobrepasaba. Para ser madre no era necesario parir hijos pl'l"l! ""''IIHm·io ser mujer. La capacidad de maternar era femenina pero iba máA ufld thJH pr·opios hijos y su familia. En realidad, pretendía ser ejercida por las 111 ,f.,,.d<' el Estado. J•;Htas perspectivas no er an compartidas por otros sectores incluidos en el d 11 turno de la maternidad. Como vimos, los médicos insistían en el carácter h ''' dP los sent imientos maternales a punto tal que consideraban una amenu;r.n l'i 1\ Moreau, "Feminismo e intelectualismo", Humanidad Nueva, t. 111, 1 y 2, 1910, p :.!ti 111 Vc•uxp S. Justo, "La mujer y la política", p. 25. 11 \ "IIRc• A. Moreau, "Feminismo e intelectua lis mo". ' lln1111nismo resultante 245 111111rnuntamiento por parte de una nodri 7.a. Recién a fines de la década de 1940 la 1 qwnti na tendría una legisl ación de adopción de hijos. También generaba debates y • •111l radicciones entre las propias mujeres. En el 1 Congreso Femenino Internacio- '' ti , organizado por la Asociación de Mujeres Universitarias Argentinas, algunas J1••1 li cipantes no estuvieron de acuerdo en impulsar la fundación de Casas Materna- L t dirigidas por mujeres laicas y educadas. Sostenían que, de esta manera, se in- ' o•11Livaba una "inmoralidad": a saber, la crianza y el cuidado de niños por quienes 1W oran sus madres biológicas. Desde esta perspectiva, sólo éstas podían y debían • 1111r a sus hijos. Sin embargo, en las declaraciones generales del congreso, la mayo- •111 apoyó la fórmula acerca de que toda mujer es madre natural de todo niño. 42 A pesar de presentar importantes contradicciones y tensiones con las ideas y practicas dominantes, estas reformulaciones o intentos de reformular la materni- cllld tenían sus límites. Por un lado, el replanteo de la mat ernidad fue exclusivamen- lt • político. No se basaba ni se proyectaba (salvo excepciones) en un cambio de las 1vlaciones sociales establecidas entre madres e hijos, de las prácticas aprendidas y 1 I'Unsmitidas para maternar. Si en el plano político se pretendía llevar a cabo una cl••sbiologización del vínculo maternal, esto no se basaba ni repercutía en un intento dr transformación de las relaciones sociales, culturales y biológicas con lu:s hijos, t'tl ando éstas existían. Por otros caminos, se reforzaba la maternidad como una prác- tica privada, privilegiada y femenina. En otras palabras,_ la extensión de la materni- dnd en el Qlano poUtico..n.o s.e co.n:espondía con una extensión social de la materni- dad, con una "maternidad_sociaJ", que habría implicado redefinir colectivamente la_s mlaciones y pr:ácti_cas mat§:.nales. los trabajos domésticos. 43 En cambio, excepto en nlgunas pocas utopías de izquierda, no encontramos propuestas de reformulación Hocial de la relación madre-niño dentro de la familia nuclear. Sí, en algunos casos, l'ue considerada beneficiosa la socialización de ciertos trabajos domésticos pero, pre- t'ÍRamente, para que las mujeres pudieran r econcentrarse más profundamente en tl He vínculo con el niño. Alicia Moreau analizaba las transformaciones del trabajo doméstico en los "hogares" desde los pueblos primitivos hasta s u presente. En esta "ovolución", las mujeres habían dejado de realizar muchos de ellos: construcción de lns viviendas, fabricación de la vajilla, elaboración del pan, confección de la ropa. l•)sla disminución de las faenas domésticas continuaría con la organización coopera- tiva Y Paralelamente y a medida que avanza el período estudiado, nos encontramos c·on la retracción de cierta socialización forzada de algunas tareas domésticas y ma- IC'rnales, determinadas por las condiciones de existencia (por ejemplo, la vida en el l'onventillo). 1?.. 1 Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, Historia, Actas y Trabajos, pp. 'Wí 219. IJ 'lbmnmos el concepto de Beatriz Schmucler y Graciela Di Marco (1997). Las autoras sostienen lfllll fundnmonLnlmonLo In maternidad se reformula socialmente a través del tra bajo colectivo. Se lu vw•l Vtl puhllt·u,iu• 11111' 1\llllformn t•n un problema de la comunidad, se compromete la s olidaridad 1· " ' ' "1"''" tll 1•:Nt .- ulu "'' 1¡: cuil ' ' Hi hinll incorpora elemcnLos del "cuidado de l otro" de la llc11l•·mulud tc .ullt 1u11ullu "-,.J¡.-.,do· ,tpu•c·l. oc lolu "lllifllnmi!1nlo (in "privncidnd") y la devaluación do In '""-''1' ¡ll,líH r 111 1111 IH Vt1¡11H1 /1. 1\!HIIulll   1111 l¡¡ 11\llillll ¡,·,., llii!'Íc cl " 'if¡ Marcela Nari 11 1 H<· muntenía y reforzaba la organización aislada y privada de la maternidad y In e ''''"liS que ésta implicaba sólo podían ser ll evadas a cabo por muj er es, resultaba IIIIIY dd'1c illa propues ta de compatibilizarla con otras ocupaciones y deseos. 'd¡•llr lnH dificultades con respecto a las actividades intelectual es. Mucho mayores 1"111 11111 l:ts que se presentaron con el trabajo asalariado puesto que se sumaba, en la !IUI\"rrr In de los casos, una situación de explotación, leída frecuentemente desde el jrllf 'IHIIJ!JlHt de la "degen eración". Efectivamente, desde el feminismo muchas muje tül! liiiiiPnlaron y denunciaron los efectos que determinados trabajos ln11d11Hn sobre la capacidad reproductiva femenina y fundamentalmente sobre '''"'POHición del "hogar", entendido como lugar propio de la mujer donde ella ejercíu II H utlluoncias y su política. De acuerdo con Gabriela Laperriere, la mujer que tra lo.qnlul rn su casa era mucho más feli z que la que lo hacía fuera, puesto que la '" 11111'1'11 "puede criar a sus hijos con su leche, trabajar aliado de la cuna, vigilar lu • 111rrtr ln del esposo ... cuyo carácter no se agria, al encontrar a su nido caliente, forzo il lllt •ntp más cuidado".45 1•:11 pnrtc, nos encontramos ante los límites de una reformulación de la materni ll11d q lit• no modificaba ni cuestionaba profundamente la división sexual del trabajo. IJ 1111111tuvieron y reforzaron muchos supuestos con res12_ecto a la "naturaleza ma lnruul" de las muJe.r:es. Los deseos, sentimientos, valores y moral femenThos quedn 1 '"' li11Hiidos en esa "función". Las madres continuaron percibiéndose como provc!' u/f.duosas de la familia y a los padres como proveedores económicos.fucRo dr 1 pnii HHmiento y las prácticas de la izquierda política (fundamentalmente el socitl ft•,lllu y <'1 anarquismo) en el feminismo de las primeras.décadas del siglo hizo gue o) 11 i ri iHJU usalariado femeni no difícilmente pudiera haber sido C'Oñsi!f_grado, sin m:ú;, 1111 c'111111no de liberación. Efectivamente, en su inmensa mayoría, las mujeres ínA!'r· í 1111 1•11 ol mercado de trabajo se hallaban en situaciones de explotación, aun nu\H H'""''H que las de los obreros. I'Pro n las feministas no se les escapaba el costado económico de la dependcnc'lll '' '"'"""'H, incl uso frecuentemente considerado fundaci onal. Por ello, los Iament.oH .Y l11 •1 dc11H1ncias se superponían a tímidas defensas de la independencia económica du l ill, lltuwres, sólo posible a través del trabajo asalariado. Al respecto, Carolina Mu:r,¡,j Ji j rltruruhn: -- ( La emancipación económica es la base de toda emancipación. Algu- llltH mujeres, bien intencionadas, por cierto, recordando esto, aconsejan a uquollns que desean obtener una relativa independencia, se aseguren 111111 profesión que pueda darles libertad económica y, por lo tanto, liber- lnd do ucción. Son estas ideas un tanto egoístas. Y las mujeres obreras, /,('Óillo asegurarán su independencia?46 1 1 ;1cwl i Y!lll\cn te, los salarios "complementarios" de las obreras (in ferio ro.'! (l ll u \tJ 1'"' <·wnto n los percibidos por los varones por igual trabajo) no leA nAog uruluan nin¡:1tr111 flOHibilidud liber adora de independencia económica. EHto no quiPI'I' dc<c'tr lfi ( ¡ f ol lfll!llli·t 11 1 1•111\ /1111! IHI•JIIf -111 fl "'' Ir \ liiiiJIIII!i/tll /111111   f!li(l f' I'I•Mr.¡¡ El femini smo resultante 247 que todas las muj er es tuvieran que t ener el salario de un varón para sobrevivir. Por el contrario, como veíamos, existía un alto porcentaje de unidades domésticas con muj eres como jefas. Pero el costo era la mayor pobreza y explotación. La perspectiva podía ser un poco diferente para mujeres profesionales de clase media aunque, aun así, fueron pocas las que en esta época lograron o desearon mantenerse solas. Las feministas intentaron transformar, antes que cuestionar:, la división sexual de t areas en el mercado, la entre traba.Jos "feme!!-inos'' y '' mas-:fulinos":-A diferencia de otros que defendían la división "tradicional" (en la que sólo las tareas domésticas y de cuidado de los otros eran r eali zables por muj er es), éstas cambiaron su percepción de la femineidad y masculinidad de ciertos t rabajos. Obviamente, en la mayoría de los casos, se t rataba de "profesiones" vinculadas a una capacitación intelectual. Por ejemplo, las que habían estudiado y ej ercían, varias entre ellas, la medicina: Pues si la ciencia del médico [ ... ), estriba en el conocimiento del tem- peramento del enfermo, edad y carácter, la mujer con su maravilloso sen- timiento de individualidad puede emplear en el tratamiento delicadeza y penetración y un arte de dirigir los ánimos que nunca t endrá el hombre. Las enfermedades nerviosas hallarán en la mujer un adversario podero- so, porque las conoce. La mujer, asistiendo a mujeres, disminuirá la mor- talidad de éstas y de los niños. 47 Durante estas primeras décadas del siglo XX, las defensas del "dorochn a trnhn· jar" por parte de las mujeres son escasas. Más raro aún, resulta c'ncnntnu· com'tlp ciones acerca del trabajo asalariado como beneficioso pa1·u ln mo!'l\1 do luH muJ m'!1H, n excepción de los casos de moralización de prostil ..utns o dclinnHinLPA. AdNil.lf.. dt• 1.111 inquietudes vinculadas a la eugenesia, entre las femini HlUAl on eApociullnH Huciulis- tas, también hallamos los temores de que el tra bajo de las mujoros en el morcado hic1era bajar, aun más, el nivel de salarios o la ocupación masculinp.. En su mayoría, l as feministas apoyaron la reglamentación del trabajo asalariado \ femenino, en especial el fabril, demandaron el reposo obligatorio antes y después del parto, la licencia maternal paga, la implementación de salas-cuna y guarderías en los lugares de trabajo. En estos aspectos, sus voces sólo constituían ecos de las pro- puestas de muchos otros sectores r eformistas, católicos o socialistas. Sin embargo,- fue sólo dentro del feminismo donde pudieron escucharse algunas voces disonantes. Al respecto es interesante, y excepcional, el debate generado entre Fenia Chertcoffy "una feminista", presumiblemente MaríaAbella, en las páginas de la revista dirigi- da por esta última, Nosotras. Chertcoff y, en parte, la subdirectora de la revista, Justa Burgos Meyer, defendían el programa y accionar del Partido Socialista, en relación con la emancipación de las muj eres. La "feminista", en cambio, como veía- mos a ntes, dudaba de las r eales intenciones del partido, de su compromiso sincero con la causa femenina y, específicamente con respecto al trabajo femenino, cuestio- naba su posición regla mentarista y prohibicionista por entender que ésta sólo ter- minabn po•:iudi rnndo n lns mujeres al cerrarles, dificultarles y aumentar la discri- lltiiiUI'IÓII 1111 nl llcTc!lltl .Y pnrmnnoncin en el mercado de trabajo. IIIIMiíl', 11 1 !1! '. 1 !11 1'1 Jlt " i:t 1111111 dd hu 1 iolu r" !i i 1 d 1 L! 1 \' l ' í 1 "' 111 1 H IIIII N jll nll ilu, 111111 1 1 11 i t lllllljt •t • y lllll)llllio 11-Íillt 1111¡1 111olo IJIII 1111 llll ' lljltlll'll ' IIJIIPMIIIII 1'1111 1'1 1!! f lt ' ltlu t¡IIP du•p ' Jllultlilltlllll dt lt, , tflt t¡lllt In lltii,JIIf' doudn t¡llil'l'll l jlll' Ju•ll¡p., Htl Mlt ltHI o llltlr'HIHiud" ltii .Y fll ll 'll C'l'l 'r•m· luH fHWrl t iH clp lu lltdlllllt Ja 11 In 11111jcr. 1" • 1! 11 l'i'Hfiiii' MI n, fi'cnia Chertkoff afirmaba que esta "feminista" hablaba co111o lllflll ulr11H "d<• V' rancia, Inglaterra y de los países escandinavos" que se oponfun ,, l11 r "l:luuu•nl.n<'ión del trabajo femenino en nombre de la "libertad individual y lu i¡¡11.dtlntl dt• loH Fwxos". La s ocialista jus tificaba la reglamentación y determinad uN JllulllhH·HIItNI un la, a s u parecer, innegable "debi lidad física" femenina y en la "im f111.11hdllfttcl do algunos trabajos para las mujeres" (como el de herrero, carpintero, ll llltlll d, IIIÍIWro). 8n cuanto al trabajo nocturno, si era pe:tj udicial para el hombr•• 111111 lo'"'IIHÜn pura la mujer que tenía además que realizar las "tareas de dueña d .. 1'.1•111, ••HpnHn y madre". Y finalizaba: No creo que deba temer se cierren )as puertas de la industria a la rn11jt•r· por la reglamentación del trabajo. En Bélgica, el número de obre- I 'IIH no disminuyó al suprimirse el trabajo nocturno. Aumentaron las tra- IHUadoras diurnas. Además, las mujeres no serán despedidas porque, como HHtlvcra la señora S. Webb, las mujeres son irremplazables por sus cuali- clndcs positivas. 49 1 l1•fnlli de las posiciones de la autodenominada "feminista" latía un cuestiona- llllnnln hacia la división sexual del trabajo en el mercado. Cuestionamiento quepa rnt' fll lliHii l<'gftimo especialmente para las jóvenes educadas que buscaban trabajo. Mof! t•H mn.-; larde, presumiblemente, MaríaAbella sostenía: r No puede ser que se deje siempre exclusivamente para el hombre las l . (H'olosiones y carreras, es decir, el medio de adquirir capital y el derecho dt• 1-{llstarlo y que se dedique a todas l as mujeres a ser eternamente las humildes y gratuitas servidoras del hombre. La división del trabajo no 1 debe hacerse según el sexo, sino según las aptitudes de las personas y en h"biendo inclinación, tan bien sientan al hombre una espumadera o una como a la mujer un título de doctora; tan injusto e impropio es poner en la cocina a un ser inteligente e ilustrado, sólo porque sea mujer, / mmo serya 1\arle un ministerio a un patán, porque pertenezca al sexo fc;n unu de las secciones del I Congreso Femenino Internacional se debatió acerca tf, · In l'onvenicncia de acortar la jornada de trabajo de las mujeres en las fábricas, 114 "l)¡u11i•111inis ta: carta abierta a la Sra. F. Cherkow", Nosotras, año II, N° 39, La Plata, 1903, p. U1 1!1 '( '111 f11 11hit•rta de la Sra. Chertkow", Nosotras, año II , No 40, La Plata, 1903, p. 404. hll " l ,u c•dut' .m·ión de la mujer vista por diversos prismas", Nosotras, año ll, N° 54, La l•pli07U01i e ·· inl utll "111 ptH 11! 11111 orj 111" lli l ! q¡lit li lt[' i 110 l'lil.l itll 11111 t' ln 11 11111 1011 d\' In ll•y 1 o l1t• 1\lljlllllllltltHitlll 11 lt \' 1!1' l't nlul r. lll,,tlll lllllrt i'd"l 't ll q111 • ln Jnrnmla tl o lrubujo de las lillll"li 'H ohr i'I'HH 1111 IPtllltlluhu 11111111111 Mttlll tll clt' In fi'tbrica. Las tareas del hogar, el lltd¡¡do d" hqo14 y litllll'llt' llllt • clcblan ser considerados, aun cuando los   no Jo huhH•ntn lwdw. Hin embargo, la mayoría no votó tal proposición. j1: tvira HnwHtll1 so10tuvo que no e m conveniente pedir consideraciones especiales para l11 lttujcr: "Desde el momento que gestionamos igualdad de derechos cabe aceptar IHIInldud de deberes". 6 1 IJna posición igualitaria, con respecto a la licencia maternal, fue defendida por Mnría Abella. Pero, a diferencia de lo ocurrido con la duración de la jornada de l1'11bajo, quedó en minoría en el congreso. Abella votó en contra del descanso pre y ¡ulHparto con goce de sueldo completo, argumentando que tal proposición terminaría wndo perjudicial para las obreras puesto que los patrones las echarían o dejarían rlP darles trabajo al resultarles más caro que tener obreros varones. Así, la protec- r¡ón se tornaría en discriminación. En realidad, como ya habíamos adelantado, muchas de estas posiciones y estra- tegias que hemos denominado "feministas" no incluyen anarquist.<!J Obviamente, al rechazar la legitimidad del Estado no reconocían ni, participaron en la lucha por obtener una legislación laboral. El problema del trabajo lo menino, como el de los varones, se solucionaba a través de la lucha revolucionaria y la organización en sociedades de resistencia. Esto no implicaba, un desconocimiento dentro del anarquismo de la opresión de las mujeres, ni mucho menos. Más aún, sus posiciones más vinculadas a los "oprimidos" en general, al "pueblo", que estrictamente a la clase obrera favorecieron perspectivas más radica- les en planos más allá de la explotación económica (como el de la sexualidad), al tiempo que además permitían ciertas visiones de la liberación femenina menos en- cuadradas en la lucha de clases. Si bien la maternidad será un faro compartido entre quienes luchaban por la emancipación de las mujeres dentro y fuera del anarquismo, el cuerpo femenino aparecería además vinculado a la sexualidad, al menos dentro de algunas perspecti- vas anarquistas. Durante estos primeros años, emergería una visión de la sexuali- dad femenina más ligada al "peligro" que al "placer", a los padecimientos y la explo- tación que al goce y al derecho personal. Aun desde esta posición victimizada, la sexualidad era un tema tabú no sólo para la sociedad sino para gran parte de femi nistas de la época. Como vimos, la educación sexual no era sino maternología. Algunas ana_!9.uistas, en cambio, colocaron este tema como debate púbhco puesto que entendían que tanto en el origen como en el mantenimiento de la opresión feme- nina la sexualidad jugaba un papel fundamental. En la "prostituta" y en la "madre soltera" seducida, engañada y abandonada, se expresaba al quintaesencia de la sub- ordinación femenina: la "explotación sexual". Las anarquistas no negaban la explo- tación económica de las muj eres por el capitalista. Sostenían, incluso, que los pro- pios maridos explotaban económicamente a sus esposas. Pero iban más allá. La sexualidad permitía saltar las clases sociales y las relaciones de producción econó- 51. 1 Congreso Femenino Internacional de la República Argentina, Historia, actas y trabajos, p. 427. 250 mi cas. Todos los var ones explotaba n sexual y amorosament e a t odas lul'l Más que en ningún otr o análisis contempor áneo, entre las a narquistas en la búsqueda de una "especifi cidad" de la opr esión femeni na que en su muy caban en la sexualidad. En un artículo denominado: "Amemos? no, luclwr pita Guerra aconsejaba a las jóvenes a narquist as: Per o no, niña, no se lo digas [ .. . ], porque él creerá que eres una locll [ ... ], y lo contar á a sus amigos en la calle, en el taller, en el hogar, en y entonces, ay de ti! niña ... Oculta pues tu amor [ ... ], ocúltalo cual si fuPII un crimen! .. . Hazlo todo, todo, menos amar hast a que te amen, ¿salw•'f porque nosotras no somos ser es que puedan y deban sentir hasta que nu1 lo permitan .. . Si no queréis convertiros en prostitutas, en esclavas sin voluntad de pensar ni sentir, no os caséis ! Vosotras las que pensáis on contrar amor y t ernezas en el hogar, sabed que no encontr aréis ot r a COKII que un amo, un señor, un rey, un tirano.ú 2 Pensar la subordinación de las mujeres a par t ir de la sexualidad conducíu 1 menos, a dos conclusiones. Por un lado, todas las muj er es eran oprimidas, las burguesas (aunque esto no se tradujo en ningún tipo de alianza política), lado teórico al que ta mbién conducía la identificación de lo femenino con lo nal. Per o, por otro lado y a difer encia de la maternidad, la sexualidad menos, la posibilidad de un campo de conflictos mucho mayor con sus propime pañeros de clase e ideología. Est e interés por la sexualidad no oscureció a la mat ernidad dentr o de la11 quistas. Sus pos iciones aquí se acercar on y separaron constantemente de cepciones hegemónicas. Como para el rest o de las feminist as, la maternidad baba en l a r eproducción saludable ni mucho menos. No fal t an exaltaciones a lla" experiencia de la maternidad aunque, a renglón seguido, hall amos los mientas y gast os producidos por el hijo, el hij o no deseado, otro t ema t abú. cuando aceptaran que sólo condiciones excepcionales podían conducir a una no desear ser madre, esto quedaba planteado a pr incipios de siglo. Sin dudas, ¡¡ lo que abriría las puertas par a los reclamos de "mat ernidad consciente" y de ce de la natalidad de la década de 1920. Sin embargo, junto a estos desvíos, la ma ílad también fue consider adala"base" del "poder" femenino, un poder sobre hij os, un poder para transfor mar l a sociedad: Tú educar ás a los hijos de ambos sexos, en la idea [de] que el trabaj o no es ni santo, ni de deber, y que éste sólo es necesario; los educar ás en el principio de una digna independencia, tanto como te será posible, respec- to de los demás.r' 3 Las anarquistas, en tanto madres, debían educar "correct amente" a sus hijas como hombres y mujeres libres. No debían t ransmitir los valores de la fi2. PnpitA Guorm, "i\mnmoH? no. luchmnosl", La Vr1z dr•ln Mtr.fr•r, ru\o 1, N• :.!, :11 dr, fi iHII'Il tl t• 1 'i:l Aun M.ll i ul\llll/.UIII, "A lu·t llllldl.ll'hll·l t¡ lll' 1111 1111111111 , 1" c;u ... ,,,.,, ....... lodo •1111111•' ,.,,,.,, 11111/t·to'" itl.;io"l" al r IIIIHI 251 ' Aquéllos y aquéllas debían apr ender a odi ar las desigualdades sociales y ipu do autoridad, despreciar el dinero y la moral burguesa, no creer en Dios ni ¡i¡!l ti u. Por el contrario, debían apre nder a amar la igualdad, la libertad y la Httlud. Debían amarse libremente, varones y mujeres, y así éstas ya no ten- o¡w• lcmer ser titul adas de "adúlteras, ni prostit utas , porque no se reconocerá ltot111hre y la mujer más que unos tantos seres humanos que necesitan el goce lli pllt'!l el desarrollo y conservación de sus cuerpos". 54 lo· lt• minismo de principios de sigl o, entonces, r,clorz_ó -incluso en su intento de tnllllldón- una Identidad femenina vinculada a una maternidad. Intentó refor- · 1 l.t podemos ; ituar sus   corñ'o sus A olto l'i crtos matices y excepciones que dest acamos, el feminismo local no desafió 1•111111 sexual del tr abajo. Más bien en lograr una complementanedad ,1 y de género. Detrás de la primer a) se_!¡.allaba l a heterosexualidad,. entendida 111 única forma "natural" de la sexualidad que, por lo menos para las mujeres, woutl mba muyuniCla a lareproaüéción. La complementariedad de géner o supo- "''' uposición armoniosa y equivalente entre "l o masculino" y "lo femenino", que ,¡,, 11d.iLudes, comportamientos, sentimientos, valores, difer entes, en gran parte t11clus de la división sexual de trabajo; competencia-altruismo, razón-sentimlen- Per o esta complementariedad fáci lmente se transformaba ll'lilfliiHldad puesto que los t érminos de la oposición operaban en una sociedad lo,. vulorizabajerár quicamente y, por lo tanto, ofrecía distintas (desigualc5) opor- dudoH a sus portador es. lo111 111tentos de reformul ar la mater nidad necesariamente conllevaron replan- " t tlporcutieron en la paternidad. Aquí también se asumier on algunos funda- t i mi dl' l modelo y de las prácticas t r adicional es, mientras que se pretendí a trans- "" otros. Estos replanteos se apoyaban en, y profundizaban, una verdadera ¡,.,,,,lolu paternidad", es decir, de una forma cultural y socialmente determinada 11lo•tHicr y ejercer la paternidad y de una forma de or ganización de l a famili a lrtllt't'll l. Como vimos, gran parte de la "autoridad paterna" y del lugar del padre tl•lación a la educación de los hijos debió resignarse ante las transfor maciones lll•t'mlómicas y políticas del siglo XIX, aunque no se trataba de un pr oceso unifor- id lllWnLo de cont r adicciones. ""'' f'mninistas fuer on plenament e conscientes de esta "crisis de l a p temidad". u 11 11 11 loctura evolucionista, Alicia Moreau, por ejemplo;Percibía Ía p _ · e IIIÍI!It•r Hogrado" de la autoridad paternal y la exist encia de un poder superior al lpndro on las sociedades contemporáneas: el Estado que se infiltraba en la fami- 1 v dl'l!tiluía a su "magistrado", y la "gr an industria" que había dispersado los ' 1"'''\oR talleres y le había quitado el rango de "pequeño patrón". 55 Frente a estas itPt lummcionos, muchas feministas experimentaron sentimientos contradictorios: t 11 11 l.tclo, ln pérdida del poder paternal implicaba o posibilitaba la "liber ación" de ii1J • • (mujeres y niños) pero, por otro, fieles a una ideología intimista 1 lwg• ll , rect>lnbnn de toda intromisi ón política o económica. Adoptaron , por lo l ¡,,tlijtl \'\11h•l11.   1•tlllr11cl b11• 11 11 VIIIIMIII>H Váz di' la M11jer, N" 15, 15 de mayo de lllitil V!'lil"l111 Mr•ll'llll "1•11 l'luulnllllll•t11U lo1 I'V!IIIlfÍto!l fi :111 t•n • l 11 11lo, pm:;iciont•s ambivalentes. cuestionar la divis ión st•x unl dPII rul lii.J n, Mo1d 11 "''' 11111 que l' l deber del varón era proveer económicamente a lu unídud domi'HIIt 'll l•: ulu lnreu era entendida como parte constitutiva de la vi rilidad: Las exigencias de la sociedad actual han quitado al proletariado, el orgullo del sexo más fuerte, esa satisfacción de proporcionarlo todo a los seres que ama. 56 Jt'rente a est e involuntario abandono económico por parte de los padres, las nl tlns demandaron a l Es tado que se hiciera cargo, que suplantar a también en ohltgaciones a l padre, al menos t emporalmente, a través de subsidios y primas. 1 .d¡lunas, las más radicales, esto sería beneficioso para las mujer es puesto qut• tlnpondencia económica se despersonalizaría, y el rol del Estado no era pen¡¡¡ dc•¡¡de la caridad sino desde !a justicia: ellas le daban s us hijos, correspondiéndolt• mmbio bienestar y derechos. Ante el abandono fisico y económico vinculado a Il egitimidad y, por lo tanto, supuestamente voluntario, las feministas exigieron u l<•y de investigación forzada de la paternidad. 57 Finalmente, la defensa de los débiles y la denuncia de la opresión de las muje por parte de las feministas, también conllevaban r ecortes a la autoridad paternal acentuaban esa "crisis de la paternidad". En defensa de los niños, estas mujc t'Ons ideraron que los varones violentos o alcohólicos no podían ejercer la patria toHLad. Por la liber ación de las mujeres, las demandas de derechos desplazaban del padre como eje central de la familia. Por otros caminos, con otras intent:m tWH, las feministas apoyaron y r eforzaron un lugar clave para la mujer dentro dP 1 fiuni lia moderna. Tanto desde la perspectiva de "vigilancia" y control de las cluHu populares como desde los propósitos de otorgar mayor poder a las muj eres, IIJ:t•ntes subordinados o sujetos autónomos, la mujer-madre era el centro deseado lu unidad doméstica. A diferencia de la maternidad, la paternidad no era definida a partir de los H lli\li cmtos sino de la presencia (a veces, abusiva) o ausencia de poder, del recon nllt •nto jurídico y de la manutención económica de los hijos. Además, la paterni ·H Ili on se hallaba incluida, no rebasaba la virilidad. Lo viril, l o masculino, se vi 1.1hH más a la sexualidad que a la r eproducción, al trabajo más que a la familia. t'e::mlta bastante aislada, aun dentro del feminismo, la posición de Raquel C: 111111111 quien, sin renegar de la diferencia sexual, consideraba que "el más human ttlc •t d dol hombre, es ser padre; el más humano ideal de la mujer, ser madre". 58 1 ,u "crisis de la pat ernidad" no implicó la desaparición de la autoridad patcrnul 111 de • In fa milia pa triarcal, mantenida tanto por los códigos como por las costumbrt ·\1 uliHnH> tiempo que las r egulaba y en parte las recortaba, el Estado moderno gn r•uc i111.u 1111 poder al padre y las relaciones asimétricas de poder entre los sexos. Dtt dot•l l•:Rindo, la politización de la maternidad, que las políticas de maternida d impll •11 q l,lljll•lo ii'l••.l\lllttllltu¡ut • Ln Van¡.:uw·duc Jl"m 1904, p. 21. W \'olu Mol 1\ Murcllc , /'cJC /u Ntlllld t/¡• f, nc ·a p ? /t i 1(. 1\ oi!llll.o /', ""l!"lf'" p '''' 1 1 itt l tllfliHII!IIIIIItlill.tlli1J ' 111111, no tmfu ll pll l't'Jildu um1 mayor libertad o derechos para las mujeres . El "bino- "'"' madre-niño", la afirmación de la madre en la procreación y el hacerse cargo de ¡tn tl t• de la educación de los hijos , no fueron pensados para otorgar un poder domés- !ko, mucho menos político, a las mujeres. Más allá de algunas intenciones indivi- y de los resultados prácticos, se consideró que facilitaría la penetración del ¡uul<' r público en el ámbito doméstico. Las propuestas feministas mantuvieron mu- ' hoH elementos tradicionales entremezclados con otros emergentes. Entre estos úl- IIIIIOS, muchos de ellos, en sus formas más que en sus contenidos, parecían reforzar l111 transformaciones que se operaban o pretendían provocarse en la sociedad. El tlllllcrnalismo político, que pretendía liberar a las mu'eres transformar a la soae:- tl.cd y a s a o, ue mue o más   repercu 10 11111Cbo menos en l as vidas_de las mujeres, en la sociedad y en y además l11c una alternativa que muchas veces quedaría entrampada reforzando laH pro- pii<'Stas de sectores que tenían objetivos y fines antagónicos. ••. La consolidación del maternalismo político Ya desde la sggynda década del siglo XX pero fundamcntalmcntt• u purtu· dc•l fin cl c1 la Primera Guerra Mundial , el sufragismo comenzó a cobrar fucrzaA don!,ro dol IPminismo local. Prueba y resultadO de esta t endencia fueron las diversas organiza- ' iones feministas que emergieron o ciertas empresas como la de realizar una nt osta feminista Pocos años antes había sido sancionada la ley de sufra- ¡¡ io secreto y obligatorio para los varones adultos. Contemporáneamente, entre 1918 y 1945, las mujeres obtuvieron derecho a votar a nivel nacional en igualdad de con- diCiones con los varones en cuarenta y seis Estados. El primer país latinoamericano •lll reconocer la ciudadanía femenina fue Uruguay (1932). Lo siguieron Brasil y Cuba ( 1934), República Dominicana (1942), Guatemala (1945), Panamá y Trinidad y To- lu¡go (1946). En este contexto, la discriminación establecida por el sistema poiítico 11rgentino pasó a ser inadmisible para algunas mujeres. La ideología hegell].ón;Lca en torno de la maternidad, la femineidad maternaliza- cla, dejaba pocos espacios para defenderla posióílidaá de las mujeres a educarse, lmbajar o a partic1par en cualquier "espacwpúblico", sin tener que hacerse cargo de 111 maternidad. Y no sólo porque se considerara de manera generalizada que "ser u1adre" era la "función natural" de cualquiera y toda mujer sino porque (y si no lo .tnl.crior hubiera sido impensable) la maternidad formaba una parte fundamental tic• la experiencia de vida de las mujeres. Las primeras políticas del Estado que ul!nrpelaron a las mujeres fueron en tanto éstas eran madres y no individuos o rtudndanas. Como puede apreciarse en el análisis de la Encuesta Feminista Nacional realiza- •l.t 1111 1919 por Miguel Font, un abogado y "publicista" prácticamente desconocido, 5 9 ,.¡ pnnsumiento femini sta local continuaba basándose y reforzando la idea de una dtfl•roncia natural entre varones y mujeres, sobre la cual se apoyaban los r eclamos ,¡, , t¡.¡ 11nldud legal , política y socioeconómica. Mujeres y varones no eran "idénticos" 11 fl!i¡IU>ll l•'t•lll ¡,, llllt/lll' /i •IIIIIII Hitiiii }II'II(ÍIICI , Buenos Aires, 1921. ltlll f' qll i\•¡ tlf•ltll llllll.tlt , liJ ifl tllll¡ u¡ ltllttlt'llo¡,. 11111 1111- f U•¡'ill{l l .. lrn rl t!l !l 1111_' 1 ¡j lll ' iiiH f 1 11111 lt llil111 11 i1 1111 '1 tf 1 1 f1t 1 11 lllj 1' 11 "1 l t' tl11 , 111 11 d 11 111111 lf 111 i lfli 11 U li 11 l111f ti jllll ' ,,,, \ tllllllfl l 1 ¡if 1111' 111 IHII'I II' lllll "" l t l/1 llli'II ' II •H 11 1 1 Mf1111111:1 IHifilll •J lili l. dtlt 'l' ln 1111 In 1 tll11·11 11 Lt HUC'tl'll.ul pnl .d, ltnMII tl tt 1.1 11 Lt t•\ plnt f! ll l'll ) ' 111 Jlllfllt' :l,l l Lil Mlllljlll • l lldttMitlll tlt • l llH IIIIIJI' I I'H llllf111 i tlllli ' lll<• 111111j l t tl HI H' t11d 11 d tri _I\I H!n 1,/IH • 11 JWHIIi el" HIIM d¡/( q I'II<' IIIH "' ' IPn¡:1111H 1 1, ' tl!.fi H ', Pdll!loN, dHNI' N IWt'llll<•,o;, c•t'llll hunwgPJHIÍ:t.lldu¡.¡ pm· rllfHiruf,llf n VI l y IIIIIOI'IINII. Ln llllltl•r·nid,td llfJHn•rw p tll' ll lus l(•mliiiHtuH ( l l.'·U !'Oillo, luu 111,,'11111 ll i• ntinu; i-. us) c•n aquollo que tlilor<' nciuhu u laH el<' lo¡.¡ vn1mu• llo q11" Ullilkubu a la.'! mujeres diferentes entr·e sf. La contrulidnd dt• ln 111111 •J II col P<' llHi unwoto feminis ta y anLifemi nista fue un punto confliciJv, p .-,f,líg.dul 11 lw; f<'minis tas a reformular necesari amente la piedra que hubiu " ' ' ' VIH romo anclaj e do la subordinación pasada y presente. Ln "cut•sLión maternal", entonces, no estuvo reservada al feminis111o l'or 1 runo, dos do otros espacios se presentaron propuestas, norma tivas y poi¡ 1 l!'lt '"'dns como tales o no): el Es tado, la corporación médica y las sociedadt•H ¡J,, ,•: ,, nn nlgunos casos, estos espacios coincidían y se influían, en otros se (•nfrn l.n1 li •minis tas aceptaron e intentaron reformular la "politización" do l:1 11111 v. fllll'll oli o, interpelaron al Estado y frecuentemente confluyeron con "'"H dP caridad y médicos. Las feministas no cuestionaban que la matcrnidud 111 111 "llli.'l ión natural" para las mujeres (con lo cual coincidían con amplios .Y du·lm·ios espectros ideológicos). Pero, fundamentalmente, era considerada lllllt ,.11'111 social" y para incluso, una "posición política":-Como sostenwnw atrás, precisamente porque las mujer es eran madres, no podía privá dnr'l'cho.q civiles, sociales y, en la tercera; cuarta década del siglo, la poi JI ica se tornaba cada vez más cuestionable. Pero los derechos no sólo, n. Jllllll tente, eran pensados como "individuales". Los derechos no sólo cambi vuln de las mujeres al volverla más "digna", más 'justa", sino que se pensaba q 1 r·ttv(lll de ellos, se transformaría la sociedad. Las r eformas legales eran visltUI t' lllno un medio para un cambio más radical, más fii ii'H la construcción de una sociedad diferente y justa donde varones y nt r•ont•nuarían siendo diferentes pero La excepción a estas lñácticas .Y pw•st as seguía estando representada por las   Pa ulina Luisi, feminista uruguaya con una militancia significativa en u orillas del Río de la Pl ata, sostenía que el propósito del feminismo era ... hacer de la mujer un ser completo, desenvolver sus capacidades inte- lectuales y volitivas [ .. . ]; darle el sent imiento de la personalidad, ense- ñarle la libeztad [ ... ]; darle conciencia de su valor social y de las conse- cuencias que entraña el ejercicio de la libertad frente a la colectividad en que vive; libertarla económicamente [ ... ]; libertar el sexo de la esclavitud que las costumbres sociales han anexado a la maternidad. 60 Así, las feministas er an plenamente conscientes del doblez de la ma ternHlnd liO Cilado por M. Font, La mujer. .. , p. 37. 11 lollllllll l\1111 111111111!1111<1 dlltl'lll pttr 11 In ltltl' ll ul: \'n ltll>l< t ""'" lu opn•Mton. t•: n gvnerul coincidían en ol ulii H luH condimn11 11t1 1111!1 111 t1tl 11H y pH!quicu:; el e• roalización vigentes, aparecía más lll!' til nda a la "escluvi tud" y al dominio que a un ejercicio consciente y liberador. Si, ""''" lus mujeres el e la clase obr era, se insistía en las condiciones materiales inade- ; tJIIcl ns en que se veían forzadas a ser madres, para las mujeres de sectores medios "· Jncluso, de la elite, la opresión parecía venir de la mano del afianzamiento del trl!ldelo maternal hegemónico, impulsado fundamentalmente por los médicos. l!: n 1919, la estadounidense Katherine Dreier visitó la Argentina. Dreier rela- 1 nba, con asombro, el tiempo que las madres argentinas dedicaban a sus hijos, sin mHervarse nada para ellas. Excesivamente enfáticas en el cuidado higiénico de Hlls hijos, luego se mostraban demasiado indulgentes con ellos. Las j óvenes eran ntlucadas para el casamiento, se avergonzaban de tener que trabajar para ganar un salario y las solteras causaban horror. A su juicio, las mujeres argentinas se mteresaban en dos cosas: el amor y la maternidad. Buscaban más el casamiento que la felicidad. 61 Obviamente, cuando esta viajera relataba sus percepciones, especialmente co- mentaba sus vivencias entre la "gente decente" de Buenos Aires. Fuera del casa- miento, para estas jóvenes quedaba el ostracismo. Los trabajos eran vorgum;OHOH. La separación del marido era la deshonra. Las profesiones erun pnf'll luH mñH uudu ces y, entre ellas, para quienes contaban con recursos para eHtudiur y put'll v1vir Hlll la necesidad de trabajar, puesto que muy pocas mujor<'li pr·nft•t1 wnuli'H H1l a sí mismas. De todas maneras, su t estimonio ar•·ojn una minuln luJI'II1 ol4•: autlu••nlc limitado, recortado, encorsetado, del cual emer gerían pr·ociHunulnl.o lu nu1ynr Jlllllo de las feministas de la época. Pocos años después, otra mirada, desde dentro lo elite, noH lo of'rct:tl 1 >11IIJuu Bunge. En su ensayo Las mujeres y la vocación, sostenía que la excesiva ubnogución, cualidad considerada femenino-maternal por excelencia, "perjudica al abnegado y a la persona objeto de abnegación ... Es bueno darse a los otros, pero hay el deber primordial de cultivar nuestro propio y exclusivo jardín, sin lo cual nunca podremos ofrecer frutos saludables a los demás". Hallaba a las madres "en exceso preocupadas por los afanes domésticos; por los detalles del peso y del alimento de sus bebés". Sin quitar ningún mérito ni valor a la maternidad, consideraba "cuánto más saludable será mantener el espíritu a flote, en medio de los intereses materiales, dando a cada cosa su verdadero significado y su valor espiritual!". 62 Por supuesto, estas descripciones y consideraciones no pueden extenderse a las experiencias de vida de mujeres de las clases trabajadoras puesto que, aun cuando feministas y antifeministas coincidieran en señalar que la maternidad unificaba a las mujeres, las condiciones materiales y psíquicas para llevarla a cabo eran muy diferentes. De todas maneras, estos testimonios marcan una tendencia: aun, o pre- cisamente porque, las muj er es tenían menos hijos, al menos en algunos sectores sociales el ideal mat ernal impulsado por médicos y otros parecía comenzar a exten- der se. Por lo tanto, si la maternidad realizada bajo determinadas circunstancias (;l . Véaac• K. Dreier, Fi ue months in the Argentinefrom a womanpoint ofuiew 1918 to 1919, Nueva Ynl'lt, lii:.!O,pp li05l . n·.> llt• lftrH• llutt¡ •o• / ,un mujeres y la vocación., Buenos Aires, 1943 (1922), pp. 23, 26 y 21. c·undllc'lll 11 lit dc• ¡,, 111111• llll'l, 111 11 lli iiT!,"WIIIIrPIIItllllilllt Lr, t'l utilllllc 1-1 11 ,¡ plll'll illl l'PI' dc• cd l11111 1111 1 1111• d lllllliltl' l'llt' ltlll , 1 oll llllill'l'llld i ul , l'lli llllt'I'H, Hl' Jl l'lltH'III como <'l nudo qul' Ht lj (llll llu 11 lnH llHt.l PI'l'H y cl(ll c·uu l Ht' pt't•lt •ll cltn tl nHt'llelldt•itcll liberación . ¿Cuáles fueron los a lcances de esta r eforml!l ución? En Jli'ÍIIlN lugal', conu1 mos para las décadas anteriores, las femini stas pensaban que las mujeres uc•l ser educadas intelectua lmente para cumplir s u rol maternal pues to que en111 educadoras de los futuros soberanos. La relación madre-niño no era sólo produdu la naturaleza, el "binomio madre-niño", sino una relación social, un vínculo .POli posiciones eran afiun.adas por las sufraglstfls pero por mujeres se oponían al sufragio femenino, dentro del anarquismo pero no exclusivament1• En "Cartas a las mujeres argentinas", erminia-Bruman31no compartía lu Hión por el sufragio femenino lo cual no la exc ma del campo de la lucha por liberación de las mujeres. De acuerdo con Brumana, la mayor virtud de las nas era el anhelo de tener un hijo. Y allí estaba el nudo de la acción "política" de 1 mujeres: formar hombres en la idea de resolver los problemas del porvenir del Obviamente, desde esta perspectiva, el ejemplo maternal no podía dejar de ser el la madre de Tiberio y Cayo Graco. Desde el "hogar", las mujeres debían de reali:l.ll lo que los varones proyectaban desde las tribunas. Y para ello era fundamental, a su <'ntender, emplear todo el tiempo posible para capacitarse, logrando así perfilar en sus hijos lo que hasta entonces eran utopías. 63 Esta creencia en el podeL-de las mujeres madres como "moldeadoras" de losJ:l.o.n.¡ bres era compartida por Y.ictoria OcamP9:)ara quien la única modificación lenta d(l lu humanidad provendría de las mujeres: a Creo que el gran papel de la mujer en la historia [ ... ) comienza hoy a orar a la superficie. Pues es ella, hoy, quien puede contribuir poderosa- nte a crear un nuevo estado de cosas, ya que está, con todo su ser físico spiritual, inclinada sobre las fuentes mismas de la vida, inclinada so- e el niño. 64 ...__) Sólo formalmente estas opiniones se acercaban a las de sectores conservadores, nntifeministas y antisufragistas, quienes también sostenían que el lugar "natural" de l a mujer era la unidad doméstica y la familia y que éstas no debían rebajarse a la nrena partidaria puesto que s u labor más grande y más moral se encerraba dentro do los muros del hogar. 65 Al implicar, para las feministas, una función social y políti- t'H tan importante para la especie, la sociedad y la nación, la maternidad debía de tener una contrapartida por parte del Estado y la comunidad. Dios o la Naturaleza habían asignado a las mujeres determinados deberes con respecto a la reproducción que éstas asumían honrosamente en diversas situaciones sociales. Pero de estas "cargas" debían de emanar derechos. Derechos que el Estado y la sociedad les ha- bían, hasta entonces, negado. Y la contraprestación no sólo debía ser honorífica, (i:J . Véase Hermina Brumana, Obras completas, Buenos Aires, 1958, p. 261. Victoria Oca mpo, Testimonios. ll serie, Buenos Aires, 1941, p. 260. lió. Véase por ejemplo este tipo de opiniones en M. Font , La ... "1111rlil 'tl , q ttl nltlllolllltln l 11   !llllhul d11 l 11 1111111" 111dad. l' tll'll lu dodoru 1 dnlut d1• lllllll'llplll'lll'IUII lanlllllllllll'UIIUIIIit:n: "Jlor·quo nadie quiso reconocer, ni en 111 1111 dt'Ct'o\.oH, qut• (' 1 pr·imt\r' deudor de u.nu mujer que engendra, es el Estado, ll•lttludn qtH' H(;l benefi cia de un ciudadano más, y que tiene el deber[ ... ) de amparar HilpltlltlH.mte a quien, jugando s u vida, y dando sus dolores y su sangre, aumenta el cptl.al nacional con la riqueza de una abundante población".<m La contribución de ¡,,. 111udres a la sociedad era .. . tan dolorosa, tan peligrosa, y por cierto mucho más eficaz, ineludible y permanente que el cacareado servicio militar con que los hombres pre- tenden escudar el abuso que vienen cometiendo por siglos y siglos, de arrogarse todos los derechos y todas las prerrogativas nacionales. 5 7 Finalmente, la apuesta mayor del feminismo radicaba en la transformación fu- I 11ra, cuando las mujeres particl aran del oder del Estado. Allí, ellas llevarían su ·•na ura eza sexua , junto a sus valores y formas de vincu arse a los otros. Creían 1\Htar asistiendo a un doble movimiento: 2or un lado, se transformaba la maternidad \ /._ l'n tanto yínculo entULJ.IDa madre y su hijo, mientra5_lli!..e_,__llilr otro., las madres formarían la política ejerciendo su maternidad desde el Estado. De acuerdo con Ali- cia Moreau, la maternidad se había vuelto una tarea que ya no podía realizarse "privadamente", en el hogar. Si, para beneficio de las madres y niños, los partos habían sido institucionalizados en hospitales, si en la educación moral e intelectual del niño también actuaban positivamente las guarderías, las escuelas y las univer- sidades, en un sistema democrático, ningún ciudadano estaba más capacitado que las madres para proteger y defender la vida y la paz: Lejos pues, de ser la maternidad, plenamente cumplida, un obstáculo para la función política, diremos que es casi su mayor razón de ser, y que tanto más alta sea la conciencia de su responsabilidad materna, más querrá la mujer poseer los medios de acción colectiva que le permitan sobrellevarla mejor. 68 Los límites de est as propuestas fueron decantando con el tiempo. A pesar de las crítiCas a l vmculo exclusiv-o y e xcluyente entre la madre y el hijo, no pudieron- - transformarlo. En este sentí(J"i),Como decíamos anteriormente, su reformulación aela maternidad acabo siendo más "pública" que "privada", más "política" que "social". No incidieron en l as formas de organización material y psíquica de l a maternidad que se estaban imponiendo. Quizá, incluso, en algunas circunstan- cias, las reforzaron. Luego, los derechos que fueron ganando del Estado si e fueron más recorta1 dos, más lÍíñitados, que los re!Vlnd1cados. Si eñ 1926 EStaa: sanc10no una ley de derechos civiles femeninos, las feministas querían ta ·' divorcio vincular, la . 66. Citada por M. Font, La mujer. .. , p. 37. 67. Ídem, p. 38. 68. A. M orea u, La mujer en la democracia, p. 196. l'illtil ljlltll ll l111l , ln i¡ :UIIIdnd Vllttltii'H Htnii•!Hi tuloiP¡¡ ÍHillllll l t ht(lll 11.1 111 tlt 1 llllljlllfllll'll 1 !J:l!l , IIt H 1\iiiiÍIIit-I IIIM tjlltll l l lll , lldi'IIIIIH, I'HdiMtdt ii M Jllll'llitlllll" l11 llt.lflll t¡l ( y 1111 Mll l ll 1'111'11 t¡IIÍ(II\l' H lt'llhlljllhllll), plll(l't' !' Í!lll 11 I11H lttlldt'IIM Mll li l'tlll t 1 1 , ¡,., ltvl. :ll!tlllt do luH Ht tlnH t·una, luH gllttl'dt•t'IHH y lo¡.¡ .Jordini'H infillll.iloH 1 ,llt 'lllil w. l" i""'"d", ,.¡ I•!Hiudo no olorg() los dc·redwH polfli coH tl laH lltli,ÍI'I'OH: loH dtv'""" pt"IIYflt'lo¡¡ f'III'I'Oil n•chmmduFI u olvidados en purlumenluriaH . .Sin l'tllhu ¡¡u, lptl fl .t tttiniHinH no se hubieran conlenlado tampoco sólo con ello: el s ufmgw'"" u11•d iu p11r11 ul poder y desde la "naturaleza femenina" ese poder serta Pft'll'l du "" lllltllt't'a dife rente. El sufragio era el primer paso de la transformación sun11l :oH dt•rochoH obtenidos lo fueron en tanto se consideró a las mujeres individuu · • lt'llH" u los varones. El hecho de que culturamente nunca hubieran sido "''''JI 1 .uluH rumo tales, posibilitó colar la discriminación en una legislación formalnw111 ' ' ltdu vuz más igualitaria. I•:H decir, las mujeres no reformularon el pacto social, como algunas pretend11111 Nu t•nLr·nron al Estado en tanto madres sino en tanto individuos. Su entrada, por lu 1 no transformó al Estado moderno, garante de la reproducción de desigualdu dttH tlu cl.ase y sexo, en un "Estado maternal". Las feministas sufragistas obtuvier·u11 11l "modio", el voto, pero fracasaron en su "fin", transformar la sociedad a través eh tllodifícar radicalmente la maternidad y la política. A pesar de su fracaso o de lo utópicas que parecieran sus proposiciones, las fen11 utHLns fueron percibidas con temor, como "peligrosas" para el "orden familiar" y 1'1 ··or·dt•n social". Para los sectores más conservadores, tanto la igualdad como la "gul• 1m" entre los sexos acarrearían la "disolución" de la familia y, por extensión, de lu • El feminismo era otra de las ideologías "disolventes" de la sociedad. uwnos t emorosos, quizá, a estos cataclismos, se oponían, de todas maneras, al sufru ¡:10 lbmenino. Si bien parecía cada vez más dificil sostener la incapacidad intelectual .v racional de las mujeres o su nula experiencia política, algunos afirmaban que el Mttf'mgio femenino era simplemente inútil: sin voluntad propia, las mujeres sólo du pl. carían los votos de sus Frente al feminismo, desde principios del siglo XX algunas organizaciones do ,(m·echa habían creado sus propias "secciones" femeninas para reencauzar a las mujeres y a la sociedad. Nos referimos, por ejemplo, a la "sociedad Pro-Patria, desti- nada a "propender el desenvolvimiento del amor patrio y de los sentimientos cívi- ¡•os", fundada por Carmen Pujato de Crespo, y la Comisión de Señoras de la Patriótica Argentina -con propósitos similares- cuya presidenta en Capital Federal 11ra .Matilde Zeballos. La Liga Patriótica Argentina, fundada alrededor de l a Sema- 1111 'f'rágica de 1919, tenía diversas "brigadas femeninas": la "Junt a de Señoras", la Comisión Central de Señoritas (formadas por mujeres de la elite porteña) y una l.m·cera integrada fundamentalmente por maestras, provenientes de las clases me- di as. El objetivo de estos grupos era contrarrestar las influencias de las doctrinas de izquierda, "disolventes de la familia y de la sociedad", en los varones a través de las mujeres. Éstas, sin distinción de procedencia social, eran vistas como el "fundamen- to de la familia y custodias de los valores criollos argentinos de nacionalismo y cato- li cismo". Las brigadas de "señoras" llevaban un mensaje a ntiizquierdista, familia- ll!l. Véase M. Font, La mujer ... 1 1   r il'l l.ll y mt.nlko11111 dii HO l.t•nllnj udorR u Lru véH do Dbru:; de bonc fi cencia mienl i'HH quo la:; macHLt'UH lo hucíun alravés de s u proJCsión en las es cuelas. Las "señoras" insta- luron mat ernidades, hospital es, guarderías para los niños de las mujeres obreras y jardines de infantes vecinal es, y brindaban algunos servicios médicos gratuitos. To- \ dos los años realizaban una exposición con texti les confeccionados por mujeres indí- genas del noroeste argentino. Las "señoritas" se dirigieron fundamentalment e a las mujeres trabajadoras a través de la creación de "escuelas" para obreras, cuyo objet i- vo principal era brindar una educación nacionalista que transformara el "odio" de la clase trabajadora hacia los patrones en amistad y armonía. Pretendían hacer de ellas "mejores madres y amas de casa" a través de sus cursos de moralidad, l y economía doméstica. Las "señoritas" también abrieron asilos para delincuentes___; juveniles (McGee, 1984a: 92-95). Se comprenden, de esta manera, los esfuerzos de Alicia Moreau, por ej emplo, para aclarar y demostrar que la intervención en política de las mujeres no las aleja- ría de su "misión natural" que era, sin lugar a dudas, la formación de una familia, la maternidad. El decrecimiento vegetativo en la Argentina o en Francia se había pro- ducido sin el sufragio femenino. A nadie podía ocurrírsele que el voto desviaba al varón de su "misión natural", que también era la formación de una fan1ilia y la paternidad. Votar cada dos o tres años no socavaría la dedicación "fisiológica y men- tal" que implicaba la maternidad. En realidad, tras estos absurdos argumentos, para Moreau se ocultaba el miedo a la "elevación" de las mujeres, a una nueva con- ciencia de sí mismas y de la sociedad, al fin del "milenario sojuzgamiento". 70 Durante este período, entonces, las feministas apostaron más fuert emente a la maternidad que al trabajo asalariado. Como veíamos para las décadas previas, el trabajo para el mercado presentabafuertes contradicciones para las feministas. Mientras que algunas temían la competencia que aquél podía representar a la ma- t ernidad y, así, al lugar desde el cual consideraban que las mujeres podrían legíti- mamente reivindicar mayor poder social y político, para otras era muy complejo considerar el beneficio de una relación que era la base de la explotación de la mayo- ría de las mujeres y de la humanidad. Sin embargo, en los años 20 algunas tímidas defensas persistieron, en algunos casos se consolidaron y no solamente entre muje- res profesionales de clase media. Si bien no podían negarse las pésimas condiciones de trabajo y la discriminación salarial, desde el feminismo se consideraba que la subordinación de las mujeres contenía un fuerte componente económico. En la socie- dad contemporánea el trabajo asalariado podfa dar a la mujer una mayor presencia social y una mayor independencia de la familia y de los varones. El salario entonces era un elemento de autonomía. Para Alicia More a u la modificación de la situación social de la mujer argentina en los últimos veinticinco años se debía básicamente a su inserción en el campo y del trabajo. En su trabajo "La emancipación civil de la mu·er", 71 ge 1919, desarrolló una visión evoluc10ms a e mev1 a e e ta es trans ormacione!l. ¿ onvicción o respuesta defensiva a1a indiferencia femenina? De una manera u otra, las mujeres no podrían escapar a la transformación social. Aun cuando ellus 70. A. Moreau, La mujer ... , p. 176. 71. En Humanidad Nueva, t. IV, N" 7, 1919. { 260 trabajaran no por deseo sino por presión económica , el trabajo las vincularía a !oH grandes "problemas sociales", las sacaría de la fragmentada visión del mundo d(!( hogar. El trabajo les daría un "valor social" y sólo entonces el matrimonio dejaría d1 ser su único objetivo para transformarse en una verdadera as piración moral. debían hacer las mujeres en esta evolución? Luchar p01:..las refOLIIlllS   chos civiles , divorcio vincular, protección a las madres naturales, sufragio. El femi nismo debía luchar para vencer el poder de inercia de las Por un lado, las 1eyes deblan ponerse a la altura de la evolución de los tiempos pero, por otro, reau tambien confia]:¡a en el poder du.an.ti.cipación y transformación de algunos cam bias jurídicos. - Finalmente, no podemos dejar de considerar a la quienes no só rechazaban este reformismo o transformación gradualis · rótulo "feminis por considerarlo vinculado a aquellas prácticas e ideas. Sin embargo, como visto, desde fines del sigl o XIX las mujeres tes de la opresión sexual s mo que, además, habían demostrado - más ardientes y virulentas defeñsoras de las mujeres. En esta lucha, se encontraron y colocaron entre-dos Tuegos: por unlado, el "machismo" de sus pañeros de ideales; por otro, el enfrentamiento con las "feministas" burguesas socialistas, siempre reformistas. Para las anar.gyistas, la emancipación femeninl po era pos.ible. Como se sostenía, repetidamente, en todos los números de Nuestra Tribuna, periódico anarquista dirigido por mujeres que salió durante la • mitad de la década de 1920: "La emancipación que nosotras mujeres libres mos, es social, netamente socia!". Esta aseveración, así como su enfrentam1enw no les ahorró conflictos con los compañeros anarquistas, tiantes poz:e;,perar de ellos actitudes diferentes de las de los demás varones. A las "feministas" l es criticaban el separatismo, rechazaban la lucha por el su g¡o puesto que lli\nl ellas las leyes no modificarían l as relaciones de · - m u ]efeS y varones . Sin embargo, en la erce ción de la "naturalezaTemenma"' ex u tfan Ímportantl,;s confluencias. Para las anarquistas, la ma rni a ta fundamental. En ella radicaba la potencialidad del poder social         apelación fuerte a las madres en la lucha no desplazaba las prédicas y los destinados a las "obreritas" de los talleres, ni a olvidar la explotación económica sexual ejercida por los varones cualquiera fuera su clase social. Pero en la dad se depositaban profundas esperanzas de poder socavar, desde la primera dra, una sociedad injusta: "Cada hijo que dé a la vida una mujer educada raciona11 mente, será, no lo dudéis, una fuerza propulsora del porvenir, una palanca le del presente". 72 Racionalmente educadas, las madres debían ser anarquistas para poder llevar cabo esta función maternal revolucionaria: Desprejuiciemos pues a nuestros hijos de todos los malos hábitos pre- sentes [ ... ]. preparémosles para el nuevo y sonriente avenir. [ ... ]Madres: no contribuyáis a cultivar la ignorancia de vuestros hijos, porque en ellos 72. Luisn Zinno, "Ln11 funcionos d<• In n1qjc•r", Nll t,Hirll 7) i/1111111 , N Jl ti 1 1 feminismo resultante lleváis vuestra parte de responsabilidad en este col ectivo crimen social! Debe amarse a l hijo con el fin de formar s u integridad de hombre y no de bestia ... Madres: haced saneante obra en el mundo!' 3 261 Si bi en el amor y la dedicación a los hijos, la identidad femenina cruzada por la maternidad, parecían responder a las expectativas de quienes impulsaban el mode- lo hegemónico de la maternidad, algunos y algunas anarquistas se separaban en el runtrol de la natalidad. Los y las anarquistas fueron pione-'::2§ enJ aide.a.d.e.lamater- '"dad voluntaria y conSdente. La maternidad tenía menos qpe ver con la cantidad do hijos que con la calidad del cuidado: (E)l noventa por ciento de la mujeres creen cumplir el deber de mater- nidad haciendo de incansables máquinas de parir hijos [sin tener en cuenta la] grave responsabilidad que dimana de la delicada misión de la mater- nidad.74 Nuevas prácticas y organizaciones con propósitos feministas emergieron en las •ilkadas de 1920 y 1930. Si bien las y los feministas continuaban conformando un estrecho, el feminismo como problemátiCa, ensa1zaaa o aetractada, tuvo uñ l'"dodo de auge en los años 20. Pero, por lo general, las feministas no actuaban ''"lns. En muchas de sus campafias o luchas tejían alianzas con otros grupos rP[or- ttiiHtas: por ejemplo, ante la prostituciÓn, la protección de la maternidad, el abando- 1111 el e niños y niñas, el alcoholismo de los padres. Estas alianzas incluían, muchas ••c·os, a organizaciones de_mujeres de la - las organizaciones emergentes a partir del fin de la Primera Guerra ltnl , nos encontramos con la Asociación Pro Derechos de La Mujer, fundada en 1"" !•;!vira Rawson, cuyo objetivo prioritario era lograr la igualdad civil entre varo- "' ' 1 y mujeres. Esta asociación se hallaba integrada por mujeres provenientes de la •c m·iación de Mujeres Universitarias Argentinas, de la Unión Cívica Radical, del 1 'uii HOjo Nacional de Mujeres, del catolicismo. Todas ellas concordaban en la necesi- lud de obtener los derechos civiles femeninos, pero no los políticos, y muchas de IL1H no se reconocían como "feministas". La moderación de sus objetivos y estrate- / I•H1, así como los contactos personales de su fundadora, permitieron que la asoci;;;_j 11111 reuniera un amplio número de adherentes. Mils determinada a lograr los derechos políticos pero sin abandonar el proyecto l•· 11diJrma del Código Civil, Alicia Moreau fundaba la Unión Feminista Nacional. li•·tu Moreau realizó giras por el interior y viajó a otros países de América Latina 111 In finalidad de organizar a las mujeres para la lucha por el sufragio. Fue invita- tu ul Congr eso Internacional de Mujeres Trabajadoras y al Congreso Internacional tu l\1u.JNCS Médicas, ambos realizados en Est ados Unidos. En Nueva York visitó a 11·1 i1 • Chupma n Catt, con la cual mantuvo posteriormente un fluido intercambio lu eurmHpondencia y periódicos . La Unión Feminista Nacional pasó a ser miembro, f' h"'"'"linu "IJu 11 lnH 111111hi'H", Nuc•Hirtt 7hlwna , N• 5, 15 do octubre de 1' (1 ''llt/ulltit • l lí 1111 11iu11 ¡¡,, lllll: t 'ti clt• <'Htn mnncrn, di' In lnLt'rnnti onnl Woll\I ' II'H St d'f'l•11 go AHHUCII\I Ion S11 o hp•I! VIIt• t •l logrnr el s ufragio uni venml l'cmcnino, posil' ion no u lodutt lnH Hllf't•ngl las ni a l odos los miembros del Partido Socialis ta ArgcnLino; 1-ln1'n ,JtiHlo, por ' '1"'" plo, sostenía la conveni encia del s ufragio femenino cali ficado. La Unión l•'l•ntiiiUdll tenía un periódico, Nuestra Causa. Finalmente, Julieta Lanteri fundó el Partido Feminista Naciona.J, sin duclntt In organización más radical en sus ideas y formas de acción de las surgidas dum11lt a quel ano de 1918. Lanteri había sido una precursora en la lucha s ufragist a, puc·tt lu que había iniciado acciones incluso antes de la sanción de la ley Sáenz Peña. Comu extranjera, había obtenido la ciudadanía argentina en 1911 para ejercer un C!IIWI docente en la Facultad de Medicina y, a partir de entonces, había presentado Hll candidatura como diputada e intentado votar en las sucesivas elecciones. Sus bolt• tas no serían oficializadas y tampoco pudo ejercer su cargo docente en la univenu dad en razón de su sexo. Aparentemente, logró votar en las elecciones de la provin cia de Buenos Aires desde 1911 hasta 1916, momento en que la Legislatura provin cial incluyó el servicio militar como prerrequisito para el sufragio. A partir de 1920, aunque no se le permitía votar, participaba como candidata en las elecciones naciu nal es de diputados , obteniendo, ese año, 1.303 votos, 1.313 en 1924 y 684 en 192(i. En marzo de 1920, estas tres agrupaciones feministas decidieron llevar a cabo un simulacro de elecciones en Buenos Aires,(Semé.lante a otro realizado por las - fragistas El objetivo era fundamentalmente generar o ampliar el debatt> acerca de los derechos femeninos en la opinión pública. Alicia Moreau llevó el pro grama del Partido Socialista, Elvira Rawson el de la Unión Cívica Radical, au_!!gut> ae manera más ínor ánica mientras ue Lanteri presentaba una propuesta autó oma que mcluía der echos polítiCOS y civiles iguales para a mbos SeXOS, igualdad dP ñl}OSlegítimos e ilegítimos, divorcio absoluto, reconocimiento de la madre como fun - cionaria de Estado, protección de las muj eres en el mercado de trabajo, igual pago por igual tarea, coeducación profesional en artes industriales, agricultura y econo- mía doméstica, abolición de la pena capital, protección frente a los accidentes dt' trabajo, abolición de la venta, manufactura e importación de bebidas alcohólicas y r epresentación proporcional de la minoría en gobiernos nacional, provinciales y municipales. Del simulacro, participaron aproximadamente cuatro mil personas, una cifra inferior a la que ansiosamente esper aban sus impulsoras. Moreau obtuvo el mayor caudal de sufragios, le siguió Lanteri y finalmente Rawson. Los años con algunos logros y muchas deudas pendientes para las feministas. En 92 se modificó la legislacióJ:Ldel trabajo de mujeres que databa de 1907. A partir de ntonces, las trabajadoras podrían descansar cuatro semanas an- tes y cuatro después del parto sin perder su puesto y los patrones que emplearan a cincuenta mujeres o más debían instalar salas-cuna. Esto último, sin embargo, nun- ca se cumplió y el descanso maternal no era utilizado por las obreras puesto que no podían dejar de cobrar sus salarios por dos Después de varios proyectos frustrados, en sancionó la ley de derechos civiles (11.357) mediante la cua l las muJeres solteras, viudas o divorcia- das, mayores de edad, pasaron a ser consideradas jurídicament e iguales a los varo- nes. Para las muj er es casadas, en cambio, subsistieron incapacidades de hecho. Por ejemplo, podían ejercer una profesión, empleo, comercio o industria honestos pero sólo podían administrar y disponer de lo producido en esas ocupaciones y de sus bienes propios si expresaban su voluntad de hacerlo_ En caso contrario, el marido 1 1 11111111111. 111" no- llllutl" 1oH n dnlltii HI 1'111111 pllt' tll lltHIIIIII lt\t•ltti l'tll 111 l'!t pllill' , 111 l11V ttttlll ilil!tl !lt Hl!!tili ltl< th limilnciunoH oHlnhl nci dnH por 111 ( ' tvil t•tHI tt •ll pnt• lulll n(• ' " 1t ¡, tl• •lu pit ll iu poleHlad por purlc de 1aH nmdn•H. L11H n11¡jt•t'I'H     l'"' "¡''"'"'"· 1"1111 lllllillllill ncr la patria potestad sobr0 loH hijos di' un 11111lrlltttllll" ""'''""'· "" Hhllllllllttt't ll traer nuevas nupcias, y se permitrn CJI"'Ct•t In p11 l1111 1"'' '' "' 11d t111 IH IH lill•tll li 1 madres solteras. Como había ocurrido con la logiHl11riou prult •t•ltll'll tltJ d •••luri t ruht\lnn H!ll ll por mujeres, la obtención de los dor· l'choH t••vi1mt r' '"'""'""" l'n•t' tH•III!ttllftttlt• t\1 tificada y legitimada en función do1 hionoHI11r dn lnM hqutt HH t:ttllldtlt•inlut 1111 mayor independencia económica de ltiH tllujt•twt, 11111 run11• 1111 rui\V!II" pmllil' 1 bre sus hijos, redundaría en benefi cio do ttHl oH 1111 '"'""· llllítll l tt 1111tt l1111 tnuh siempre habían demostrado cumplir con HttH tlt•lu•r"" tlt• ll\1111\llutli'l"ll A pesar de la existencia de diversoH proyt•d oH twltw tlttiiH'htlll pulll 1 nos, en la década de 1920 las muj eres sólo pudwm11 vol 111'1 ílll nltfiiiiiUI ¡auu•lumw. nivel municipal o provincial, en San Juan , Mondnw y H11 nl u 1•'•" F.! no remtroaucía en e l debafe la cuestión de Ju wltlit'llt'IC)II Vlltll ti experiencia política, algunos sostenían la convenionctu dt• ¡·ullnrm·   nino, a diferencia del masculino. La calificación podtn Ht•r pttt' ctHi tulu ttiYII ción (suponiéndose la inconveniencia del voto de laA monu11 tluMtnuhtM y l das). En 1916, por ejemplo, un diputado nacional por In 1 )unltiiTUdu l'ru Francisco Correa, propuso conceder el voto municipal a luH IIIIIJIII"I•ii lutlt das. En 1922, el diputado Frugoni proponía el voto para luH ""'.1'''''" mu,vu veinte años y diplomadas en universidades, liceos, escuelali normult•11 v !llll lf!l'hd En 1919, en cambio, el diputado Rogelio Araya, por la Unión Cfvu'lt Hcttli t'll l, huhl presentado un proyecto igualitario por el cual las mujeres nativuH y mayores de veintidós años, gozarían de los "derechos políticos confitrnll' u lnl.'unli!ll tución y a las leyes de la República". En 1929, el senador socialitt lll M mlfl llrüVt también presentó un proyecto de ley por el cual se establecía la iguuldnd "'' clurttCIIII políticos entre mujeres y varones. Este proyecto caducó en la comiHlllll l' lll' t'llflltnn diente. En 1932, dada la cantidad de proyectos sobre sufragio fcnwntn11, "" 1\tr una comisión interparlamentaria con la misión de unificarlos. Emcrgw, nlll, un nu vo proyecto que obtuvo media sanción en la Cámara de Diputadol:l. Htrt • • pesar de este éxito, el proyecto nunca obtuvo la otra media sanción, provunlunLtt d Senadores. El proyecto quedó trabado en la Comisión de Presupuesto y tl11 N!ll(lllll Constitucionales, alegándose que debía estudiarse cuidadosamente el <'ttHltt 1lul um padronamiento femenino. 75 Los año 30fiieron ambivalentes y contradictorios para el feminismo l•'rnt!IIMIIII peligros se en remezclaron con algunos logros. CQ_nt inuaron presenláwloHu prnytt tos para obtener el sufrag!o femenino (1935, 1938, 1939). Las mujero!l Ht ll·tnlutln organizaron para apoyar estos proyectos, en especial los presentados pur chpuhttlt de su partido. Surgió, así, una nueva organización fundada por   u t•l Pro Sufragio de Mujeres Socialistas. A partir de 1933 estas fut •run •ut1un dadas además por una publícaciÓn, Vida Femenina, dirigida por Marín Htorrumlu Otra organización sufragista contemporánea fue la de Carmela ll unw clu 1\ur 75. Véase A. Moreau, La mujer. .. , pp. 205-217. ,;,¡ Jllt_' ill llfl , In i\ 1111 dPI :-l ld.l llg lo l•' c> llltl lllll o, t¡ll t • 4U • i-!!1\l t d lii 111 11 III WI d1 • f ()() ll!d ll llt'lll h i'Utl l i l l!'l i l ll l l'diiitl uH d t• l11 rlt •l 'llrlll '1 Jll 111'1'1 l'j¡i lll' 11 p1li'I 1 11I P I1 11'11 i l' l oH llli Hil10H f'i ll t'H, 11'11 111 j.¡ I'IIIHl l'H clilt•ll• ll t ln·1' 11111 td ,¡ , ' '"'.J PI' N I HOCIII IIHLHH: no lli'Ppt.nhn ,,¡ rot. 1dn dt• " fi •IIIIIII Hi n" y t' III IHi d llfll 111 111111 ihdnd dP uhtencr un voto I'I'Co rtudo pul'll lnH lllUj <•t'PH. S 11 H pt·nplt f'· d ¡¡ ,.¡ !'1 111 11 I'OII <' 1 Hp oyo d e l Consej o N ucion a 1 de M ujen•H, has tu t• llto n c<'H OJIII tHI II t dt" twh o H pol íLJcos fémen in os . Amba!?. orga ni zaciones co nHidt' l' nhu 11 e o11 VP III P II t I11H muj ur es votar an voluntariament e en las eleccionesmunlcípalcH y pmv 11 u •i p1111Htu que l a poHti ca local , que rodeaba di rectamente al "hogur", UJl llll •,:iu li •nwn i na que la nacional. Contemporáneamente a est os infructuosos intentos de obtener el s u 1'1'11¡:111 llli i.J l'l'es trabaj ador as conseguían la licencia mat ernal paga. A t r avés de• lu 1 1.9:13 y 12.111, las obrer as y empleadas de empresas privadas y del Estado oltlu mn el derecho a una licencia maternal con un subsidio igual a un sueldo lul 1111Les y después del par to, y a cuidados gratuitos por parte de un médico o pu Hacia mediados de la década los derechos civiles, conseguidos diez a ñoH 1 f'uc ron puestos en..Qcligr.o por el Poder Ejecutivo Nacional. De acuerdo con el pn to de r eforma del presidente Agustín Justo, las mujer es casadas debían volv111 Hi n tus de menores de edad: no podrían t r abajar fuera de sus hogar es sin un p1• r OHCrito de s us maridos , ·no podrían administrar s us propiedades o dinero, ni pod pu rticipar de asociaciones comer ciales o cívicas. Ante esta amenaza, las organ i:r.1 nes de mu·eres · e Mu'er es Ar entinas residida por Ana H Schheper, una dama de la sociedad y de gran labo en la filantropía. Victoria Ocum po y María Rosa Oliver for maron pa r te de est a organización. En sus memoriu Oliver consideraba que l a intención últ ima de es intento de reacción era frena r lq crecient e afluencia de las mujeres a las fá bricas, enómeno que s upuest amente pro vocaba el desempleo masculino y baja ba el nivel en eral de salarios. 77 En la década de 1930 las muj er es se moviliz<Jron no sólo por sus der echos s¡no por la la guerr a civil española, la Se nda uerra Mundial. Con una a mplia participación de mujeres comunistas, 937 e reó el Comité Argentino de Ml.Uu res Huér fanos y en 941 Jun ·a de la •• una agrupación femenina de solidar idad con los aliados. 8 Desde 1· década de 1920 el Par t ido Comu nista había cr eado, en s u interior, una "agrupa ión femenina" impulsada por l du Bondareff. y alrededor de Alcira d la Peña, mant uvo una estruct urn de muj eres. En 94 7 s fundó una organización e si bien no er a parte del Par t id u Comunista man en ría con él y fundamental me te mujer es del partido unu est r echa r elación, nos r eferimos a la _Dnión de M jeres Argentinas. Los logros, los fracasos, los peligros y las luchas de esos años se apoya ban en, y reforzaban, las nociones de "diferencia sexual" en el deba te de los der echos y, en .7())éase C. Horne de Bur meister, Cómo se organizó   enntina el movimiento feminista en fnvor de los derechos políticos de la mujer, Buenos Asociación Argentina del S ufra· fil O Femenino: fines y propÓsitos de los estatutos, Buenos Aires, 1932. 77. Véase María Rosa Oliver, La vida cotidiana, Buenos Aires, 1969. 7H. Véase Fany Edel man, Banderas. Pasiones. Camaradas, Buenos Aires, Dirple, 1996, pp. 46-47 y HG-86. "il (llll' l ll l , d11 l tt ll ll'lt¡:ll• h-nu1111111 1,!1 tiliill •ttlldllllt•o t d tHIIII hn L'II IIK! d.uyoll do td nucloo lul' d l' dt• lnH nq:l ll nt·HI II IIIIIi " '' lunl11 11 l11 vt H t'tll t lll l'n conlru de la igualdad de las IIII'II'I'('H COil f'I' H(Il't' (O {1 luH Vl\ 1'1111('14. Dt> umbuR cuest iono:; (educación y trabajo), emergió el femi nismo en la Argenti- 1111 y se consolidó al rededor de los r eclamos por la igualdad civil y la igua ldad políti- t'I L Mientras que la primera había promovido la emergencia de un grupo de mujeres docentes y profesionales, la segunda había extendido socialmente el problema. En la d(•cada de 1930, Alfonsina Storni conectaba el surgimient o de mujeres de s ectores modios en la vida int electual con la profesión docente y la "cultura normalista". Muchas escr itor as eran "feministas a pesar s uyo" puesto que "el mayor n úmero de oscritoras s udamer icanas son maestr as y más están, por vía de la fermentación intelectual, contra su medio social que sirviendo sus formas tradicionales". 79 La popular idad del término "feminismo", aunque no s u homogeneidad, era re- marcable desde fines de la segunda década del siglo XX. Grandes y prest igiosos filó- soíos , sociólogos, médicos, economistas, cr eyeron necesario ocuparse del tema. El feminismo no implicaba la igualdad absoluta entre los sexos. Por el cont r ario;-Ta diferencia sexual, fisica y psíquica, debía respetarse y mantenerse. La se quer ía obtener era..t para igualdad jurídica; otras agr egaban la Finalmente, había quienes buscaban una igualdad más profunda, social y económi- ca, en una sociedad distinta sin ningún t ipo de explotación. Pero ninguna de estas tendencias cuest ionaba que la difer encia biológica produjera per cepciones, -.-al ora- ciones, actitudes y a pt itudes disti ntas , sexuadas , frente al mundo. Pero t ales dife- rencias no er an jerár quicas, no podían j ustificar ninguna relación de poder. La "cuestión de la mujer", entonces, en los años 20 fue r eformul ada a partir de la emergencia de un nuevo sector de mujer es educadas en el mercado de trabaj o, mu- chas de las cuales no habían sido "arrancadas" del hogar para asala riar se por nece- sidad. Muchas de ellas habían estudiado para t r abajar, par a incursionar en el mun- do "público". Muchas de ellas, además, se vincularon al feminismo, al activismo social , gr emial y/o polít ico. Tempranamente, Gina Lombroso había percibido el fenó- meno: "En Amér ica se mide la condición de la mujer por su grado de masculiniza- ción , o sea, sus aptitudes para ejercer pr ofesiones reservadas hasta ahora al ot r o sexo [ ... ] Así mirada ocupa en Argentina un lugar de primer orden [ .. . ]. Si en la Argentina la mujer quier e masculinizarse tiene t odas las puertas abiertas y no sólo en teoría [ ... ]lo cual no ocurre a la gran mayoría de graduadas europeas". Y ello no era solamente un fenómeno bur gués: Las feministas argentinas se han dado cuent a de que, por lo menos en las clases baj as, la mujer puede, aprendiendo l os oficios europeos, ensan- char s u campo de trabajo pr opio. 80 También las mujeres se volvier on más visibles en el consumo, comprando o pu- blicitando ar tículos electrodomésticos, moda, productos de belleza, novelas sent i- 79. Citado por Gwen Kirkpatrick (1990: 110) . 80. Gina Lombroso Ferrero, "La mujer en la República Argentina", Revista de Derecho, Historia y Letras, t . XXXI, 1908, p. 518. 266 Marcela Nari mentales, cigarrill os, bebidas a lcohólicas. Fue más habitual verlas en las calles, caminando solas. Era una nueva mujer, urbana, que administraba, por lo menos, un dinero para gastos personales y que, como sabemos, se casaba con más años y tenía menos hijos. Así, para los años 20 y 30, la amenaza parecía estar más centrada en la subversión del sistema de género que de las relaciones de clase. De manera gener al, para los sectores más conservadores estas mujeres simbolizaban la "caída en la modernidad". Para otros, su "modernidad" era un buen presagio. Pero para todos era inevitablemente un paso en la evolución descendente o ascendente de la "raza". Fue esta "nueva mujer" la que intentó ser domesticada en estos años. Una vez casada, la esposa feliz en la casita familiar y la madre higiénica. Eran, como sostie- ne Kathleen Newman (1990), mujeres públicas, pero no prostitutas aunque tampo- co políticas. Bellas mujeres que no amenazaban el orden social porque su indepen- dencia provenía del trabajo asalariado y su femineidad podía ser compatibilizada con los ideales de la maternidad y el hogar reconfigurados. Antítesis e intento do conjura de la "mujer imposible", aquella por fuera del sistema de género normaliza- do y que se erige en símbolo de la amenaza al orden social: fuera del poder del padre, fuera del poder del Estado. Esta "mujer imposible", las lobas que "rompían con el rebaño", diría Alfonsina Storni, se encontraban lejos de la "mujer muy moderna" de Manuel Gálvez aunque ésta, quizá por parecer más real, también inquietaba. Próxima a la "nueva mujer" occidental: fumaba, hablaba por teléfono, salía, bailaba y flirteaba con amigos, ca u saba escándalos. Sin embargo, eran muñecas, juguetes, con sólo una pátina de filu sofia y raciocinio. Más renuentes a aceptar el dominio del varón, aparentementu sólo prolongaban un poco más la niñez. Las "otras", las que no podían ser modernas sino que eran atravesadas por lo "modernidad", eran las trabajadoras. Los "residuos de fábrica" (Evaristo Carriego) o Rosalinda Corrales de Historia de arrabal (para continuar con Gálvez), fabriquenul irremediablemente deveni das prostitutas. Conclusiones La cuestión de la población fuo cluvc• c•n In construcción del Estado y en la crC'ncióu clu un Constituyó una tarea de gobierno y 111111 c·1wMllc\n dos del siglo XIX. Estas ideas no cmn unlllnal adaptadas de las transformaciones y N•nwn h ticular contexto local había cl11l111'1111 período estudiado, el pensamiento y luH 1111111 tensionados entre dos ejes: la cantidwl y In Ntlld.W. planteó desde el "desierto" que impht•HIIII, ,,n población existente era considerudu 111111   • lniiNIIIIII La escasez de fuerza de trab1\jo He• Vlll•'ulnh micas y políticas. En un primer monH·ntc•, In 1 ésta aportaría cantidad de y mluhul qu locales. Sin embargo, a la vuelta clt•l ar había sido la soñada: ex campC'HinoH o t l'llhl\l del Mediterráneo tenían pOC() nn c·omun rull 1 nes y germanos. Cuando comienza a orgHil11.111'HII 1111 muvl conflictos sociales, muchol:l von 1111 lu 1111! pal explicación. Otros, en Clllllluo, pc•lll>llti'IIU\ las condiciones de vida y luH q111' clllfiURI,.. diseñarían y aplicadnn pul!t icuH l't)Jll'•'ll iVIt nos, y reformistas parn CJIIÍflllfltl c·uhitl lu ¡uríllhlllM c• ión. Las políticas r·ofurmiHiuH HP luuuti'IIU\ an lnmarckianas que pormit fnn Jl''IIH{II' IJ\Itl Ita ludadan a los orguniHIIIUH y flHioH 11 H\1 VtlM 1 t'IIH generaciont•H. • pruyPrluH pruvunl•n laR, libcr·alcs o ronRc•rvndun•H, H! hi!l!l 1\'llllUIRa.. c·unLonidu dui11H n•lilnu11H, IIII IIIH'ftclin In Jll'olifrr·nciún dt• pwy••dwc t l'!t!l!lfC•tllltíiiUII·rulb..-.¡ t IVIllllliH' Ión y nplcnwtón   lu 1 11lllt•11l1• 11 ICclt•IVt•llll' ljlll' lo !jllll dtJIIIIUI' IItll mutltll tl r· lu •'ptll'll 1 h• tmlu" llllllltll llfl clilltclllllttlttutftitda ll!!!\' l{l'll!ltlidllli!llltl, lllfliiii!!H li•\'!1!1 !l ii!VIIIIllllll 1 Pft71 Documents Similar To Nari- El Feminismo Resultante- Cap IVSkip carouselcarousel previouscarousel nextVALCÁRCEL, Amelia. 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