Los Hijos de Ipswich

March 29, 2018 | Author: Natalia Alejandra Gonzalez Sanchez | Category: Witchcraft, Capital Punishment, Love, Religion And Belief, Philosophical Science


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Sobre el Poder. La historia de la Alianza y de las Cinco Familias. La caída del linaje Putnam.Ni siquiera un Hijo de Ipswich, uno de los Herederos del Poder, podría explicar con claridad en qué consiste el Poder. Como mucho, podría hacerte una demostración. Pero seguramente no lo haría delante de un extraño. Para ellos, el Poder, es simplemente un don, algo innato que les es tan natural como respirar para nosotros. Saben lo que es, lo sienten, lo usan, lo viven¬ pero el concepto en sí, está casi tan lleno de misterios para ellos como para nosotros. Simplemente, lo han aceptado y viven con ello, como vivirían con el color de pelo que han heredado de sus padres o abuelos. Realmente no hay explicación lógica de por qué los primogénitos varones de ciertas familias concretas nacen, generación tras generación, con la capacidad de desafiar la gravedad, provocar transformaciones en personas o cosas, o desarrollar telequinesis, piroquinesis, telepatía, teleportación, fuerza sobrehumana y otras muchas capacidades consideradas sobrenaturales. Es también un misterio el por qué esas capacidades, latentes durante la infancia de estos chicos, no despiertan levemente hasta que cumplen los 13 años; y de forma completa cuando cumplen los 18. Nadie sabe a ciencia cierta cómo surgió el Poder, ni de dónde procede. Ni siquiera en el Libro de la Condenación se registran datos fidedignos sobre sus orígenes. Sin embargo, el Libro sí recoge una leyenda que se les cuenta a los Hijos de Ipswich de cada generación: El origen del Poder. Se cuenta que Dios le dio a Adán, el primer hombre, una compañera. Y esta compañera se llamó Lilith. Lilith era igual que Adán en todo punto, pero superior en inteligencia y belleza. Y su inteligencia y belleza atrajeron el corazón de Luzbel, que le concedió el Poder para ganarse su amor. Y eso disgustó a Dios, que dijo a Luzbel: "Es grave pecado conceder dones por beneficio propio, sin contar con el permiso de tu Señor". Y Dios expulsó a Luzbel de su hueste celestial y le condenó a vagar por los páramos hasta el fin de los tiempos. Lilith era inocente, pero tenía el Poder concedido por Luzbel y ahora era superior en todo a Adán. Era más fuerte que él, más inteligente, y podía realizar prodigios como hacían los propios Ángeles del Señor. Viendo esto, se burló de Adán y le dijo que ahora él debía estar bajo ella y no ella bajo él, puesto que ahora lo superaba en todo lo que hiciera gracias a su Poder. Le amenazó con que, si no reconocía su superioridad sobre él, se marcharía de su lado para vivir libre. Adán no pudo sufrir tal afrenta y la maldijo: "Mujer maldita", le dijo, "No sufriré tal humillación de una mujer por culpa de un Poder que el Señor no autorizó. Márchate, pues. Pero no disfrutarás tranquilamente de ese don abominable, no serás libre ni feliz con él. Ese Poder perverso devorará tu parte humana, hasta que no seas más que un despojo marchito y ruinoso de la bella y joven mujer que una vez fuiste." Y ésa fue la primera Condenación de Adán. "No me importa. No te temo", dijo Lilith, pero Adán no tuvo suficiente y volvió a maldecirla. "Y te diré algo más, mujer. Podrás realizar prodigios y ser superior a mí y a toda mi casta, pero, adonde vayas, tú y los tuyos seréis odiados, maldecidos y temidos por mí y toda mi estirpe, que por causa de ese Poder os perseguirán y darán caza como a animales mientras quede una de las dos familias. La sangre correrá por cientos de años y vuestra vida no será más que miedo y sufrimiento". Y ésa fue la segunda Condenación. "No me importa. No te temo", repitió Lilith. Ella abandonó a Adán, tal como dijo, y se marchó a vivir libre. Adán se quejó a Dios: "Oh Señor, mira lo que me ha hecho la compañera que me diste. Nunca debiste hacerla mi igual, porque ahora con el don que posee es superior a mí, y me ha despreciado". Dios le reconvino: "Y tú no debiste maldecirla, porque, al igual que sólo Yo puedo conceder dones, juzgar y maldecir es también un derecho que Me corresponde sólo a Mí". Pero se compadeció de él y le creó otra compañera, Eva, de una de sus costillas, para que pudieran perpetuar la especie y continuar su Obra. Sin embargo, las palabras de la maldición de Adán permanecieron en el destino de Lilith, al igual que había permanecido el Poder que Luzbel le había concedido. Y ésa fue la primera y la segunda Condenación, que han marcado desde su nacimiento, como el Pecado Original a los humanos, a todos los Herederos del Poder, hasta ahora. Lilith, en su libertad, tuvo descendencia. Muchos cuentan que sólo dio a luz a monstruos y demonios, pero sólo son habladurías inventadas bajo la influencia de la superstición y la envidia hacia los Herederos del Poder. La realidad es que dio a luz a cinco hijos, cinco niños humanos. Nunca se supo quién fue el padre, si era del lado de la luz o de la oscuridad, pero sus hijos nacieron fuertes, hermosos y sabios. Y los cinco estaban dotados del Poder que Luzbel le había concedido a ella, y eran más poderosos de lo que nunca fue ella. Eran casi como ángeles del cielo, aunque por donde iban, eran mirados con temor y con odio por los hijos de Eva y Adán por la marca que los distinguía, el Poder. Sucedió que uno de estos hijos era más ambicioso que los demás, y Lilith se dio cuenta con espanto de que este hijo miraba mal a sus hermanos por tener que compartir con ellos el don del Poder. Temió que aquel hijo dañara a sus hermanos para quedarse con su Poder. "No", se dijo, "Podemos defendernos de la Condenación de Adán que causó en sus hijos el odio hacia nosotros, pero si empezamos a indisponernos entre nosotros, la familia será destruida". Y tomó la decisión de separar a sus hijos para que ninguno de ellos se viera contaminado por la simiente de la ambición y entrara en su corazón el deseo de hacer daño a sus hermanos. Tomando a sus hijos, los repartió por diferentes lugares de la tierra, diciendo: "Hijos míos, hemos de separarnos, así debe ser. Reproducíos y prosperad; sed cautos con el odio de los hijos de Eva con que Adán nos condenó; y haced que el linaje de Lilith sea fuerte y el Poder se propague por todas las civilizaciones de la tierra". Y profetizó: "Cuando pasen miles de años y el sol blanquee nuestros huesos sobre la arena, nuestros descendientes, Herederos del Linaje del Poder, volverán a encontrarse, y si para entonces han aprendido a amarse como hermanos, formarán la Alianza más poderosa que el mundo nunca conoció o conocerá. Pero si, por el contrario, la semilla de la ambición o la crueldad aún reside en uno solo de sus miembros, la Alianza será débil y la sangre correrá por cientos de años más". Sin embargo, el propio Libro no admite esta leyenda como verdadera, siendo como es que el Poder es patriarcal y se transmite, de generación en generación, únicamente a través de los varones primogénitos, por lo que en ningún caso el Poder podría haber procedido de una mujer. Por eso, cuando se cuenta a los Herederos, apenas se hace como curiosidad, como un simple cuento para niños. En cualquier caso, la leyenda parece encontrarse con la Historia, cuando, años después del descubrimiento del Nuevo Mundo, cinco familias, todas poseedoras del Poder, coincidieron en Europa y decidieron emigrar para escapar de las cruentas persecuciones de brujas practicadas en el continente, especialmente en Francia e Inglaterra. América fue el lugar de destino elegido, cuando uno de ellos, John Putnam, consideró que era una tierra de oportunidades. Putnam, Danvers, Parry, Garwin, Simms; éstos eran los nombres de las Cinco Familias que desembarcaron en la Bahía de Massachusetts en 1666. Decidieron fundar una colonia a la que llamaron Ipswich, como la ciudad inglesa. Gracias al trabajo duro y, en parte, a sus poderes, la colonia se levantó y progresó rápidamente. Sus fundadores trabajaban duro, pero el uso, más o menos discreto, del Poder, era una ayuda extra nada despreciable. Una vez, las cosechas estuvieron a punto de arruinarse debido a una pertinaz sequía, pero las Cinco Familias recurrieron a su Poder para convocar nubes de lluvia y salvaron la temporada. Aquél fue un año de fiesta para todo el poblado. Las Cinco Familias Herederas del Poder crecieron y se enriquecieron, y pronto fueron respetadas y consideradas por todo el condado. La fama de la llamada "colonia de los milagros" se difundió por toda Nueva Inglaterra, y decenas de familias de otras partes de Norteamérica e incluso del viejo Continente, respondieron al canto de sirena de la prosperidad de Ipswich y se trasladaron allí, enriqueciendo aún más el lugar. Las cosas parecían ir sobre ruedas. Pero no todo podía ser siempre felicidad y dicha. Los ecos de persecuciones y cazas de brujas procedentes del continente no tardaron en alcanzar también el Nuevo Mundo, propagándose por todo Massachusetts. Las acusaciones de brujería se hacían sin fundamento, sólo basadas en ignorancia, supersticiones o en muchos casos en envidias; y se hizo patente que no pasaría mucho tiempo hasta que alguien volviera sus ojos sobre ellos y se preguntara el motivo de su repentina y ostensible fortuna. Las Cinco Familias, los Cinco Linajes del Poder, recordaron estremeciéndose las épocas de terror en el Continente y decidieron tomar medidas. Así, tras mucho deliberar, forjaron una Alianza secreta de Herederos del Poder, que sellaron con un Pacto de Silencio constituido por unas férreas reglas que estaban destinadas a evitar que los cazadores y perseguidores de brujas descubrieran su existencia, y que todo el horror de las persecuciones en el Continente se abatiera sobre ellos tal como se había abatido sobre muchos antes que ellos. La Alianza se erigió para velar y escudar al Poder y a sus Linajes Herederos. Paradójicamente, su símbolo, la Estrella de la Alianza, brilló por encima de todo secreto y se convirtió en el estandarte de la libertad de los Herederos del Poder contra la opresión de las persecuciones de brujas, al igual que elichthys, el pez cristiano, fue el símbolo de la esperanza de los primeros cristianos contra la persecución romana. Dicha Estrella consistía en un pentagrama con una punta de estrella por cada Linaje miembro. Cada una de las puntas representaba uno de los cinco atributos que debían poseer los miembros de la Alianza, que a su vez estaban encarnados por un miembro de las Cinco Familias: Philip Danvers ² La nobleza. Philip Danvers siempre había sido el líder tácito de la Alianza, pese a ciertos celos por parte de Garwin y la oposición puntual de Putnam¬ el primero, porque estaba convencido de ser él el que merecían presidir la Alianza; el segundo, porque no estaba de acuerdo con muchas de las reglas que Danvers hacía acatar. Pero, como Danvers tenía la completa adhesión de Parry y Simms, solía ganar en todas las votaciones. Todos los miembros de la Familia Danvers poseían cierta naturaleza innata que obligaba a cada Heredero Danvers a erigirse en figura paterna y protectora de sus compañeros de cada generación, y Philip arbitraba los asuntos de la Alianza con una prudencia y justicia proverbiales. Daniel Garwin ² La inteligencia. Daniel Garwin, perspicaz y calculador, era el rival más directo de Danvers en lo relativo al mando sobre la Alianza, aspecto en el cual se consideraba legítimamente más preparado que éste. Su sabiduría y pragmatismo estaban fuera de toda duda, pero las demás Familias de la Alianza estaban de acuerdo en que Philip Danvers era más juicioso y equilibrado que Garwin, que venía de una familia cuyos miembros, pese a su inteligencia, eran conocidos asimismo por su impulsividad y una forma un tanto radical de hacer las cosas. Sin embargo, pese a esa suspicacia soterrada, Daniel Garwin, haciendo gala de sensatez, comprendía que aunque no le agradara ese arreglo, debía ceder y respetarlo si quería perpetuar la paz de la Alianza. Por eso, salvo algún enfrentamiento verbal contra Danvers, nunca se rebeló contra él y permaneció tan fiel al Pacto como el resto. Benjamin Parry ² La fortaleza. Parry era el opuesto de Daniel Garwin, gente de pocas palabras e ideas, pero de muchos hechos. Su constante y duro trabajo había sacado adelante unas tierras que en principio no eran demasiado buenas, y había acabado enriqueciéndose como el resto. Tal vez fuera un poco impulsivo también, pero era fiel a muerte a Philip Danvers, no importaba la circunstancia. Jonah Simms ² La lealtad. Simms, pacífico y en absoluto ambicioso, siempre había actuado como conciliador cada vez que había distensiones entre algunos de los otros Herederos. Su devoción a la Alianza era notoria¬ se habría dejado matar para proteger su secreto y a quienes él consideraba sus hermanos. Y John Putnam ² La libertad. Si Danvers era el alma de la Alianza, Garwin el cerebro, Parry la fuerza y Simms el corazón, John Putnam era el instinto rebelde y cambiante que suele llevar a las personas a la gloria¬ o a su destrucción. Él era el que hacía las propuestas más novedosas, el que más arriesgaba en su hacienda, y el que más a menudo ponía en tela de juicio las decisiones, a veces demasiado conservadoras, que tomaba la Alianza presidida por Danvers para mantener el secreto del Poder. Putnam era el menos preocupado de todos por los dobles efectos de la Condenación¬ Solía utilizar sus poderes más a menudo que el resto, y era ciertamente menos discreto en mantener el secreto. Sin embargo, aun con sus diferencias, con sus frecuentes tiras y aflojas y diversidad de opiniones entre ellos, las Cinco Familias se las arreglaron para permanecer unidas ante la adversidad externa en una prudente armonía. Su supervivencia dependía de ello. Durante un tiempo, eso fue suficiente. La prosperidad de los fundadores de Ipswich y Herederos del Poder continuó, aunque atenuada. Seguían trabajando y haciendo las mismas cosas, sólo que con más discreción. Era difícil, después de haberse acostumbrado a deslumbrar al resto de colonias con la abundancia y la riqueza que obtenían del uso provechoso de sus poderes, y también a la libertad de poder usar el Poder y que lo tomaran por un milagro en vez de por acto demoníaco, pero todas las Familias se adaptaron como pudieron, y el Pacto se mantuvo. Philip Danvers había temido durante mucho tiempo que, si algo amenazaba la Alianza y al Pacto, eran la distensión y la rivalidad que existían entre él y Daniel Garwin. Aunque éste le había jurado que, pese a no estar de acuerdo, permitiría que él fuera el líder con tal de asegurar la paz entre las Cinco Familias y no crearía problemas, Danvers no acababa de creérselo del todo. Siempre pensó que el pequeño residuo de celos que había en el corazón de Daniel era la semilla de la destrucción de la Alianza de la que hablaba Lilith en su profecía, y por eso se dedicó a vigilarlo atentamente. Pero se equivocó: a pesar de que Garwin era el sospechoso más claro, no fue él quien primero rompió las reglas del Pacto y los puso a todos en peligro de muerte. Fue otro. Todo comenzó cuando la relevancia de las Cinco Familias decayó en favor de los nuevos clanes que se habían instalado en la colonia después de ellos. Las Familias callaron prudentemente y aceptaron el vaivén de la fortuna. Después de todo, no se habían arruinado, seguían siendo ricos y respetables; solamente ocurría que se habían quedado en un segundo plano. Y tampoco era tan horrible. Era más, con el peligro que les acechaba, casi era lo mejor, pensaron. Pero no todos opinaban igual. John Putnam, el último representante de la familia Putnam (y pronto único, a menos que se casara pronto y engendrara al siguiente Heredero, ya que sus padres eran ya bastante ancianos), era un hombre fuerte, vigoroso y con mucho carácter, muy terco, y poco respetuoso de las normas. Y ambicioso, muy ambicioso. Él siempre fue la nota discordante de la Alianza en esa época. Cuando firmaron el Pacto, él, como representante de la familia Putnam, discutió y porfió con los demás miembros sobre muchos de los puntos en los que no estaba de acuerdo. Siempre opinó, y nunca se molestó en ocultarlo, que era una humillación el hecho de que los Cinco Linajes tuvieran que esconderse y replegarse en sus caparazones, mientras que otros grupos y familias más recientes en Ipswich se aprovecharan del duro trabajo que ellos habían realizado. ² No sólo el trabajo ² afirmaba ² Sino que hemos dejando nuestra vida... ¡nuestra sangre!... en esta colonia. Cada vez que usábamos el Poder por levantar este sitio, hemos ido dejando pedazos de nuestra vida, y¬ ¿para qué?... ¡Para que esos haraganes vengan y engorden con los beneficios que nos pertenecen legítimamente! Lo que deberíamos hacer, es difundir al mundo que existimos, que somos superiores a ellos y que nos lo deben todo. ² ¿Y qué hay de las persecuciones? ² le preguntaba Jonah Simms. ² Si viene alguien a dañarnos por lo que somos, será él quien resulte destruido. No por nada somos la Alianza del Poder. ² Recuerda las normas del Pacto ² decía Parry. ² No se puede usar el Poder para dañar a los demás. ² Esas normas no son más que un montón de bosta de caballo. Evidentemente, no era en absoluto lo cauto que requería ser un miembro de la Alianza. El que, además, le gustara utilizar algo más de lo aceptable sus poderes y lo hiciera sin ningún tipo de discreción, empeoraba las cosas. Pero lo que ya traspasó el límite fue que la Alianza tuviera conocimiento de que Putnam, a sus espaldas, estaba usando el Poder para realizar una jugada política y económica que le permitiera mantener el poder absoluto y para reforzar su superioridad y la de las familias de la Alianza sobre las otras, para, algún día, llegar a gobernar todo aquel lugar como reyes. Esto iba en contra de una de las principales reglas del Pacto: no usar el Poder para beneficio propio y mucho menos para obtener dominio sobre los seres humanos. De modo que la Alianza pidió a John Putnam que cesara de sus planes y se retractara de su actitud errónea, y éste se negó. ² ¡Vamos, hermanos! ² protestó ² Todos sabéis que no hago más que mantener lo que nos merecemos. ² Pero con métodos prohibidos ² le contestó Jonah Simms. ² Qué importa eso, estamos en guerra. ² No, John Putnam. ² dijo Daniel Garwin ² No hay guerra, aún no. Intentamos mantener el equilibrio como podemos para que dicha guerra no estalle, pero un comportamiento como el tuyo puede dar la voz de alarma y desencadenar una masacre. ² ¡Pues defendámonos!... ¡Somos más poderosos que ellos! ² Entonces sí que habría guerra, John, y podría caer más sangre aún de la que está destinada a caer. La única solución es que reflexiones y te retractes de tu actitud, o de lo contrario, tendremos que pedirte que abandones la Alianza. ² sentenció Philip Danvers. John Putnam miró arrogante a cada uno de los miembros de la sociedad. Uno a uno les miró a los ojos hasta que los vio bajar la cabeza a todos, menos a ese santurrón de Danvers, que le sostuvo la mirada con firmeza. ² Así que de eso va todo... ¿no? De obedecer todas tus órdenes y puntos de vista, o la expulsión de la Alianza. ² No son nuestras órdenes, son las reglas de un Pacto que firmamos entre todos. ² ¡Un Pacto con el que nunca estuve de acuerdo! ² Decide, John: respeta el Pacto o márchate. Putnam, arrogantemente, abandonó el amparo de la Alianza, afirmando que no los necesitaba para nada. Y a partir de ahí, al no tener la sombra de un Pacto cuyas reglas cumplir, paulatinamente fue perdiendo la poca cautela que le quedaba. Mostraba sus poderes en público, se metamorfoseaba en insectos o arañas para vagabundear y conocer los secretos de sus vecinos, incluso se llegó a rumorear que sedujo a una de sus vecinas mientras ésta dormía, en forma de íncubo. Los miembros restantes de la Alianza se inquietaron: esas prácticas sólo eran propias de los Herederos que se apartaban del camino de la virtud y convertían el Poder en algo tenebroso y maligno que del abusaban sin parar, sin el menor escrúpulo y sin poder detenerse, y que las Familias daban en llamar Oscurecidos, puesto que personificaban la parte oscura de poseer el Poder. Estos seres, de ser Herederos de la luz, virtuosos y justos, pasaban a ser verdaderos hechiceros malévolos y temibles como los que eran temidos por las gentes. Ninguno de los miembros de la Alianza había sabido de la existencia de un verdadero Oscurecido hasta el momento, pese a que se hablaba de ellos en las leyendas que se transmitían de generación en generación; y temblaban ante la idea de que John Putnam, uno de sus hermanos fundadores, fuera el primero conocido en su Historia. La conducta temeraria y ambiciosa de Putnam no podía permanecer oculta por mucho tiempo. Es difícil determinar si eso fue la verdadera raíz de la histeria colectiva contra las brujas en Massachusetts, o apenas fue la gota que colmó un vaso que ya venía lleno desde Europa. Pero, cuando en el vecino poblado de Salem, las acusaciones de brujería formuladas por dos niñas histéricas comenzaron a hacer rodar las cabezas de la mitad de las mujeres del pueblo y buena parte de los hombres (metafóricamente hablando, ya que se los condenaba a la horca), todo se convirtió en una bola de nieve que no hizo sino crecer. Bajo las declaraciones de testigos de algunos de los supuestos "milagros", muchos dedos señalaron a John Putnam y éste fue detenido. En el proceso, se sucedieron las declaraciones de los testigos contra Putnam y su familia. Algunos de ellos afirmaban que lo habían visto con grandes cuernos de carnero y cuchillas en lugar de manos, pero una de las que más le perjudicaron fue la de la mujer a la que había, aparentemente, seducido en forma de íncubo. No era un secreto que Putnam deseaba a la viuda de Jacob Pope y que la había cortejado en muchas ocasiones, ya incluso cuando su marido se encontraba en su lecho de muerte. Agnes "Goody" Pope le había rechazado en todas, porque, según sus palabras, ella se consideraba una sierva temerosa de Dios y no quería tener nada que ver con brujos ni con secuaces del demonio. Y ahora estaba allí, denunciando que, de hecho, sí se había introducido en su cuarto mientras ella dormía, sin respetar siquiera el que ella estuviera esperando un hijo póstumo de su esposo muerto¬ (tras realizar su testimonio, se echó a llorar). Putnam fue llevado hasta la cámara de tortura y allí fue torturado, golpeado, azotado con un látigo y se le aplicaron mil tormentos, pero no confesó. Sin embargo, sentía que menguaban sus fuerzas con cada tortura, y cuando vio que no le quedaba salida alguna, Putnam volvió sus ojos hacia sus antiguos compañeros de la Alianza. Aún encerrado en un inmundo calabozo de la cárcel de Ipswich, donde recalaban algunos de los acusados procedentes de allí, una noche se las arregló para sacar el espíritu de su cuerpo y visitar a sus antiguos amigos en forma incorpórea. Se apareció ante ellos mientras tenían una de sus acostumbradas reuniones de la Alianza en los cimientos subterráneos de la casa colonial de Philip Danvers. Éstos se quedaron de piedra: la traslación extracorporal era también una de las prácticas prohibidas y algo peligrosísimo de hacer mientras estaba preso en Salem. Pero a Putnam no le importaba: ya no tenía nada que perder. ² ¿Por qué no me ayudáis, hermanos, por qué no ayudáis a uno de vosotros? ² les interpeló, desesperado. ² Ya no eres de los nuestros... ¿recuerdas? ² estableció Benjamin Parry, el que más a menudo solía tener discusiones con Putnam ² Tus imprudencias te han llevado hasta tu destrucción. No respetaste las reglas de la Alianza, y vas a pagar el precio por ello. ² Os denunciaré ² jadeó Putnam ² Si no me ayudáis, caeréis todos conmigo. ² ¡No nos amenaces, John! ² la voz de Danvers atronó la sala ² Ya no tienes salvación. Acéptalo, y sométete al castigo que tú mismo provocaste con tu orgullo y tu ambición. Si intentas arrastrarnos en tu caída, te juro por todos mis antepasados y mis descendientes que no lo conseguirás y que lamentarás haberlo hecho. Putnam miró a los ojos de Danvers y leyó en ellos una determinación inquebrantable. Supo que Danvers y los demás estaban dispuestos a todo con tal de proteger su secreto. ² Como queráis ² replicó ² No me ayudéis si no queréis. ¿A qué le tengo que temer, siendo un Heredero del Poder? En cuanto esté en la picota, usaré mis poderes para escapar, y además eso será contemplado como un milagro por esas estúpidas gentes. ² Ya no, John. Se acabó la época de los milagros en Ipswich, ahora sólo queda la brujería. No puedes utilizar el Poder para escapar ² le reconvino Daniel Garwin con suavidad, pero con firmeza ² Si lo haces, acabarás por confirmar las sospechas y temores de nuestros perseguidores y esto se convertirá en algo más que un incidente aislado: será un auténtico baño de sangre que asolará Massachusetts y destruirá todo aquello por lo que hemos trabajado durante años. Y no sólo irán a por nosotros, sino a por tus padres. Ellos serán los que peor parte se lleven en todo. Aunque no sea por nosotros, hazlo por ellos. Putnam volvió a mirar a su alrededor, con furia. Los rostros que lo rodeaban eran severos, pero tristes. No se alegraban de perder a su compañero, pero no podían hacer nada para evitarlo. No sin arriesgar todo lo que tenían, sus haciendas, sus familias, sus vidas. ² ¿Me estás diciendo que debo entregarme a esos fanáticos para que hagan conmigo lo que quieran, y sin hacer nada? Philip Danvers suspiró. ² Es un gran sacrificio, pero es necesario. Sólo así podrás purgar tus errores y mantener a salvo todo lo que has puesto en peligro. ² Cualquiera de nosotros lo haría, si estuviera en tu lugar. ² añadió Simms. ² Sí, pero ninguno de vosotros estáis en mi lugar. No seréis ninguno de vosotros el que será torturado y ahorcado. ¡Seré yo! ² protestó Putnam. Pero el Consejo de la Alianza había hablado. No lo ayudarían. Y, cualquier intento de evadir la situación tan sólo empeoraría las cosas. ² Resígnate, hermano. Confiesa y acepta el destino que quieran imponerte, tal como hizo nuestro Señor Jesucristo. Si lo haces así, la Historia te recordará como una más de tantas víctimas inocentes, y serás un mártir a sus ojos y a los nuestros. Si no... esto no acabará jamás. John Putnam cerró los ojos durante unos segundos, intentando hacerse a la idea. Un Heredero del Poder, uno de los individuos potencialmente más poderosos del mundo... juzgado y condenado como un vulgar criminal. No era justo, no. Pero no tenía salida. Él también había trabajado muy duro para ver a Ipswich floreciente y rico, y no quería verlo todo reducido a cenizas. Y ellos tenían razón: si no se doblegaba ante las acusaciones, eso era exactamente lo que pasaría. Y, además, estaban sus padres. ² Lo haré ² declaró con amarga resignación ² Me someteré. Todos respiraron con alivio. ² Gracias, hermano ² le dijo Danvers ² Siempre te tendremos en nuestros corazones. John Putnam confesó, y fue declarado culpable de brujería y tratos con el diablo y sentenciado a la horca. Se decretó que, por ser un brujo especialmente peligroso y perverso, no sería ejecutado en la plaza municipal de Salem como las demás víctimas. Lo colgarían en su propio granero de Ipswich, donde había cometido muchos de aquellos "actos perversos", para que su espíritu, al morir, no pudiera escapar de su cuerpo y merodear como un espectro por su poblado, contaminándolo de maldad. En el momento de su ejecución, en su propio granero, donde tanto había trabajado y tantas esperanzas había tenido (¿por qué la ambición y la valía recibían tal castigo?), todos sus acusadores estaban allí. El Reverendo Samuel Parris, el padre y tío de las niñas que habían comenzado las acusaciones; el Juez William Stoughton, presidente del Tribunal que había pronunciado el veredicto y dictaminado su sentencia; todos los magistrados y el jurado de dicho Tribunal; y todas aquellas autoproclamadas "gentes de bien y temerosas de Dios" de Ipswich y Salem que habían tenido el valor de venir para ver morir al "hechicero"¬ También estaba allí, en lugar preeminente, el reverendo Cotton Mather, Puritano e ilustre Pastor de la Segunda Iglesia de Boston. Mather, autor de escritos y encendidos sermones contra la brujería, era considerado una autoridad en la lucha contra las brujas y el poder del demonio, y por ello fue el asesor de Stoughton y los demás durante los Juicios. Se decía de él que podía localizar a las brujas simplemente con su instinto, y eso, y el celo con el que las perseguía y atacaba, pronto le hicieron ganarse entre las gentes el sobrenombre de Witchfinder o "cazador de brujas" que otros hombres supuestamente santos ya ostentaban en el viejo Continente. De sus antiguos amigos, los miembros de la Alianza que habían sido sus compañeros, sus hermanos, no había nadie. Todos se habían quedado en sus casas, temiendo que, si asistían a la ejecución, Putnam hiciera o dijera algo que pudiera relacionarlos con él, y atraer las iras de la gente. O tal vez, incluso sin que Putnam hiciera nada. Cuando la soga rodeó su cuello, la resignación de Putnam se convirtió en furia. "Ni siquiera habéis venido ninguno a verme morir", pensó con rabia, dirigiéndose a ellos. "Cobardes bastardos. Me habéis convencido de dejarme matar para que vosotros quedéis indemnes, he sido traicionado por aquéllos a quienes creí mis hermanos. Pero no importa. Incluso desde la tumba, encontraré la manera de vengarme. ¡Malditos seáis, miembros de la Alianza, vosotros y vuestros descendientes hasta la vigésima generación! Llegará el día en que vuestros hijos tengan que pagar con sangre lo que vosotros me habéis hecho." Con su Poder, hizo llegar sus pensamientos a cada uno de sus antiguos compañeros que se encontraban en sus hogares, transmitiendo su espíritu con tal fuerza que traspasó sus mentes inundándola de dolor, y llenando a sus dueños de temor y culpabilidad. Nada le importaba a Putnam usar de nuevo su Poder ahora, en el patíbulo improvisado en su granero. De nada servía ya la cautela o la discreción. De cualquier forma, nadie se apercibió del ligerísimo destello de fuego oscuro que brotó de entre sus párpados fuertemente cerrados. O casi nadie. Cotton Mather, el Witchfinder, de rostro pétreo, gesto adusto y mirada de pedernal, tocado con la capa y el sombrero de la época, tampoco vio la señal óptica del uso de poderes, pero aun así lo supo. Dirigiendo un implacable dedo acusador hacia Putnam, clamó con una voz vibrante que resonó por todo el granero: ² ¡Lo está volviendo a hacer, delante de nosotros!... ¡Vuelve a conjurar sus poderes maléficos concedidos por el demonio!... ¡Puedo sentirlo en mis entrañas!... ¡Vade retro Satana! Aquella dramática declaración tuvo un efecto impactante sobre el morboso público que había acudido a la ejecución. Algunas mujeres se desmayaron, muchas se echaron a llorar y a lamentarse, mientras los hombres prorrumpían en maldiciones e insultos. "¡Brujo!... ¡Demonio!... ¡Matadle!" era lo que más se oía. El Reverendo Parris, el principal instigador de las acusaciones, que sostenía entre sus brazos a su pequeña hija Betty para que ella misma, presenciando la ejecución, pudiera comprobar que muchos de los brujos a los que ella y su prima habían acusado eran realmente colgados, terminó por decir despectivamente: ² Acabad con él de una vez. Una seca patada al taburete, y Putnam perdió todo punto de apoyo con el mundo salvo la soga que rodeaba su garganta. Unos segundos de angustiosa agonía, y después¬ la nada. Pero, un instante antes de que todo se volviera oscuro, John Putnam sonrió astutamente. Porque estaba seguro de que la viuda de Jacob Pope noestaba embarazada cuando él se había deslizado dentro de su cama aquella noche, él podía sentir esas cosas. Y, si estaba embarazada durante el juicio, aquello sólo podía significar una cosa¬ "Mi linaje no morirá conmigo¬ Algún día, no importa cuánto tarde, uno de mis descendientes me vengará con la sangre de los descendientes de mis verdugos, al igual que la de los de aquéllos que con su pasividad contribuyeron a mi muerte. Ese día sucumbirá vuestra patética Alianza, y sólo el legado Putnam prevalecerá", fue su último pensamiento antes de hundirse en el vacío de la muerte. Los Linajes de la Alianza tras la Era de la Condenación: el Círculo de Poder. Tras la muerte de John Putnam durante los Juicios de Salem y, poco después, la de los ancianos padres de éste, sólo quedaron cuatro Familias: los Danvers, los Parry, los Garwin y los Simms. El símbolo de la Alianza, su Estrella, quedó segmentada, puesto que había desaparecido una de las puntas, una de las Familias. Desde ese momento, la Estrella de la Alianza se convirtió una estrella con una punta de menos, que el Libro denomina Estrella Truncada. El extremo de la Estrella que representaba la libertad desapareció junto con Putnam, significando que, a partir de entonces, ésta nunca acompañaría a los miembros de la Alianza. Podrían ser los seres potencialmente más poderosos de la Tierra, pero ya nunca más serían libres: el Poder era un privilegio, un precioso don, pero a la vez una condena. El forzoso secreto les esclavizaba mucho más fuerte que cualquier cadena. Pronto la Estrella Truncada fue sustituida por un nuevo símbolo: un círculo en el que no hubiera extremos ni aristas. El Círculo de Poder, tal y como se llamó al nuevo emblema de la Alianza, representaba la unión entre las cuatro Familias supervivientes, las cuales, a partir de entonces, trabajaron, sintieron y vivieron como una sola. Dicho Círculo ataba entre sí tanto a los miembros supervivientes de la Alianza como a sus Poderes, para reforzarlos y que pudieran protegerse mutuamente. Pero el Círculo simbolizaba, además de la unión entre las Familias, también la fusión de sus Poderes en una nueva dimensión de omnipotencia y fortaleza. Cada uno de los Herederos tenía un inmenso Poder por sí solos, pero los cuatro juntos, combinándolos, formaban un todo invencible y cuasi todopoderoso; llevando su Poder conjunto al nivel absoluto. Era la nueva fase de la Alianza, su etapa adulta y evolucionada, que fue simbolizado en su lugar de reuniones con un círculo tallado sobre el antiguo pentagrama que había grabado sobre el altar de piedra. Durante siglos, la Alianza protegió celosamente las identidades de los miembros y Linajes del Poder supervivientes. Así, en 1773, los Hijos de Ipswich formaron una milicia que fue responsable de alguna de las derrotas más legendarias del ejército inglés, y, junto con algunos miembros de logias masónicas afiliadas, se convirtieron en delegados del primer Congreso Continental. Durante la revolución industrial de Nueva Inglaterra a lo largo del siglo XIX, Ipswich mantuvo su importancia y se convirtió en un centro industrial y de comercio, con lo que las Familias de la Alianza lograron grandes fortunas. Y ya en el siglo XX, durante la II Guerra Mundial, los Hijos de Ipswich de esa generación, como jóvenes graduados del elitista internado Spenser, se unieron a la "Orden Hermética del Amanecer Dorado" de Aleister Crowley para formar un regimiento secreto para combatir varias amenazas sobrenaturales nazis, logrando varios éxitos de vital importancia y salvando en multitud de ocasiones a la humanidad sin que ésta tuviera la menor conciencia de ello. Y sin embargo, pese al secreto celosamente guardado por la Alianza, alguna vez se produjeron fisuras: poco antes de la Gran Guerra, a principios del siglo XX, se editó en Boston una publicación que, aunque soterradas, hacía veladas alusiones a la existencia de individuos con poderes ultrahumanos y mencionaba a las Cinco Familias de la Alianza original relacionándolas con sucesos extraños y tramas de brujería. Afortunadamente, dicho libro, denominado Crónicas del Paganismo, no tuvo mayor trascendencia y su autor, de nombre desconocido, no tuvo oportunidad de seguir investigando y profundizar en el secreto que había pretendido sacar a la luz, ya que murió misteriosamente de sífilis en pocos meses. Por lo que, salvo excepciones, el secreto del Poder de los Hijos de Ipswich se ha mantenido a salvo hasta la actualidad. El Libro de la Condenación. Las reglas del Pacto de la Alianza. Para que las generaciones venideras no olvidaran la importancia del Pacto y de sus historia, los Cuatro Linajes de la Alianza supervivientes de los Juicios de Salem decidieron plasmar todo lo ocurrido y todo lo relativo al Poder y su historia antigua y reciente, en un único documento que pasara de padres a hijos, instruyendo a éstos en los misterios del Poder y sus peligros. Así se escribió el Libro de la Condenación, el libro sagrado de la Alianza, su Biblia, tal vez sagrada, o quizás maldita. Se cree que fue escrito algo después de la Era de la Condenación, alrededor de 1725, y entre otras cosas, contiene una historia de los diferentes poseedores y Herederos del Poder en Nueva Inglaterra (prestando mayor atención a la época de mayor caza de brujas, los Juicios de Salem, que el libro llama Era de la Condenación), y describe las principales reglas del Pacto que deben ser respetadas, so pena de ser expulsado de la Alianza. Si un Heredero era encontrado culpable de romper alguna regla básica o grave y era expulsado, pronto acababa convirtiéndose en un Oscurecido, ya que no tenía el apoyo de la Alianza ni obligaciones para con el Pacto y la adicción al Poder acababa convirtiéndolos en seres ambiciosos y sin escrúpulos, si no lo eran ya antes de ser expulsados. Desde ese momento, ya eran identificados con los practicantes de magia negra. El primer Oscurecido del que tiene noticia el Libro de la Condenación fue John Putnam, expulsado de la Alianza por su ambición y su ansia de dominio mediante su Poder. Eran varias las reglas que tenían que aprender y respetar, so pena de ser sometido a juicio, y de ser hallado culpable, expulsado de la Alianza. Entre ellas, estaban las siguientes: 1) No revelaréis la naturaleza del Poder y sus Herederos a extraños. 2) No usaréis ni haréis muestra de ningún tipo del Poder ante el público; ello pone en peligro el secreto de la Alianza. 3) No usaréis vuestros poderes para vuestro propio beneficio personal. 4) Nunca usaréis vuestro Poder para dañar gravemente a un ser humano, salvo en casos extremos de legítima defensa. Igualmente, nunca lo usaréis para dañaros entre vosotros, Hijos del Poder y Hermanos de la Alianza. 5) No donaréis vuestro Poder, ni aceptaréis Poder donado de otros, ni permitiréis que se lleve a cabo una Donación a terceros, aunque sea voluntaria, salvo en los casos más extremos. 6) Nunca, bajo ninguna circunstancia, llevaréis a cabo prácticas oscuras del Poder. Tales prácticas corrompen el cuerpo más que ninguna otra y destruyen también el alma. Ésta última era la única norma que no admitía réplicas o circunstancias atenuantes. Un uso oscuro del Poder era el peor de los crímenes entre los Herederos, y el único que no se podía perdonar. Entre las prácticas oscuras del Poder se encontraban los sacrificios humanos o animales, las invocaciones a espíritus, o las posesiones, sugestiones o hechizos que ataran de cualquier forma la voluntad o el cuerpo de algún Heredero o humano, o realizar ciertos hechizos. Todas estas cosas estaban prohibidísimas por el Pacto, y sólo los Hechiceros Oscurecidos recurrían a tales artimañas repugnantes. Por ejemplo, solían convocar con frecuencia a unos espíritus inferiores denominados Tétridos o Darklings, unos entes brumosos procedentes de una dimensión desconocida entre este mundo y el otro. Los Oscurecidos se servían de ellos para hacer daño a sus enemigos o simplemente para aterrorizarlos, ya que podían tomar la apariencia que deseara su invocador, por espeluznante que fuera. Igualmente, a menudo, para realizar su trabajo sucio se valían de los Eimers, que eran unos espectros violentos que se alimentaban del dolor y el sufrimiento de los vivos (1). Las posesiones eran otra manera de utilizar a los humanos para su beneficio. A veces era el propio Oscurecido el que poseía la voluntad del humano, en este caso la víctima se transformaba en Energoumenoi, un cuerpo sin alma que sólo ejecuta las acciones ordenadas por el hechicero. En otras ocasiones, era un ánima o espíritu desencarnado el invocado por el Oscurecido para posesionarse del cuerpo del humano. En este caso, los Dybbuk (2), dichos espíritus incorpóreos, podían ser tétridos o bien fantasmas de otros humanos cuya muerte violenta no les permite trascender a un plano superior de la existencia, y que vagan por nuestra dimensión esperando posesionarse de otros humanos para obtener venganza por su sufrimiento. Los hechizos eran diversos rituales que canalizaban el Poder del Heredero para la consecución de algún efecto deseado. Antes de la aprobación de las Reglas del Pacto, los Herederos del Poder podían recurrir a multitud de hechizos para lograr sus objetivos: crear lluvia, hacer crecer la cosecha, desviar el curso de los ríos¬ pero, tras la promulgación del Pacto, casi todos fueron declarados ilegales, porque suponían una transformación demasiado radical que alteraba peligrosamente el equilibrio natural y espiritual tanto del autor del hechizo como de las personas y cosas que se veían afectadas por éste, por no hablar del peligro de ser descubiertos. Muchos hechizos requerían componentes externos, pero la mayoría sólo necesitaban una invocación hablada dicha de labios del Heredero, que debía conocer las palabras exactas. Había muchos tipos de hechizos, como los de creación de formas o vida, de destrucción o de transformación, pero había hechizos para casi cualquier cosa: algunos ejemplos eran la Donación, la Filocapción o la Regeneración. La Donación, ya mencionada, era el acto de cesión de los Poderes a otro Heredero, peligroso de por sí porque la acumulación, en un solo Heredero, de más Poder del que le correspondía por nacimiento, encendía en éste la llama de la ambición y el ansia de aún más Poder. La Filocapción era un hechizo destinado a originar el amor, pero no cualquier tipo de amor, sino un amor obsesivo y devastador que subyugaba y terminaba destruyendo al infortunado o infortunada que hubiera tenido la desgracia de ser el objeto del hechizo. El Pacto lo declaraba ilegal, pero, de todos modos, los Herederos nunca se habrían rebajado a llevarlo a cabo: nunca necesitaron fabricar amor artificial, todas sus generaciones fueron amadas y mimadas por las mujeres. Además, el hechizo de Filocapción estaba encaminado a crear esclavos, no amantes, por lo que sólo los Oscurecidos solían practicarlo. Pero peor que estos dos era la Regeneración, un hechizo que servía para reconstituir el cuerpo físico de un Heredero que estuviera consumido por el abuso de su Poder o que hubiera sido malherido. Para ello, el Heredero debía absorber la energía vital de alguien virgen, preferiblemente una doncella que hubiera rebasado la pubertad o un niño, aunque se necesitaban varias víctimas para reconstituir un cuerpo muy deteriorado. El uso de vírgenes estaba relacionado con la inocencia del alma, que hacía que la energía vital de sus cuerpos fuese de una pureza extrema, fácil de absorber, la cual restablecía la juventud del cuerpo, fortaleciéndolo. La víctima elegida moría indefectiblemente, quedando como momificada y con los ojos sin color. Esta práctica era una de las más graves y prohibidas en el Libro de la Condenación, ya que rompía varias reglas a la vez: asesinar humanos inocentes (y, si se hacía descuidadamente, llamar la atención de los humanos, atentando de paso contra el secreto de la Alianza) y el uso oscuro del Poder. Ni siquiera los Herederos cuyo cuerpo se consumía tras el abuso de poder se habrían atrevido a llevarlo a cabo, sólo los Oscurecidos de tendencias realmente malvadas podrían llegar a hacerlo. Quienes llegaran a tal nivel de perversión, no sólo eran expulsados de inmediato de la Alianza sin juicio alguno (si aún pertenecía a ella, cosa por lo demás bastante improbable), sino que eran perseguidos por los demás miembros de la Alianza para aplicar al culpable un castigo ejemplar, que podía ir desde el confinamiento perpetuo a la pena de muerte. Se procedía con tanta crudeza porque estaban convencidos de que quien realizara ese tipo de prácticas, daba excusas a los perseguidores de brujas para hacerles creer que realmente eran malignos y dañinos, y que debían desaparecer. Las Armas Sagradas. El Libro de la Condenación también recoge la existencia de las Armas Sagradas de los Herederos, pese a que, desde hace siglos, ninguno de los Linajes del Poder las ha visto ni ha sabido nada de ellas, de forma que las generaciones más modernas de los Hijos de Ipswich creen que se trata de una leyenda tan improbable como la de Lilith. Sin embargo, las Armas Sagradas existieron realmente, y por ser indestructibles, se cree que aún existen hoy día, pese a que permanecen desaparecidas. Al igual que el del Poder mismo, se desconoce el verdadero origen de las Armas Sagradas. Según establece el Libro, fueron forjadas en Europa septentrional, o tal vez China, o tal vez India, en un período indeterminado cercano a la época de las Cruzadas. Según se dice, ciertos Herederos del Poder de esas eras creyeron preciso concebir defensas activas ante el acoso, cada vez más tenaz, de las órdenes militares y religiosas que se creían con el derecho de limpiar todo lugar de herejes¬ así como ante los asaltos de los Oscurecidos, los Herederos renegados cuyo único objetivo era el Poder absoluto, el cual pretendían obtener arrebatándoselo a sus Hermanos en el Poder más rectos. Así, mediante un fantástico procedimiento que sólo podía ser ejecutado empleando gran parte de Poder, consiguieron producir una aleación secreta con ciertos metales preciosos, algunos mágicos y desconocidos para el común de los mortales. Sólo algunos de ellos se nombran en el Libro de la Condenación: la plata, metal precioso de reconocido efecto contra influencias malignas; un mineral extremadamente raro extraído del corazón de África que podía absorber cualquier sonido o impacto por fuerte que fuese y que los hombres del siglo XX dieron en llamar vibranium; y el uru, material al que se atribuía un origen divino y que absorbía la magia como una esponja (3). Dado el dificilísimo proceso que se necesitó para obtener esta extraordinaria aleación, sólo se pudo conseguir en una ocasión, aun conjugando los Poderes de los Herederos. Y, además, la cantidad de aleación resultante fue extremadamente limitada, tanto, que sólo dio para forjar dos juegos de armas formados por espada y escudo. El por qué de la elección de espada y escudo como armas no está claro, pero eran las armas más comunes en la época de las Cruzadas, además de que las espadas tenían un propósito ofensivo y los escudos propósito defensivo. Las espadas eran gemelas e idénticas, así como los escudos, y lo único que diferenciaba un conjunto de otro era que una de las espadas tenía una empuñadura negra guarnecida de rubíes, obsidiana y ópalos negros, y la empuñadura de la otra era blanca y guarnecida de ópalos blancos, cristal de roca y diamantes. Igualmente, un escudo se veía más claro que el otro a pesar de estar hechos del mismo material, y el mismo conjunto de minerales preciosos adornaba cada uno de ellos. La llamada "Espada Negra" se llamó Volksung y su escudo Aegir; mientras que la "Espada Blanca" fue llamadaCaladbolg y su escudo correspondiente Argos. Los Herederos del Poder custodiaron celosamente las Espadas Gemelas y sus Escudos durante generaciones, pero la desgracia cayó sobre ellos en la época de mayor persecución a las brujas durante los siglos XVI y XVII. Casi al comienzo de este período, y antes de que los Cinco Linajes emigraran desde Europa para empezar de cero en el Nuevo Mundo, la Inquisición y los cazadores de brujas arrebataron a los Herederos aquel tesoro en uno de sus muchos expolios que realizaban sobre toda la gente a la que condenaban y robaban. De este modo, las armas que inicialmente crearon los Herederos para su protección acabaron en manos de sus peores enemigos, quienes las utilizaron de forma activa contra ellos. Los inquisidores y cazadores de brujas, ignorando su origen, creían firmemente que aquellas armas no eran sino instrumentos conferidos por la gracia de Dios para luchar contra lo que consideraban el "poder del Maligno", ya que eran las únicas que podían resistirse al Poder de un Heredero, y un humano normal podía protegerse con ellas de cualquier embate del Poder sin sufrir daños. Las llamaban el "acero santo", y gracias a ellas más de un Heredero cayó ante sus enemigos. Cuando la fiebre de persecuciones en Europa pareció descender, Volksung, Caladbolg y sus respectivos escudos desaparecieron de la faz de la tierra. Sólo permanecieron en la memoria de los Herederos en forma de fábulas y leyendas, pero ellos casi preferían que no volvieran a aparecer, habiendo comprobado lo que era que cayeran en manos enemigas unas armas tan poderosas que ni ellos mismos pudieran vencerlas. (1) Dicho tipo de fantasma aparece en el cuento Sisetnis del uruguayo Gerardo Bloomerfield, que podéis encontrar en la Red (muy recomendable si os gustan los cuentos de terror). (2) Los Dybbuk, espíritus tomados de la mitología judaica, aparecen nombrados en el cómic book de "The Covenant" (nº 2). En el cómic, es un espíritu desencarnado de una muchacha asesinada por el "Hechicero de Wood's Hole", que espera su venganza. En la mitología judaica, es un espíritu que posee a las personas. He querido unir ambos conceptos. (3) El vibranium y el uru no son creación mía, sino que existen en el universo de los comics Marvel. El vibranium, procedente de Wakanda (patria del Vengador Pantera Negra), es el principal material del que está hecho el escudo del Capitán América. En teoría procede de un meteorito extraterrestre que se estrelló contra Wakanda en épocas prehistóricas. El uru, material mágico procedente de Asgard, es el principal componente del martillo del dios Thor. Los Hijos de Ipswich: el Poder en la actualidad. Los peligros del Poder El Poder ha permanecido igual desde el comienzo de los tiempos, desde, según la leyenda, la época de Adán y Lilith. Actualmente, los Herederos del Poder, los Hijos de Ipswich, siguen un proceso similar desde hace siglos. Al nacer, el Poder ya vive en ellos, pero sus habilidades permanecen latentes hasta que cumplen los 13 años. En ese momento, se despierta en ellos una pequeña parte de sus poderes, para que puedan aprender a reconocerlos y a manejarlos en espera de recibir el resto en el momento exacto de su 18 cumpleaños. Ese momento se denomina Ascensión, y es la transformación por la cual reciben la totalidad de sus poderes, que suele ser ingente comparado con la pequeña muestra que tenían anteriormente. Es un proceso bastante traumático y marca al Heredero como poseedor adulto del Poder y miembro de facto de la Alianza. De cualquier forma, cada generación de Hijos de Ipswich no está completa hasta que no han Ascendido todos y cada uno de sus cuatro miembros. Cuando el último de ellos cumple los 18 años y Asciende, el Círculo de Poder se activa, el Poder de los cuatro Herederos se fusiona fluyendo por las venas de cada uno de ellos y es entonces cuando la Alianza se vuelve casi todopoderosa. Esto tiene sus incuestionables ventajas, desde luego, pero también tiene sus inconvenientes. Cada generación de Hijos de Ipswich debe vigilar el no perder a ninguno de sus miembros mientras no tenga hijos o hermanos que puedan perpetuar la línea familiar, puesto que, si desapareciera otro Heredero sin dejar descendencia y se extinguiera otro Linaje, esta vez el Círculo del Poder se rompería y gran parte del Poder generado por él desaparecería para siempre. Por lo general, la tradición establece que los miembros de la Alianza, Hijos de Ipswich de la misma generación, deban nacer todos dentro del mismo año, esto parece ser que facilita que haya cierta conexión empática entre ellos y puedan percibirse los unos a los otros, especialmente cuando están usando el Poder. El orden en el nacimiento de los Herederos marca su posición dentro de la jerarquía de la Alianza, siendo el mayor de ellos el que ejercerá el liderazgo. Normalmente, y sin motivo lógico o aparente, el orden ha sido casi siempre invariable: Danvers ² Garwin ² Parry ² Simms; pero también en esto hay excepciones a la regla, como por ejemplo en esta generación actual de Hijos de Ipswich, en la que el Heredero Parry nació antes que el Heredero Garwin, y por tanto ocupa su posición dentro de la jerarquía de Poder. El Poder es la vida para los Herederos. Con suficiente entrenamiento, proporciona capacidades como la levitación, la telepatía, la telequinesis (mover objetos con la mente)¬ Un Heredero nunca estará ya indefenso, puesto que el Poder se manifiesta asimismo en forma de capacidad para realizar ataques psiónicos, condensando la energía de su Poder en campos de fuerza o esferas de energía con los que puede atacar o defenderse, y con esto llevará las de ganar siempre que no se enfrente a otro Heredero de Poder superior a él. Estas capacidades y muchas más son iguales en todos los Herederos, dependiendo del nivel de Poder. Pero, además, cada Heredero nace con el llamado Hechizo Rojo (1), una habilidad especial única en él y que no comparten sus compañeros. El Hechizo Rojo es diferente para cada Heredero, y es su poder más inherente y fácil de manifestar. Es muy difícil de predecir cuál será el Hechizo Rojo de cada Heredero antes de que éste se manifieste, se cree que cada uno debe explorar sus habilidades hasta encontrar aquélla que pueden realizar con mayor facilidad, desde la intuición. Igualmente, también es muy útil en la vida social: el Poder en los Herederos genera el Charisma, un efecto mágico que irradian de forma natural ante todo el mundo, hombres y mujeres, y que les concede un gran atractivo físico y les hace populares, admirados y deseados. Además, pueden potenciarlo sobre quien deseen. Pero el Poder también conlleva peligros para los Herederos. Estos peligros están derivados, según la leyenda, de la maldición de Adán, que ellos denominan Condenación. Esta Condenación afecta a los Herederos desde dos facciones: En primer lugar, el uso continuado del Poder provoca el envejecimiento prematuro del cuerpo del Heredero que lo utilice, por lo que los Herederos deben controlarlo y no abusar de él. Por desgracia, muchos encuentran muy difícil resistir la tentación de usarlo a menudo para conseguir fácilmente todo lo que desean. El abuso de los poderes causa una seria adicción, es lo que Gorman Twoberry, uno de los guardianes del secreto del Poder que ha velado por los Hijos de Ipswich durante generaciones enteras, llama la Maladie: la enfermedad del espíritu que acecha a todos los Herederos, el ansia del Poder. Tras el uso del Poder, viene el abuso. Tras el abuso; la Maladie, la adicción. Tras ésta, el ansia de más Poder, y todo ello acaba con la desintegración física y moral del individuo. En segundo lugar, por la Segunda Condenación de Adán, los Herederos y todos aquellos quienes les rodean nacen con una maldición natural ligada al Poder, innata y tan inevitable en ellos como el Pecado Original para los cristianos. Por la Condenación de Adán, están destinados a ser temidos, envidiados, odiados y perseguidos por causa de su don, aunque algunos creen que es simplemente por la envidia de los humanos. Por eso, a la época de mayor auge de la persecución de las brujas en Massachussets, entre mediados del siglo XVII y mediados del XVIII (y muy especialmente los sucesos acaecidos durante los célebres Juicios de Salem), se la suele llamar la Era de la Condenación, porque es cuando más se manifestó esta parte de la maldición de Adán. La Condenación es la raíz de las persecuciones a brujas, junto con la ignorancia y la superstición; y es la causa de que los Herederos del Poder deban guardar sus poderes en secreto. Los enemigos ocultos: el Linaje de la Sombra y los Witchfinders. Durante los tres siglos siguientes a la Era de la Condenación, una estricta observación de las reglas del Pacto protegió el secreto de los Cuatro Linajes y los mantuvo a salvo, o eso creían. Ignoraban por completo que, desde las sombras, iban tomando forma dos letales amenazas a su supervivencia. Peligros que se habían estado ocultando y desarrollando durante aquellos siglos y cuyas existencias salieron a la luz casi simultáneamente, a principios del siglo XXI¬ y en las peores circunstancias, durante el difícil año de transición en el que tuvieron lugar las Ascensiones de la generación de Hijos de Ipswich nacidos entre 1988 y 1989. De la primera de ellas se tuvo noticia por primera vez en otoño de 2006. En ese momento, dicha generación de Herederos estaba a las puertas de abandonar la adolescencia, a punto de iniciar el difícil año de transición que les llevaría a Ascender y a convertirse en auténticos miembros de la Alianza. Todo comenzaría cuando el mayor de ellos, Caleb Danvers, Ascendiera y se convirtiera en el primero de su generación, obteniendo los fantásticos poderes que les estaban reservados tanto a él como a sus tres compañeros. En ese momento apareció un extraño en sus vidas, alguien que en un principio se presentó como un amigo, y al que todos acogieron bien (salvo Pogue Parry por asuntos personales que no vienen al caso). Ese extraño, Chase Collins, parecía amistoso y jovial, y lo rodeaba un carisma especial que lo hacía caer bien prácticamente a todo el mundo. No fue sino tras una serie de misteriosos acontecimientos que Danvers y Parry empezaran a sospechar que en aquel simpático y encantador muchacho no todo era tan limpio como parecía. Tras varias indagaciones, hallaron la verdad que John Putnam se había llevado a la tumba: el hijo que Agnes Pope esperaba cuando lo ejecutaron era suyo, por lo que su Linaje no se había extinguido¬ y no sólo eso, sino que el aparentemente cándido Chase Collins era el último descendiente de ese Linaje¬ un Heredero como ellos, otro miembro de la Alianza. Por desgracia, ése no era el único secreto que ocultaba Collins, o Pope, quien no había llegado a reconstituir la Alianza junto con sus hermanos sino al contrario. Su bien armado disfraz de cordero ocultaba un lobo terriblemente peligroso¬ y hambriento, muy hambriento, por el Poder de sus compañeros. Sus años transcurridos en soledad habían desarrollado en él una enorme adicción al uso de sus Poderes, y para cuando llegó a Ipswich estaba totalmente consumido por la maladie, el ansia de Poder, si bien aún era muy pronto para comenzar con la degradación física. Su único propósito allí era arrebatar sus Poderes a sus compañeros, comenzando por quien antes iba a obtenerlos, Caleb Danvers. En cuanto vio sus cartas descubiertas, Chase intentó chantajear a Caleb y, la noche de la Ascensión de éste, los dos acabaron enfrentándose a muerte en el granero donde siglos atrás habían ahorcado a John Putnam. Caleb estuvo a punto de morir a resultas del enfrentamiento, ya que Chase Collins tenía doble cantidad de Poder: la que le correspondía normalmente tras su Ascensión, y la de su padre, a quien había conseguido convencer para que le donara su Poder como forma de eutanasia. Pero, gracias al sacrificio de su propio padre, quien realizó a su vez el ritual de Donación para cederle sus Poderes, Caleb Danvers consiguió igualar fuerzas con él y vencerle. Vencerle, aunque no matarle: Chase Collins desapareció y su cuerpo nunca fue encontrado. Tras aquello, los hijos de Ipswich tomaron conciencia del trascendental cambio que esto había producido en su historia. Otro Linaje había ido perpetuándose de forma simultánea a los de ellos y de forma aparte de la Alianza, y, lo que era peor: a la vista de lo que había intentado su último descendiente y de los métodos que había utilizado, era más que probable que ese Linaje estuviera enteramente formado por Oscurecidos. Por ello, decidieron escribir un nuevo capítulo en el Libro de la Condenación en el que se advirtiera a las generaciones futuras del resurgimiento del 5º Linaje¬ y del peligro que éste implicaba. Por lo que sabían de aquel Linaje formado, aparentemente, por una larga dinastía de Oscurecidos, dieron en llamarloLinaje de la Sombra. Un Linaje que, a través de su último descendiente, venía a cumplir las promesas de venganza de su antecesor John Putnam, y que no iba a desaparecer así como así. Chase era verdaderamente escurridizo, astuto y peligroso, y no iban a librarse de él fácilmente. De hecho, mucha sangre tendría que derramarse antes de que los Hijos de Ipswich pudieran considerarse libres de su acecho. Pero si la amenaza que representaba Chase Collins como último descendiente del Linaje de la Sombra no podía ser tomada a la ligera, había otra estirpe, otra línea familiar transmitida también desde la Era de la Condenación y aun antes, que suponía un peligro aún mayor para los miembros de la Alianza. Porque si el Linaje de la Sombra quería "tan sólo" arrebatarles su Poder, la otra dinastía oculta quería, lisa y llanamente, destruirlos. Y sin contemplaciones. En la Edad Moderna, durante la persecución a las brujas que alcanzó su máxima expresión entre mediados del siglo XVI hasta mediados del XVII, fue el auge de los cazadores de brujas: inquisidores, monjes y/o juristas, que se ocupaban de identificar brujas, hacerles confesar (muy a menudo bajo tortura) y las ejecutaban. Se publicaron cientos de tratados de demonología y manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo XV hasta avanzado el siglo XVII. El más famoso de todos ellos, el Malleus Maleficarum (el "Martillo de las brujas") fue escrito en 1486 por dos monjes dominicos. En el acto, y a lo largo de los tres siglos siguientes, se convirtió en el manual indispensable y la autoridad final para la Inquisición, para todos los jueces, magistrados y sacerdotes, católicos y protestantes, en la lucha contra la brujería en Europa. Abarcaba los poderes y prácticas de los brujos, sus relaciones con el demonio, su descubrimiento y su castigo, por lo que tuvo un profundo impacto en los juicios contra las brujas a lo largo de los siglos siguientes y se convirtió en la primera fuente para la caza de brujas. En Europa, el más famoso cazador de brujas fue Matthew Hopkins, cuyo celo y ardor en la persecución de las brujas le hicieron ostentar el cargo deWitchfinder General. A partir de él, todos los cazadores de brujas de prestigio fueron conocidos de forma oficiosa por el título que había distinguido a su más famoso representante: Witchfinder¬ rastreador y cazador de brujas. En la América colonial de la Era de la Condenación, el Witchfinder más importante fue Cotton Mather, hijo y nieto de otros puritanos como él. Todos ellos persiguieron de alguna forma a las brujas, pero ninguno tan ardientemente como el citado Cotton. Fueron los sermones y escritos de éste los que alimentaron la histeria que provocó los Juicios de Salem, y por tanto sus argumentos los que llevaron a la horca a John Putnam. Mather parecía saber de alguna manera que Putnam era diferente a los demás acusados, puesto que lo hostigó con verdadera saña y lo acosó como un sabueso a su presa, sin descansar hasta verlo colgado por el cuello en su granero. Cotton Mather nunca se casó y tras su muerte su línea familiar pareció extinguirse, pero, tal y como se vería después y al igual que en el caso de John Putnam, aquel hecho aceptado no fue más que una errónea apariencia. En la Era de la Condenación, hubo muchos charlatanes y fanáticos que actuaron como inquisidores y cazadores de brujas, pero pocos de ellos eran auténticos Witchfinders en el sentido más estricto de la palabra. Un Witchfinder nace, no se hace, y debe tener ciertas características congénitas y heredadas que les impulsan a luchar contra el Poder, lo cual es, en última instancia, su misión en la Tierra. Los verdaderos Witchfinders poseen de forma innata un sexto sentido que puede percibir el Poder en un Heredero (sobre todo si lo usa de forma intensa) y un odio instintivo hacia todos ellos que les lleva a perseguirlos sin tregua: se cree que favorecieron la condena de miles de inocentes con la esperanza de atrapar, de entre ellos, a algún verdadero Heredero (cosa que, por ejemplo, consiguieron en Salem cuando Cotton Mather logró que ejecutaran a John Putnam). En la actualidad, casi todos los Witchfinders han desaparecido, ya que la evolución cultural y sociológica que la humanidad ha experimentado durante los últimos tres siglos han hecho que la caza de brujas como tal se convirtiera en un episodio oscuro y obsoleto de la Historia y por tanto los cazadores de brujas ya no son necesarios. Y, sin embargo, al igual que se mantienen los linajes de las familias fundadoras de Ipswich, también subsiste aún una línea familiar conocida procedente de antiguos Witchfinders, que en 2006 contaba con dos descendientes vivos. Durante siglos, la familia Mathews ha perseguido y eliminado a varios portadores del Poder, siendo la más larga dinastía de cazadores de brujas hasta el momento. Sin embargo, nunca habían conseguido acabar con los principales Herederos del Poder, los descendientes de las familias fundadoras de Ipswich, porque el Pacto suscrito entre ellos hizo que, pese a sus esfuerzos, nunca percibieran su existencia. Ninguno de los miembros de las familias Danvers, Garwin, Perry y Simms mostró nunca sus poderes de forma tan activa como para que pudieran percibirlo los sentidos innatos de estosWitchfinders, salvo una vez... Samuel Mathews es el penúltimo de esa dinastía de cazadores de brujas. Bajo su impecable apariencia de civismo y formalidad, Mathews es un peligroso fanático, más de lo que nunca fueron sus antepasados más directos, a un nivel comparable al de los puritanos del siglo XVIII. En parte, esto es debido a que él consiguió lo que sus antepasados más directos no lograron: descubrir la existencia de los auténticos portadores del Poder. Su fracaso en su primer intento de acabar con ellos enardeció aún más la llama de odio y venganza que ardía en él, y juró que algún día acabaría con todos. No importaba si tenía que sacrificarse a sí mismo¬ y a la sangre de su sangre, en el proceso.
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