El Testimonio de La Fraternidad de La Rosacruz

March 26, 2018 | Author: ElKabballero Dela Gruta | Category: Rosicrucianism, Christ (Title), Love, Woman, Truth


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LOS SECRETOS DE LA FRATERNIDAD DE LA ROSACRUZANÁLISIS ESOTÉRICO DEL TESTAMENTO ESPIRITUAL DE LA ORDEN DE LA ROSACRUZ POR JAN VAN RIJCKENBORGH La llamada de la Fraternidad de la Rosacruz (Fama Fraternitatis R. C.) El testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz (Confessio Fraternitatis R. C.) Las bodas alquímicas de Cristian Rosacruz (Chymísche Hochzeit Christiani Rosenkreutz, anno 1459) EL TESTIMONIO DE LA FRATERNIDAD DE LA ROSACRUZ ANÁLISIS ESOTÉRICO DE LA CONFESSIO FRATERNITATIS R.C. POR JAN VAN RIJCKENBORGH Índice El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz 1. La reforma del mundo 2. Serpentario y Cisne (I) 3. Serpentario y Cisne (II) 4. Serpentario y Cisne (III) 5. El nuevo lenguaje de la magia 6. El libro maravilloso 7. La transmutación de los metales y el remedio supremo 8. Seudo-alquimia El Testimonio de la Fraternidad de la Rosacruz Dirigida a los eruditos de Europa ¡Saludos al lector! Aquí encontrará, estimado lector, treinta y siete razones que constituyen el fundamento de nuestras reflexiones. Tal como están expuestas en esta Confessio, puede compararlas entre sí y después meditar sobre ellas, para que pueda comprobar por sí mismo si son de su interés. Sin duda, nuestra preocupación más íntima es la de transmitirle la creencia en aquello que aún no ha visto la luz del día. Sin embargo, tan pronto como todo esto se vuelva realmente visible, nos parece que nos avergonzaremos de las actuales interpretaciones. Y así como ahora, sin mayor peligro, llamamos al Papa el anticristo — lo que antaño era considerado un crimen capital en todas partes— así sabemos que en el futuro se hablará en voz alta de lo que aquí y ahora expresamos de forma velada y vacilante. Que usted, lector, pueda desear de todo corazón, junto con nosotros, que esto suceda lo más pronto posible. La Fraternidad de la Rosacruz I Oh mortales, no toméis por inventados todos los rumores que han llegado a vuestros oídos sobre nuestra Fraternidad por la llamada de la Fama R.C., ni opinéis recelosos que son el resultado de nuestra arbitrariedad, pues, ahora que el mundo está a punto de desplomarse al llegar este período a su fin, es Jehová quien invierte el curso de la naturaleza y revela sin más, incluso a quienes ni siquiera piensan en ello, lo que antaño fue buscado con grandes esfuerzos y por medio de una labor infatigable. Él lo ofrece ahora a los que manifiestan desearlo, a la vez que también lo impone a quienes no lo quieren; para que los hombres piadosos se vean aliviados de las fatigas de esta vida humana y sea dominada la fuerza de las tempestades, provocadas por la inconstancia de la fortuna; y para que los malvados vean aumentados sus pecados y los castigos que merecen. Opinamos que nuestro objetivo y nuestro empeño, con los que llevaremos a cabo la voluntad de nuestro sublime Padre, les quedarán suficientemente claros a través de la Fama. También pensamos que no se nos puede acusar de ninguna herejía, ni de malas intenciones contra el estado —ya que condenamos los sacrilegios de los que es objeto nuestro Señor Jesucristo, de los que son culpables tanto Oriente como Occidente (entiéndase, tanto Mahoma como el Papa)— y tanto más por cuanto ofrecemos nuestras oraciones, nuestros misterios, y además un tesoro considerable en forma de oro, al jefe supremo del imperio. Sin embargo, nos ha parecido oportuno, por respeto hacia los eruditos, dar más amplias explicaciones de aquellos pasajes de la Fama que pudieran parecer demasiado breves o que no se hubieran podido expresar en otras lenguas*. Con ello esperamos poder conseguir la estima de los eruditos y hacer más aceptables para ellos nuestras reflexiones. II En lo que respecta a la purificación de la filosofía, en la medida en que esto deba ser emprendido ahora, ya hemos explicado que está enferma. Pese a las numerosas afirma- ciones que le atribuyen una buena salud, para nosotros no cabe duda que su fin se aproxima. No obstante, al igual que habitualmente la naturaleza proporciona un remedio contra una enfermedad nueva e insólita en el mismo lugar donde ésta apareció, así surgen, en medio de los más virulentos síntomas de enfermedad de la filosofía en nuestro país, suficientes y excelentes remedios para su curación, lo que permitirá que recobre la salud y que, como nueva o renovada, aparezca en un mundo cuya renovación es inminente. Sin embargo, para nosotros no existe más filosofía que la coronación de todas las facultades, ciencias y artes. Ella abarca, por lo que concierne a este siglo, sobre todo la teología y la medicina y, en menor grado, la jurisprudencia. Es una filosofía que escudriña el cielo y la tierra con un arte de disección formidable, o que, para decirlo de forma abreviada, expresa suficientemente que el hombre como individuo es un microcosmos. Los más modestos entre los eruditos encontrarán, en cuanto acepten nuestra invitación, cosas todavía más sorprendentes que las que hasta ahora han creído, admirado y proclamado. III Si queremos desvelarles en pocas palabras nuestras reflexiones, debemos esforzarnos en no provocar asombro acerca de nuestro llamamiento, y resaltar claramente que el que desvelemos estos grandes secretos no significa para nosotros que pierdan su valor*, ni que no tengamos reparo en sembrar por doquier los rumores de su existencia**. Pues, en efecto, es legítimo pensar que, en muchas personas, nuestra inesperada complacencia suscitará confusión, ya que aún no han experimentado las revelaciones del sexto período y no han podido leer ni el presente ni el futuro en la rotación del mundo. Ocupados en los contratiempos propios de su época, deambulan en este mundo como ciegos que, incluso a plena luz del día, sólo distinguen aquello que pueden tocar con sus manos. IV En relación con el primer párrafo del capítulo anterior, opinamos que las observaciones de nuestro Padre Cristian sobre todas estas cosas que fueron descubiertas, trabajadas y ampliadas a través de la inteligencia humana desde la creación del mundo, sea por revelación divina, sea por la ayuda de los ángeles y de los espíritus, o bien por una comprensión penetrante o por la experiencia de apreciaciones cotidianas, son tan notables que, aunque Dios Todopoderoso decretase la destrucción de todos los escritos, su excelencia y su esplendor podrían servir a la posteridad como nuevos fundamentos para las ciencias, sobre los que edificar una nueva fortaleza de la verdad. Puesto que el edificio abandonado está tan deteriorado, tal vez esto sería más fácil que ampliar un vestíbulo, o colocar unas ventanas que permitieran la entrada de más luz en las habitaciones, o cambiar puertas, escaleras y otras muchas cosas, de acuerdo con nuestras intenciones. ¿Cómo podrían parecemos de tan poco valor, cosas tan elevadas? ¿No será que sólo nos fueron dadas para que adquiramos conocimiento? Más bien, ¿no estarían pensadas para utilizarlas a su debido tiempo? ¿No nos complacería encontrarnos en la paz y el sosiego de esta única verdad, que los hombres han buscado en tantos laberintos y caminos tortuosos, si realmente hubiese sido la intención de Dios que el sexto candelero fuera reservado sólo para iluminarnos a nosotros? ¿No nos bastaría con no tener que preocuparnos del hambre, ni de la pobreza, ni de la enfermedad, ni de temer a la senilidad? ¿No sería maravilloso vivir para siempre así, como si hubiésemos vivido la historia del mundo desde sus orígenes;- hasta su fin? ¿No sería maravilloso habitar en un lugar tal que los pueblos que vivan más allá del Ganges no pudieran disimular sus actos, ni los peruanos privarnos de sus consejos? ¿No sería delicioso poder leer en un único libro que nos permitiera leer, comprender y retener el contenido de todos los libros que han existido y que están por venir y aparecer? ¿Cantar de tal manera que nuestros cantos, en lugar de atraer rocas hacia nosotros, atrajesen piedras preciosas; en lugar de bestias feroces, atrajesen a los espíritus; en lugar de Plutón*, a los poderosos príncipes de este mundo? Oh, hombres mortales, diferente es el designio de Dios y diferente vuestro beneficio, ya que por vosotros se decidió aumentar y acrecentar en esta época el número de miembros de nuestra Fraternidad. Nosotros, que no fuimos receptores de tales tesoros por méritos propios, ni habíamos esperado ni previsto tal cosa, hemos recibido este designio con gran alegría interior, y lo llevaremos a cabo con gran fidelidad, de forma que ni siquiera nos conmoverán los lamentos de los hijos que algunos miembros de nuestra Fraternidad tienen, porque sabemos que estas riquezas inefables no pueden ser heredadas y sólo pueden ser transmitidas con discernimiento. V Si ahora, en referencia a la segunda parte, alguien nos pidiese cautela porque ofrecemos por doquier nuestros tesoros sin la menor distinción, porque no preferimos en absoluto a la gente piadosa, de ciencia, sabios e incluso a las altas personalidades principescas, sobre la plebe, no nos ofenderemos por ello. Sin lugar a dudas, este reproche no estará injustificado, pero estamos convencidos de que nuestros misterios no alcanzarán nunca al común de los hombres, aunque lleguen a oídos de todo el pueblo en cinco lenguas. Por una parte, porque sabemos con total seguridad que los necios no serán conmovidos por ellos. Por otra parte, porque lo que nos ayuda a reconocer la dignidad de quienes son aceptables, no es medido por su curiosidad sino por la regla y la norma de lo que nos fue revelado. En consecuencia, aunque el clamor de los indignos sea mil veces repetido, aunque se ofrezcan mil veces, Dios ha querido que nuestros oídos no escuchen a ninguno. Y nos ha envuelto con sus nubes de tal forma que ninguno de sus servidores puede ser forzado ni obligado con violencia. Nadie puede vernos ni reconocernos, a menos que haya adquirido los ojos del águila. Por lo demás, si la Fama ha tenido que ser redactada en todas las lenguas conocidas, es para no negarle dicho conocimiento a quienes no han podido ser instruidos en las ciencias; Dios no ha querido excluirles de la dicha de esta Fraternidad, que por otra parte está dividida en grados. Así, por ejemplo, los habitantes de la ciudad de Damcar viven bajo un orden político completamente diferente al del resto de los árabes; porque Damcar es regentado exclusivamente por sabios, que promulgan leyes diferentes con el beneplácito del rey. Introduciremos en Europa un ejemplo de ello (el cual se encuentra en nuestro poder, habiendo sido descrito por nuestro padre Cristian), tan pronto como se cumpla lo que tiene que precederlo. Entonces, nuestra trompeta resonará ampliamente y con una intención inconfundible; bien entendido que sucederá en cuanto que aquello — que algunos pocos, utilizando un lenguaje encubierto, susurran como venidero— colme la tierra públicamente. Así como, también desde Alemania, el Papa fue arrojado de su sede y pisoteado, con gran violencia y de manera impetuosa, después de muchas y tímidas críticas por parte de almas piadosas contra su tiranía, así su ruina definitiva ha sido desplazada a nuestra época, durante la cual será percibida la fuerza demoledora de la garra del león y un nuevo rugido de éste pondrá fin a su rebuznar. Sabemos que tales acontecimientos ya han llegado a oídos de eruditos alemanes, cuyo comportamiento y testimonio silencioso dan prueba del respaldo general. VI Valdría la pena investigar todo el tiempo transcurrido desde 1378, año del nacimiento de nuestro Padre Cristian, hasta nuestros días. Y considerar los cambios del mundo de los que él mismo ha sido testigo en los 106 años de su existencia, y de cuántas experiencias hemos sido herederos, nuestros padres y nosotros mismos, tras su bienaventurada muerte. La concisión que nos hemos impuesto como objetivo nos obliga a tratar este tema en otra ocasión. A quienes no menosprecian nuestras amonestaciones, les bastará que en esta ocasión hayamos abordado ligeramente el tema, a través del cual se podrán preparar para después entablar unos lazos más estrechos con nosotros. Ciertamente, a quien le sea dado contemplar y comprender la interrelación de los grandes caracteres que Dios ha grabado en el edificio del mundo, cuya constante renovación se opera a medida que alternan los reinos, y sepa elevarse basándose en ellos, sin duda ya es uno de los nuestros, aunque en este instante no sea consciente de ello. Así como sabemos que tal persona no desdeñará nuestra invitación, así le prometemos por nuestra parte que no será conducido por caminos erróneos, como también prometemos no poner en ridículo ni la ingenuidad ni las esperanzas de quienes se presentan ante nosotros, aspirando a pertenecer a nuestra comunidad, bajo el sello del silencio. Por el contrario, a los malvados, a los hipócritas y a quienes tienen como único objetivo la curiosidad, les comunicamos que será imposible que, por culpa de ellos, fuéramos llevados a la perdición, o que seamos forzados en contra de la voluntad de Dios. A éstos les esperan, en verdad, los castigos anunciados en la Fama, ya que sus impías maquinaciones terminarán por caer sobre sus cabezas. No obstante, nuestros tesoros permanecerán, por el contrario, absolutamente inviolables hasta que llegue el León para reivindicar, tomar y recibir los tesoros que servirán para la consagración de su Reino. VII Así debemos declarar, oh hombres mortales, lo siguiente: que una vez más Dios ha decidido conceder al mundo, cuyo fin sobrevendrá poco después, la verdad, la luz y la dignidad, a las que hizo salir del paraíso con Adán para aliviar la miseria humana. Por lo tanto, será necesario que ahora cese toda aberración, toda oscuridad y atadura, las cuales se han infiltrado paulatinamente —con el progreso de la rotación de la gran esfera— en las ciencias, en los hechos y en los gobiernos de los hombres, por cuya causa éstos se han ido oscureciendo. De ello resulta, en efecto, tal infinidad, tal diversidad de opiniones, falsificaciones y doctrinas erróneas, que incluso hacen difícil la elección a los más inteligentes de los hombres, ya que el prestigio de los filósofos por un lado, y la verdad comprobada a través de la experiencia por el otro, les confunden en su juicio. Cuando todo esto sea abolido, como creemos que ocurrirá, y sea reemplazado por unas directrices eternamente inmutables, lo será gracias a los hombres dedicados a esta tarea. Sin embargo, habrá que agradecer el conjunto de este gran trabajo a la encrucijada de los benditos tiempos presentes. Al igual que reconocemos los méritos de muchos espíritus excelentes, que con sus testimonios han realizado una aportación considerable a la futura reforma, no deseamos en absoluto atribuirnos el honor de que nos fuera encomendada en exclusiva una obra tan enorme. Más bien, por el Espíritu de Cristo nuestro redentor, testimoniamos que antes que falten ejecutores del designio de Dios, se ofrecerán las piedras. VIII Para dar a conocer Su voluntad, antaño Dios ya mandó mensajeros; a saber, astros que han aparecido en las constelaciones de Serpentario y Cisne. Como grandes señales de Su poderoso designio, ellos podrían enseñarnos en verdad, si previamente fuese unido todo lo descubierto por la perspicacia del ser humano, de qué manera Él quiere que Sus decretos ocultos sean provechosos. Por lo tanto, el Libro de la Naturaleza estará abierto y será revelado ante los ojos de todo hombre, aunque sólo unos pocos serán capaces de leerlo en su totalidad, y menos aún de comprenderlo. Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agigantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido. Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente. IX Así como Dios ha introducido sus caracteres y su alfabeto en las Sagradas Escrituras, también los ha grabado con claridad en la maravillosa obra de la creación, en los cielos, en la tierra y en los animales; para que podamos reconocer con antelación el oscurecimiento de la iglesia y su duración, tal como el astrónomo prevé los eclipses solares y lunares. De estos caracteres hemos extraído sin excepción toda nuestra magia y, basándonos en ella, hemos compuesto una nueva lengua, que exprese la esencia de las cosas. Por ello, no sería de extrañar que nos expresáramos torpemente en las demás lenguas, así como en este latín. Después de todo, sabemos que estas lenguas no tienen comparación con las de Adán o las de Enoch, las cuales fueron sepultadas bajo la confusión babilónica. X Sin embargo, no debemos dejar de exhortar que, mientras quede alguna pluma de águila* que dificulte nuestro objetivo, nosotros les aconsejamos que lean y apliquen permanentemente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay ninguna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estudios y de todo su empeño. A ellos, no les pedimos que tengan siempre el contenido de este libro en sus labios, sino que lleven su propósito a este mundo, adecuándolo al conjunto de períodos y edades. Pues tampoco entra en nuestras costumbres vulgarizar las Sagradas Escrituras, como sucede con algunos que, ante la infinidad de interpretaciones, intentan mantener en pie la interpretación de su grupo, o con otros que la trivializan con la vieja maldad, dado que son tan moldeables como la cera, para que sirva tanto a teólogos como a filósofos, sanadores y astrólogos. Más bien deseamos profesar en público que, desde los comienzos de este mundo, no ha existido un libro superior, mejor y más saludable que la Santa Biblia. Bienaventurado quien la posee, más bienaventurado aún quien la lee, y el más bienaventurado es quien ha profundizado en su contenido, mientras que quien es capaz de comprenderla y obedecerla se asemeja a Dios. XI Acerca del juicio emitido por nosotros, sobre los impostores, en cuestión de transmutaciones de metales* y del remedio supremo del mundo, esto es lo que queremos decir: no queremos menospreciar en absoluto este don de Dios. No obstante, como este don no conlleva el incesante conocimiento de la naturaleza y, sin embargo, la filosofía sí enseña este conocimiento, además de una infinidad de otros misterios de la naturaleza, quedará claro que prefiramos las enseñanzas de la filosofía y que estimulemos a los espíritus más lúcidos y perspicaces a que estudien con exactitud la naturaleza, en lugar de tintar metales. Insaciable debe ser la avaricia de quien ha llegado a ser indiferente a la pobreza, a las contrariedades, a las enfermedades y que incluso se ha elevado por encima de toda la humanidad, hasta el punto de dominar aquello que atormenta, angustia y martiriza a los demás. Seguro que tal hombre, finalmente, siempre se vuelve hacia las locuras de la naturaleza, construyendo casas, emprendiendo guerras y perdiendo la humildad, ya que piensa que posee suficiente oro y un río de plata inagotable. El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. Él otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad; un justo castigo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su mentira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo. Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea. XII Al término de nuestra Confessio, deseamos recordar diligentemente que conviene rechazar la mayoría, si no todas las obras de los seudo-alquimistas, quienes por gusto pasan el tiempo abusando inútilmente de la Santa Trinidad y engañando al público con extrañas figuras y propósitos oscuros, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una proliferación de gente de esa clase, entre quienes se encuentra un excelente actor del anfiteatro, un hombre muy importante y lo suficientemente listo como para engañar a sus semejantes. Este tipo de personas mezcla al enemigo de la dicha humana entre el buen grano, con la esperanza de menguar el crédito de la verdad, ya que la verdad es sencilla y desnuda, mientras que la mentira, por el contrario, se viste imponente y majestuosa, y se cubre con un velo de sabiduría divina y humana. Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofrecemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vuestros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros partícipes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospitalidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas. Sabed que no actuamos según nuestro capricho, sino según el Espíritu Divino. Tal como nuestro muy amado Padre lo ha dispuesto en su testamento, y el tiempo actual lo exige de nosotros. XIII ¿Cómo os encontráis, hombres mortales, ahora que sabéis que proclamamos a Cristo con toda inocencia y pureza, que condenamos al Papa, que servimos a la verdadera filosofía, que llevamos una existencia digna y decente e invitamos a muchos —y sobre todo a quienes, como nosotros, son testigos de la luz que irradia de Dios— a una cooperación unánime? ¿No pensáis ahora, por fin, después de haber meditado sobre vuestros dones, después del discernimiento que poseéis de las Sagradas Escrituras, y después de haber considerado el estado tan defectuoso e imperfecto de las artes, aspirar a la curación junto a nosotros? ¿No pensáis que debéis ofrecer vuestras manos a Dios, el cual cumple con la obra, y que os debéis dedicar a las exigencias de este siglo? Hacedlo y tened por seguro el provecho: seréis beneficiarios y herederos de todos los bienes que la naturaleza ha esparcido por todas las partes del mundo, unificados y concentrados en vosotros, como en el centro del Sol y de la Luna. Entonces podréis borrar del mundo todo lo que ensombrece la inteligencia humana y obstaculiza su actividad, así como todo lo excéntrico y no coincidente con el círculo. XIV En cuanto a vosotros, que buscáis satisfacer vuestra curiosidad, o sois atraídos por el brillo del oro o, para decirlo más claramente, vosotros que, aunque hoy todavía sois honestos, corréis el riesgo de veros fácilmente corrompidos por la afluencia imprevista de tantos bienes, que incitan a hundirse en la ociosidad y a lanzarse a una vida lujuriosa y de excesos, a vosotros os rogamos que no turbéis con vuestra barahúnda intempestiva nuestro sagrado silencio. Sabed que, aunque existe una panacea capaz de curar todas las enfermedades, ésta siempre será inaccesible a quienes Dios quiere inquietar, castigar o corregir con enfermedades. Igualmente, aunque seamos capaces de proporcionar al mundo entero riqueza y enseñanzas, así como de liberarlo de innumerables calamidades, no nos daremos a conocer a nadie, ni nadie nos conocerá, sin el consentimiento de Dios. Incluso, es impensable que alguien participara y disfrutara de nuestros bienes en contra de la voluntad de Dios. Antes de que pudiera acceder a la dicha de encontrarlos, perdería su vida. La Fraternidad de la Rosacruz ANÁLISIS ESOTÉRICO DE LA CONFESSIO FRATERNITATIS R.C. Así debemos declarar, oh hombres mortales, lo siguiente: que una vez más Dios ha decidido conceder al mundo, cuyo fin sobrevendrá poco después, la verdad, la luz y la dignidad, a las que hizo salir del paraíso con Adán para aliviar la miseria humana. Por lo tanto, será necesario que ahora cese toda aberración, toda oscuridad y atadura, las cuales se han infiltrado paulatinamente —con el progreso de la rotación de la gran esfera— en las ciencias, en los hechos y en los gobiernos de los hombres, por cuya causa éstos se han ido oscureciendo. De ello resulta, en efecto, tal infinidad, tal diversidad de opiniones, falsificaciones y doctrinas erróneas, que incluso hacen difícil la elección a los más inteligentes de los hombres, ya que el prestigio de los filósofos por un lado, y la verdad comprobada a través de la experiencia por el otro, les confunden en su juicio. Cuando todo esto sea abolido, como creemos que ocurrirá, y sea reemplazado por unas directrices eternamente inmutables, lo será gracias a los hombres dedicados a esta tarea. Sin embargo, habrá que agradecer el conjunto de este gran trabajo a la encrucijada de los benditos tiempos presentes. Al igual que reconocemos los méritos de muchos espíritus excelentes, que con sus testimonios han realizado una aportación considerable a la futura reforma, no deseamos en absoluto atribuirnos el honor de que nos fuera encomendada en exclusiva una obra tan enorme. Más bien, por el Espíritu de Cristo nuestro redentor, testimoniamos que antes que falten ejecutores del designio de Dios, se ofrecerán las piedras. Confessio Fraternitatis R.C., capítulo VII 1 La reforma del mundo Reconozcamos con sinceridad que nos hemos vuelto personas superficiales. Nuestra cultura occidental sigue una línea horizontal. No conoce las inmensas alturas de la radiante realidad y carece de la profundidad de una vida interior. Toda ella es forma, forma determinada por la moda. Todo el aparato con el que estamos tan familiarizados, todo el organismo con su complejo entramado, está enfermo, mortalmente enfermo, pues ya no tiene alma. El idealismo está sometido a límites y se ha convertido en materialismo adornado con algunas flores marchitas. La ciencia ha caído completamente en un camino que no conduce a ningún lugar y la teología está desde hace años tan muerta como la vieja era de la Atlántida. Una y otra vez aparece en el horizonte la faz con la corona de espinas, mientras que la sulfurosa fetidez del humo de la pólvora envuelve incesantemente la Tierra con amplios remolinos. Y las voces de las iglesias resuenan cargadas de tópicos, de sermones sobre un Dios totalmente desconocido, de balbuceos sobre un Cristo al que no conocen ni perciben y al que, a pesar de todo, se crucifica a diario. Los hombres buscan y buscan, pero se entregan sin condiciones a esta civilización, a esta cultura, y esto es algo estéril. Por supuesto, usted sabe todo esto. Sus periódicos y sus libros hablan de ello. Usted lo conoce y lo comenta. De antemano, está básicamente de acuerdo con dichos artículos y escritos. Pero, ¿por qué no le afecta? ¿Por qué no se rompe algo en su interior? ¿Por qué no percibe la vibración de la eternidad en el tiempo? ¿No nos sucede como a «Elckerlyc»1 en el drama medieval del mismo título? La muerte, como enviada de Dios, viene hacia Elckerlyc y le dice: «Elckerlyc, ¿a dónde vas tan engalanado? ¿Ya has olvidado a Dios?» ¡Por supuesto! Con toda nuestra civilización cristiana hemos olvidado a Dios; se nos escapa lo esencial, lo apremiante, lo único necesario para la verdadera salvación. Esto no es un sermón. Los rosacruces no se interesan por los sermones. Sólo se trata de conmoverle y decirle: elévese por encima de la superficialidad y perciba la realidad. ¿No comprende que el Logos está interviniendo en nuestra civilización enferma? ¿Que el universo se encuentra en un cambio y que algo va a suceder? ¿Qué hace usted realmente? Trabaja desde la mañana hasta la noche, quizás para ganarse el pan de cada día. Se ajusta a la vida corriente. Se preocupa por su jubilación. Se esfuerza y trabaja ajetreadamente en casa o en cualquier otro lugar. Mata el tiempo con sus libros o conciertos. Pero con esto, ¡uno no realiza su vida como ser humano! ¿Sabe usted, tan siquiera, a qué es llamado el hombre? ¿Sabe usted de lo qué es capaz el hombre? ¡Somos de linaje divino! ¡Hemos sido creados según la imagen de Dios! En nosotros arde la chispa divina. Esto no son palabras banales, dulces y piadosas, sino llamas vivas de la eterna verdad. ¡Tiene que liberarse de sus limitaciones, de su espíritu de esclavo! ¡Tiene que tomar conciencia de su realeza! Estas palabras sonarán al hombre, en tanto que animal gregario, como una locura, como una completa necedad. Pero nosotros escribimos aquí para personas receptivas a la Gnosis o al menos para aquellos hombres que estén abiertos a la fuerza apelante de la verdadera Rosacruz. La misión de la Orden de la Rosacruz y sus servidores es mostrar los caminos de la liberación, pues todos están doblegados por la esclavitud del cuerpo, del alma y de la conciencia. Debe comenzar a crecer en usted una nueva santa pasión, el anhelo de la santa liberación, sobre la que cantan los salmos clásicos; debe despertarse el verdadero conocimiento de Dios, debe hacerse realidad el caminar diario con Cristo. Miles de personas afirman que conocen a Cristo. Sus labios repiten Sus palabras, pero sus corazones permanecen inconmovibles y las cabezas no Le comprenden. Ellos saben de un santo sacrificio en el remoto pasado, pero de la faz con corona de espinas que ahora se puede divisar en el horizonte, no saben nada. Sin consideración, tal como pisotean la hierba, extinguiendo la tierna vida de la naturaleza, pasan de largo ante la faz suplicante, quizás porque estén atentos a las informaciones bursátiles. Por ello la misión de la Orden de la Rosacruz consiste en decirle quién, qué y cómo es Cristo, qué quiere de usted este poderoso Espíritu Solar, qué quiere y qué hace por usted. No se trata de juntar las manos devotamente para rezar o cantar un himno, no se trata de mantener una actitud negativa, con la esperanza de que Él lo hará todo bien. ¡No! ¡Es usted quien tiene que hacerlo! Esto es lo grandioso del cristianismo. En usted debe arder el fuego de amor del Espíritu. En usted debe liberarse la mariposa real, para que pueda abandonar la pocilga y regresar hacia su Padre. Cristo es una fuerza: el Logos. El mueve el universo de su ser. Él lo es todo en todos, con la condición de que reaccionemos consciente y dinámicamente al Espíritu de Dios. Si conoce algo de ese éxtasis santo, ya no podrá sentirse a gusto mirando y esperando, sino que se unirá a quienes están preparando el nuevo mundo. Muchos hombres son víctimas de esperanzas frustradas. Los crueles años han destruido sus tiernos deseos y también su anhelo de Dios. Han descuidado su pensamiento y los centros del sentimiento se han embotado. Se han suicidado en vida, aunque su cuerpo todavía esté vivo. Pero el alumno de la Escuela de Misterios no debe temer que sus esperanzas se vean frustradas, pues los dones que recibe son espléndidos en extremo y superan sus más audaces esperanzas. De esta manera, el alumno se convierte en ejecutor de los designios de Dios. Así puede hablar con gran positivismo, porque él se ha elevado sobre la línea horizontal y conoce la reforma mundial venidera. Y este positivismo toma forma en la Confessio Fraternitatis, para aportar el mensaje de la liberación a todas las almas esclavizadas que buscan y se esfuerzan en la actualidad. El séptimo capítulo de la Confessio, con el que queremos comenzar, nos coloca ante un grandioso y terrible conflicto. Sabemos que la irrupción de la corriente de verdad, luz y dignidad, mencionada en este capítulo, es inminente. No se imagine un lapso de tiempo de unos cuantos años, sino el comienzo de una nueva era, en la que la nueva luz y la nueva verdad puedan desarrollarse plenamente sin obstáculos. Además sabemos que una cantidad de pioneros cada vez mayor se está preparando para este inmenso y formidable trabajo, al que usted también es llamado. Nunca faltarán servidores que lleven a cabo los designios de Dios. Pues sabemos que los designios de Dios, el desarrollo del plan, el nuevo devenir, se ejecuta sin interrupción y con una fuerza irresistible. Pero también sabemos, y permítanos tenerlo presente, que entre este saber positivo y su aplicación se encuentra la multitud, los millones de ignorantes, el rebaño. Quizás pueda verlo como un enorme cuadro simbólico: por un lado, la luz que se acerca; por el otro, el plan de Dios, representando de una u otra forma lo dinámico en el devenir de los tiempos; y en el centro, la gran multitud de la corriente de vida humana, coronada por el relativamente insignificante número de pioneros, que ejecutan los designios de Dios. Así la corriente de vida humana está cubierta por una Tri-unidad: la voluntad de Dios, su corriente de sabiduría y su actividad en algunos pioneros. ¿Comprende lo dramático de esta situación? Vivimos en una sociedad tan degenerada que ya no ofrece ninguna posibilidad para un desarrollo posterior. Todo el sistema tiene que ser renovado; pero los dirigentes y mantenedores del sistema no lo ven, y la gran mayoría es demasiado inconsciente. No obstante, la nueva era se acerca. ¡Los designios de Dios son inevitables! Los pioneros trabajan febrilmente. Lo nuevo no se puede obstaculizar. La consecuencia será una horrenda catástrofe, un desastre que irrumpirá por todas partes con la fuerza de un huracán y despedazará el mundo actual. Sólo entonces los verdaderos dirigentes podrán tomar las riendas del desarrollo posterior de la humanidad. ¿Reconoce la necesidad de todo esto? ¿Existe otro camino? ¿Tienen que seguir suspirando todavía el mundo y la humanidad durante millones de años, en sistemas sin salida? Por este motivo, es necesario el divino proceso de demolición. Todo esto debe infundirle gran seriedad. Pues sabe que Sodoma y Gomorra no hubieran sido destruidas si se hubiese encontrado en ellas un número suficiente de justos. ¡Estamos ante el mismo caso! Podemos ayudar a aliviar en gran parte el dolor que llegará al mundo si, como pioneros, nos lanzamos con todas nuestras fuerzas a nuestro trabajo y hacemos todo lo posible en influir a la humanidad y conducirla a la vida verdadera. Y el que la nueva era se esté acercando a nosotros tan poderosamente debe ser considerado realmente como la consecuencia del gran trabajo de los pioneros. Que usted pueda comprender que no nos impulsa el deseo de expandir el Lectorium Rosicrucianum, sino el verdadero deseo de servir a Dios y a los hombres con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y toda nuestra razón. Por eso también le apremiamos a que una su esfuerzo al servicio del grande y santo trabajo. Para dar a conocer Su voluntad, antaño Dios ya mandó mensajeros; a saber, astros que han aparecido en las constelaciones de Serpentario y Cisne. Como grandes señales de Su poderoso designio, ellos podrían enseñarnos en verdad, si previamente fuese unido todo lo descubierto por la perspicacia del ser humano, de qué manera El quiere que Sus decretos ocultos sean provechosos. Por lo tanto, el Libro de la Naturaleza estará abierto y será revelado ante los ojos de todo hombre, aunque sólo unos pocos serán capaces de leerlo en su totalidad, y menos aún de comprenderlo. Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agigantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido. Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente. Confessio Fraternitatis R.C., capítulo VIII 2 Serpentario y Cisne (I) Como alumnos de la Rosacruz sabemos que los acontecimientos futuros serán diferentes de los del presente, y hemos descubierto que el mundo va a experimentar una renovación. Aunque éste no sea un punto de vista generalizado, estamos tan familiarizados con él, que para nosotros no sólo representa una hipótesis, sino una realidad gnóstico-científica. De esta manera, nuestro punto de vista ya está dando origen a un estudio detallado de la nueva era, para que cuando se vislumbren determinados desarrollos no tengamos por qué permanecer en la incertidumbre, sino que podamos centrarnos de inmediato en nuestro objetivo. Por ello, quisiéramos reflexionar ahora sobre este objetivo y considerar algunas particularidades que se manifestarán al principio de lo nuevo y durante su realización, lo cual es necesario tener en cuenta. Como hemos dicho, el alumno de la Rosacruz está suficientemente capacitado para orientarse de forma efectiva y concreta. Conoce a los verdaderos mensajeros de Dios, de los que da testimonio la Confessio Fraternitatis, y les ha oído hablar. Con nuestro enfoque mágico de la vida también miramos hacia las estrellas, y sabemos que la Confessio hace alusión a los tres poderosos principios vitales de los tiempos venideros, a saber, los planetas Urano, Neptuno y Plutón. Cuando se escribió la Confessio, estos tres cuerpos celestes todavía no habían sido descubiertos por la astronomía exotérica, pero los gnósticos tenían en cuenta estos importantes planetas de misterios desde tiempos inmemoriales y conocían el significado de estas poderosas señales de los designios de Dios. Incluso ahora, en nuestros tiempos, cuando Urano, Neptuno y Plutón ya son conocidos y se han descrito sus trayectorias y divulgado sus influencias por los seudo-astrólogos, parece haber pocas personas que sepan leer y profundizar en el Libro de la Naturaleza, a pesar de que en realidad se encuentra abierto ante todo el mundo. Urano, Neptuno y Plutón, estas tres fuerzas divinas no sólo son ideas sublimes hacia las que la humanidad se elevará gradualmente, sino poderosas leyes y principios primordiales que serán totalmente realizados y que vencerán la degeneración, la imperfección y la criminalidad, de tal forma que, como dice la Confessio: «Tan pronto como el mundo haya superado la embriaguez de la aturdidora y envenenada copa que ha bebido, irá por la mañana temprano, alegre y jubiloso, con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol naciente.» Pero aún no hemos llegado a dicho punto. Millones de personas suspiran cuando les alcanza el primer rayo de sol y les despierta de su sueño. Agobiados por preocupaciones y penas, millones de hombres ven cómo el Sol Divino se coloca velozmente en órbita alrededor de la Tierra. Cada día trae nuevas crueldades, nuevos estímulos degenerativos. Pero llegará el día en el que cada criatura humana se dirigirá con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, alegre y animada, al encuentro del Sol cuando éste se eleve al amanecer. No piense que éstas son palabras tranquilizadoras, semejantes a las que se usan para calmar a personas nerviosas: «Tranquilícese, mañana será un nuevo día y todo se arreglará.» «Con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol» es una fórmula profunda y refinada. Es el lenguaje de los iniciados, una descripción poética de la vida de los iniciados. Y cuando usted despierte de su sueño, también podrá y querrá hacer lo mismo. «Con el corazón abierto, la cabeza descubierta y los pies desnudos, al encuentro del sol» es una indicación simbólica de las tres fuerzas divinas: Urano, Neptuno y Plutón. Urano es el renovador del corazón, Neptuno el renovador de la cabeza y Plutón el realizador, el dinámico, el que avanza, el demoledor. ¿Qué significa poseer un corazón abierto? Estas palabras suelen comprenderse de forma completamente errónea o parcial. Algunos dicen que una persona con el corazón abierto se caracteriza por realizarlo todo con amor, y otros que tal persona es extremadamente sensible y excepcionalmente bondadosa. Un gnóstico, no obstante, no se conforma con este tipo de vaguedades. La ciencia gnóstica demuestra que el corazón de quienes se preparan correctamente para el alumnado gnóstico se transforma, incluso físicamente. La parte del corazón que se encuentra más cerca de la espina dorsal, del fuego espiritual espinal, cambia hasta tal punto que todo el corazón comienza a trabajar como músculo voluntario. El espíritu humano llega a ser capaz de controlar conscientemente el corazón, que es el motor del cuerpo. Por esta razón, el alumno puede, entre otras cosas, penetrar conscientemente en los planos interiores cuando es necesario. Las fuerzas de Urano realizan en nosotros esta gran transformación. Cuando el alumno ha alcanzado este punto en su desarrollo, es capaz de dominar conscientemente sus sentimientos. Puede dirigir sus sentimientos, pensar con su corazón. Con otras palabras, nunca más será víctima de sus emociones, de sentimientos incorrectamente orientados. Ya no romperá los corazones y las vidas de los demás con una tormenta de sentimientos que se derraman sobre ellos de manera incontrolada. ¿Ha conocido usted alguna vez a un hombre que pudiese pensar con el corazón, que fuese capaz de sentir de forma consciente? A veces, una persona de este tipo puede parecemos fría, insensible y sin corazón, pero en ella arde un fuego intenso. Este fuego no se expande inútilmente, ni quema, ni abrasa. Es el fuego eterno, sin pasión ni emoción, pero que es enviado directamente hacia quienes yerran en la oscuridad. Es el fuego del amor, que nunca crea conflictos sino que todo lo torna puro y agradable. Sólo si comprende algo de todo esto, podrá hablar de amor. Tiene que aprender a pensar con el corazón, y todo lo que posiblemente exista aún en usted tiene que estrellarlo contra las rocas de los logros absolutamente imposibles. No olvide jamás que en la Gnosis y en la Escuela de Misterios de la Rosacruz está cincelado con profundas letras, visible para todos: «Todo o nada». En nuestro tiempo, las fuerzas de Urano son impresionantes, formidables, extraordinariamente dinámicas. Las experimentamos como intuición. ¿Qué es la intuición? En general se dice que la intuición es un sentimiento repentino, un pensamiento súbito procedente del exterior, en ocasiones premonitorio. Pero estas explicaciones también son muy vagas. Intuición, en sentido absoluto, es la relación diaria con Dios, una vida ininterrumpida en Cristo. Nosotros decimos que es armonizarse con el mundo interplanetario del espíritu de la vida, de forma que las vibraciones de ese mundo puedan ser recibidas por nuestro cuerpo preparado y grabadas en nuestra conciencia. Esto es intuición. Urano es como un fuego. Es el Cristo que quiere regresar hacia nosotros en las nubes del cielo, tal como está escrito. Esto significa que El quiere descender hasta nosotros como la rosa blanca y llenar todo nuestro sistema vehicular, de forma que pueda ser visto como una estrella dorada en las nubes aurales de nuestro ser, como el fundamento de todo nuestro pensar, querer y actuar. Pero como sabe, cuando el Cristo regresa, cuando se cumple en nosotros la grande y santa ley de Urano, la consecuencia es una gran transformación. Si lee el profético capítulo 24 del Evangelio según Mateo, teniendo presente lo dicho anteriormente, lo comprenderá mejor. Aparte de la fuerte influencia individual, también existe una acción generalizada de Urano: la ley de Cristo que se cumple en este mundo, la tormenta de fuego de Acuario. Esta tormenta de fuego entra primero en contacto con el sexo femenino de nuestra ola de vida. La filosofía de la Rosacruz nos enseña que la mujer posee un cuerpo vital positivo y un cuerpo físico negativo. A causa de esta constelación, las mujeres, por lo general, están más capacitadas para recibir las vibraciones globales de Urano, demostrar su fuerza dinámica en este mundo y ofrecer, a quien lo anhele, el fuego del amor de Cristo. Por ello, las mujeres desempeñarán un papel muy activo en la futura revolución del mundo y desarrollarán grandes fuerzas. Por esta razón, en la Escuela de la Rosacruz ha aumentado constantemente, en los últimos años, el número de mujeres que han emprendido el alumnado. Si en los inicios, los hombres eran mayoría, ahora lo son las mujeres. Esto se debe a que la Escuela de la Rosacruz es utilizada como escuela de preparación para la tarea de las mujeres en los futuros procesos de desarrollo. Así como en el pasado, por sus cualidades venusianas y por su sacrificio, la mujer supo transformar la fuerza bruta del hombre y moderar su animalidad marciana, ahora tendrá que realizar de nuevo un enorme, un inmenso sacrificio para, por medio del fuego de amor de Urano, destruir la ilusión intelectual en la que permanece prisionera la parte masculina de nuestra ola de vida, lo cual produce indescriptibles sufrimientos a la humanidad, y así renovar el pensamiento. Por ello, las mujeres tienen ante sí una gloriosa y gran labor a realizar, una tarea de salvación general, por medio de una organización activa de perseverancia puramente femenina, no con violencia y armas, sino guiadas por Cristo y el fuego de amor de Urano. Como reacción negativa a la radiación de Urano vemos, en algunos países, la formación de batallones militares de mujeres. Este error es una reacción inconsciente a los grandes fenómenos que pronto aparecerán. Si tiene en cuenta de lo que una mujer es capaz, si observa su papel en la historia del mundo y en las intrigas políticas, podrá ver que muchas páginas de la historia del mundo han sido escritas por las mujeres. Casi siempre desde un segundo plano, aunque no por ello de una manera menos positiva. Y si piensa en la influencia que la mujer puede ejercer en el hombre, comprenderá que la mujer está absolutamente capacitada, por todas sus cualidades, para acabar con el actual estado de las cosas. «Así como en la cabeza humana existen dos órganos para oír, dos para ver, dos para oler y uno para hablar, y sería inútil exigir a los oídos que hablasen o a los ojos que oyesen, así también han existido épocas durante las cuales se veía, otras en las que se oía, y otras en las que se olía. Queda aún por llegar, y se está acercando a pasos agigantados, el tiempo en que la lengua tendrá el honor de hablar y expresar finalmente todo lo que en algún momento ha sido visto, oído y olido.» Aquí no se trata de charlas, sino de hablar en sentido gnóstico-científico. Hablar como acción creadora, tal como Dios habla y es. Él ordena, y se realiza. Hablar como acto. Amigas, reconozcan su tarea. Tomen la iniciativa en estas cosas. Y comprendan bien que se trata de un trabajo arduo, de una cruz que deben elevar, ya que muchos, muchísimos, se volverán contra ustedes. Salven al mundo por el amor y con el acto de amor. Comprendan que deben liberarse de sus limitaciones. Muchas mujeres tienen un horizonte demasiado limitado, y piensan que toda su labor consiste en las tareas domésticas y la educación de los niños. Sienten muchas tendencias primitivas, como el instinto maternal y la necesidad de sentirse protegidas. No crean tampoco que la degeneración del mundo sólo es culpa de los hombres, que están esperando desamparados y acobardados la ayuda de las mujeres. Comprenderán que esta idea no es la correcta. El espíritu de Dios mora en ambos sexos y expresa la alta vocación del ser humano. Ambos sexos deben colaborar en el mundo en un plano de completa igualdad. El trabajo de la humanidad sólo puede prosperar si, tanto el hombre como la mujer, reconocen su mutua dependencia y construyen la nueva casa para los hermanos y hermanas que nos acompañan. Como servidores de Acuario aspiramos con toda nuestra fuerza a esta igualdad en todos los campos de la vida, y mostramos a nuestras hermanas su nueva gran labor en el futuro devenir mundial. Una actividad salvadora del mundo que suprimirá toda la arrogancia intelectual. Así como las mujeres aceptan y soportan todo durante la gestación de una vida individual, la traen al mundo con dolor y la mantienen, así también son llamadas por el amor de Urano, la fuerza revolucionaria de Acuario, a mantener la vida de la humanidad y conducirla a un nivel superior. En Serpentario y Cisne brillan tres estrellas: Urano, Neptuno y Plutón. Son señales poderosas de los designios de Dios. En este capítulo le hemos trasmitido algo sobre las elevadas intenciones de Urano, para que pueda reflexionar sobre ello. Las fuerzas regeneradoras de Neptuno y las fuerzas de Plutón, que destruyen lo vigente, no son menos importantes. En Serpentario y Cisne, la serpiente y el cisne, irradian tres poderosos mensajeros de Dios. De la sabiduría clásica de la serpiente de Serpentario, y del cisne como símbolo de la pureza original y del amor, se elevan tres poderosas fuerzas: Urano, el renovador del corazón, Neptuno, el renovador de la cabeza, y Plutón, el realizador, el que avanza dinámicamente y demuele. Permítanos que sin cesar intentemos comprender con claridad las leyes eternas de Dios, que vienen hacia nosotros desde Serpentario y Cisne. 3 Serpentario y Cisne (II) La filosofía gnóstica es una ciencia peligrosa. Uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos dijo: «A más sabiduría, mayor sufrimiento, y quien aumenta el conocimiento, acrecienta el dolor». El conocimiento al que se refería este filósofo es el conocimiento interior, el conocimiento gnóstico. Él había experimentado que, cuando uno intenta acercarse verdaderamente a esta fuente de toda sabiduría, es sumergido en el fuego de la purificación. Había experimentado que las llamas de este fuego eterno generan un conflicto interior destructivo. Había descubierto que cuando uno se acerca a este fuego espiritual se desatan fuerzas que ya no pueden volver a ser atadas. La filosofía gnóstica es una ciencia peligrosa. Para el buscador anhelante que penetra en los santos templos de la sabiduría, ya no hay regreso posible; tiene que avanzar o sucumbir, lo que inevitablemente sucede, pues responde a una ley universal. El alumno que por la entrega total de sí mismo intenta prepararse para el servicio en favor de la humanidad, experimenta un gran dolor en su camino de elevación. Y también la ola de vida humana experimenta un gran dolor en su camino de desarrollo. Por todo el mundo resuenan gritos de aflicción. Son los dolores de parto de la humanidad; es una ley universal. Los cuerpos o vehículos superiores del hombre se desarrollan. La rueda del mundo gira en eterna espiral y cada espiral conlleva sus propias exigencias. La humanidad es obligada a orientarse, a adaptarse en consecuencia, a seguir tales exigencias. Pero entonces la fuerza de la naturaleza inferior, la pétrea garra de la cristalización, empieza a presionar. La dualidad hace acto de presencia. Al principio, en su eterno intento de compromiso, el hombre intenta salvaguardar lo uno y lo otro. Y entonces aparecen el desgarramiento y el dolor, ¡Quien aumenta la sabiduría, acrecienta el dolor! ¡O se produce la decadencia! Retroceder, detenerse, significan la perdición. La sabia providencia ha fijado este tremendo proceso de dolor en concordancia con las posibilidades de desarrollo de la humanidad en el tiempo y en el espacio. La filosofía gnóstica es una ciencia tan peligrosa porque su aplicación comporta la aceleración de ese proceso, que se encuentra en la esencia de las cosas. Seguramente comprenderá que, por lo tanto, un hombre que elige el proceso acelerado tendrá que soportar muchos dolores y superar y resolver, en un tiempo reducido, muchos conflictos. Pero si es fuerte y ha descubierto algo de la luz verdadera, si ve sus radiantes destellos en el horizonte de la vida, podrá atravesar el Rubicón para unirse a la legión de pioneros. El hombre que reconoce el esfuerzo de Dios, el sufrimiento de Cristo en este mundo y con este mundo, elige, rebosante de alegría, el proceso acelerado, porque también él quiere ayudar, porque quiere liberar a Dios y al hombre, y guiar a la humanidad a la realización. Este proceso acelerado es la prueba más clara de la ley universal del amor. Si no existiese la posibilidad de recorrer de esta forma el camino, ello significaría la existencia de una laguna en la concepción del universo. Existen dos caminos hacia la liberación. Vamos a llamarlos el camino del amor y el camino de la ley. Si usted quiere rescatar a alguien de los infernales abismos de las fuerzas inferiores, evidentemente no le sacará a cámara lenta, sino que le agarrará con mano firme y le subirá rápidamente hacia la luz salvadora. Esto es amor. ¿No siente este misterioso impulso en su vida? ¿No siente cómo el aliento de Dios le toca continuamente? ¿No oye la llamada universal de Dios en el mundo? ¿No comprende el lenguaje del amor? ¿Percibe, ve la santa Presencia? ¿Comprende usted el impulso del amor, que quiere sacarle del engaño, de sus limitaciones, hasta la verdadera libertad? Que su respuesta no sea: «Se me rompe el alma cuando oigo la llamada y no puedo obedecerla, porque rápidamente soy retenido por las ataduras de la naturaleza inferior>>. No intente entender estas cosas con su intelecto. Compréndalas con sus sentimientos más profundos. Entonces, podrá reconocer que el camino de la iniciación es el camino del amor. Aunque sólo comprenda una diminuta parte de ello, ya ha puesto su pie en el camino y será elevado fuera de la constante rotación del tiempo hacia la paz eterna de Dios. Entonces se podrá elevar en la amplia claridad del amor sin forma. Semejante amor nos ha sido mostrado por el Padre enviándonos a Su Hijo: Cristo. Es a Él a quien amamos con toda nuestra alma, con todo nuestro corazón y con toda nuestra razón. Éste es el santo criterio de la Fraternidad de la Rosacruz. Ésta es la levadura de Acuario. Entiéndalo bien: ¡nosotros servimos a Cristo! Y queremos hacerlo de hecho y en verdad. Nosotros somos revolucionarios en sentido esotérico, porque hemos percibido en nuestras vidas el misterioso esfuerzo del amor, porque queremos mostrar a la humanidad el camino de la liberación y precederla en ese camino. Al igual que nuestro padre Cristian Rosacruz, cabeza mística de la Fraternidad de la Rosacruz, vino a la humanidad con las manos extendidas y ofreció sus misterios y sus tesoros de oro espiritual, así nuestra misión consiste en continuar su obra según su ejemplo, en el amor de la auto-negación. Si siente o comprende algo de todo esto, podemos hablar con usted sobre Neptuno, uno de los sublimes mensajeros de los designios divinos, de la misma manera que en el capítulo precedente le hemos hablado de Urano. Llamamos Urano al renovador del corazón y Neptuno al renovador de la cabeza. Aquí vuelve a demostrarse que la arquitectura cósmica concuerda con los fundamentos del cristianismo. Si quiere salir de las tinieblas hacia la luz, lo primero que necesita es renovar el corazón: Urano. Si desea despertar como un renacido en el espíritu, entonces lo primordial es morir en Cristo: Urano. Antes de que el mundo pueda despertar de la más profunda noche terrenal hacia un nuevo amanecer deben crearse las condiciones necesarias, abrirse los caminos en los que pueda ser encontrado y comprendido Cristo: Urano. Si quiere comprender a Dios a través de Neptuno, primero tiene que comprender a Cristo a través de Urano: «Nadie ha visto jamás a Dios, sino el Hijo Unigénito del Padre que nos lo ha dado a conocer.» «¿Cómo podemos amar a Dios, a quien no hemos visto y, al mismo tiempo, odiar a nuestro hermano?» ¿Cómo podemos ser religiosos en sentido abstracto y, al mismo tiempo, pisotear concretamente la religión con nuestras cabezas, corazones y pies? Por ello, lo que se encuentra primero, antes de cualquier reflexión: ¡es Cristo! Él es todo en todos, es la llave de oro de la puerta de Dios. Éste es el mensaje de Urano, ésta es la esencia de toda magia gnóstica. Si deja fuera de sus consideraciones mágicas la síntesis de Cristo, se entrega a la magia negra. Si rechaza el mensaje de Urano en este mundo, prefiere las tinieblas a la luz. Por esta razón, tal como nos cuenta la historia simbólica, la primera inscripción que se encuentra esculpida en la tumba de Cristian Rosacruz es: Jesús mihi omnia - Jesús es todo para mí. Así queremos seguir, a través de las puertas de Urano, hacia Neptuno y apartar los velos de Isis. El fuego de Cristo penetra a través de las puertas de la rosa blanca. Es el fuego purificador, que conmueve el corazón y estimula la hipófisis a una vibración superior. Así llega la noche. Por ley natural, las horas de la noche siguen al atardecer, después de que Cristo haya venido a nosotros. Entonces somos enviados a la noche del mundo para que realicemos nuestro trabajo como verdaderos mensajeros de la luz. Quien se ha convertido en una antorcha por el fuego de Cristo, es un auxiliador, un heraldo del acto; carga con la cruz. ¿Sabe qué significa servir a Cristo en la noche terrestre? Significa cargar con la cruz, y eso causa dolor. Pero a la noche le sigue la alborada, la aurora de la realización. Neptuno, el divino, viene a nosotros en la alborada y deja sus huellas en el maravilloso y delicado órgano que todos poseemos: la glándula pineal. Allí, en el lugar del cráneo, se consuma la crucifixión y ascendemos en la resurrección hacia las alturas del mediodía, hasta Plutón, donde celebran su triunfo las fuerzas del Espíritu Santo, donde se alzan las llamas del fuego de Pentecostés y desaparece definitivamente el velo de Isis. Entonces resplandece la diadema sobre la frente del alma humana, el fíat creador es pronunciado y percibido. El hombre se ha vuelto realmente Hombre. Neptuno es el renovador de la cabeza, el hombre creado a imagen de Dios. La cabeza es un intérprete de la idea divina. Éste es el camino del alumno, el camino del Hijo de Dios. Pero el hombre corriente sigue estando encadenado a la vida inferior. Todavía no puede percibir las voces de las fuerzas espirituales. Sin embargo, Neptuno hace su trabajo. Tal como el Padre obra a través del Hijo, así el Hijo obra por medio del Padre. Si el hombre que ha sido llamado sigue uniéndose a lo inferior y no se quiere liberar, aparece Neptuno como envenenador, portador de caos, impulsor de la crisis, fomentador de la decadencia, provocador del cáncer, como el dios de la antigua alianza. ¿Comprende ahora por qué se encuentra en la Biblia un Antiguo Testamento? Dios es un fuego devorador, mientras el hombre sea incapaz de aceptar el fuego de Cristo. Reconozca las tensiones nerviosas, la carga eléctrica de nuestro tiempo como la llamada de Urano, y la continua degeneración natural como el proceso de envenenamiento de Neptuno, que prosigue hasta la muerte por medio de Plutón. Sombría y tenebrosa es la faz de la humanidad que; con la cabeza inclinada, prosigue su camino. Pero Neptuno es a su vez el renovador de la cabeza y el «desintoxicador», el renovador de los principios, el santo creador, por quien y a través de quien son todas las cosas. Por ello vuelve a resonar la llamada de la liberación en el mundo. Por ello, la Confessio Fraternitatis habla de las señales de los designios de Dios que irradian en Serpentario y Cisne. Por ello resuena, en este mundo roto, la llamada de Neptuno para la renovación de la cabeza, para el renacimiento. Los servidores de Dios, los alumnos de la Escuela de Misterios, se someten a esta llamada para construir el proceso de la renovación de abajo hacia arriba. De esta manera dejamos atrás la meditación mística y nos colocamos con los dos pies sobre el duro suelo, para comenzar con nuestra misión. Al igual que Urano, entre otras cosas, impulsa el movimiento femenino, así Neptuno nos aporta un nuevo sistema de educación, un «nuevo concepto de escuela», como el que ya se ha puesto en práctica hoy en día en las escuelas de la Rosacruz. La nueva escuela guiará a los adolescentes más maduros según aquellos criterios que los Hermanos Mayores han mostrado a la humanidad, con el fin de que todas las fuerzas superiores del hombre puedan desarrollarse y conducirle hacia su verdadero destino en la era de Acuario: la unidad entre espíritu, alma y cuerpo. Vivimos en un tiempo en el que todo el sistema educativo está dirigido a satisfacer las exigencias del orden natural vigente. Los niños y las niñas son adiestrados para ser herramientas de la decadencia institucionalizada. La caza de títulos provoca mucho sufrimiento entre los jóvenes. Los mejores embusteros y los más hábiles impostores gozan de un bienestar material, y sus trayectorias son mostradas a la juventud como modelo del verdadero ser humano. Y ustedes, padres, que mandan a sus hijos a institutos y universidades por atávico orgullo familiar, ¿saben qué les espera a sus hijos en este tipo de instituciones de enseñanza? ¿Saben cuan alejados están de todos los valores eternos? ¿Saben hasta qué punto abandonan a sus hijos a una paulatina y horrible intoxicación? Lo hacen porque la sociedad exige diplomas, pedazos de papel sin ninguna clase de valor, como se ha demostrado en la práctica miles de veces. ¡Pero ustedes se esconden tras su miedo! ¿No se demuestra también con ello, que los padres pueden ser los enemigos más grandes de sus hijos, como ha dicho un gran pedagogo? Pero ya basta de todo esto, todos nosotros lo hemos comprobado. Mas sólo con la comprobación no es suficiente. En eso se reconoce al alumno de la Gnosis, al servidor del fuego, porque rompe con los moldes y la cristalización, y construye una nueva morada. El nuevo sistema de enseñanza se armonizará con el único objetivo de la existencia y proporcionará una educación dirigida a la creación de profesionales que sirvan verdaderamente a la humanidad, sin las mentiras sociales de nuestro tiempo y sin las influencias embrutecedoras de la decadencia. «Quien aumenta la sabiduría, acrecienta el dolor.» Ahora que reflexiona sobre estas cosas y se amplía el horizonte de su pensamiento, empezará a sentir cuántas consecuencias conlleva. Si empieza a participar con nosotros en la construcción, si se une a las filas de los pioneros, le espera mucho dolor. La ciencia interior que nos impulsa a la acción desencadena el conflicto interior y nos empuja al desgarramiento. Por ello, la ciencia gnóstica es una ciencia peligrosa. Sin embargo, su único componente es amor. ¿Percibe esta misteriosa necesidad en su vida? ¿Siente que el aliento de Dios pasa una y otra vez ante usted? ¿Siente esta santa Presencia? ¿Entiende el esfuerzo del amor que quiere elevarle de su engaño, de sus limitaciones, hasta la verdadera libertad? Usted lo comprende y lo entiende, y por esta razón no puede retroceder. Si la santa Presencia le ha tocado, alrededor de usted se cierra el círculo mágico, del que ya no puede escapar. Y juntando las manos, balbucea con nosotros la poderosa oración de Cristian Rosacruz: ¡Jesús mihi omnia! 4 Serpentario y Cisne (III) Hemos descubierto que las poderosas señales de los designios divinos, a las que se hace referencia en la Confessio, se identifican con los tres planetas de los misterios: Urano, Neptuno y Plutón. Urano es el renovador del corazón; Neptuno, el renovador de la cabeza; y Plutón. el regenerador definitivo. Por Urano se aprende a «pensar» con el corazón o, dicho con otras palabras, a controlar los sentimientos caóticos, de forma que nuestra vida sentimental ya no hiera, dañe o perjudique, sino que, de manera controlada y dirigida, lo transforme todo en bueno, puro y apacible. Cuando esto ocurre, la vida emocional se vuelve la verdadera síntesis de Cristo y el corazón se manifiesta de la manera correcta. Por esta razón, sentimos en nuestros días, como experiencia personal, el caos en la vida sentimental. Esta fuerza devoradora atraviesa nuestro ser como una tempestad, trastornando, hiriendo y haciendo añicos lo que se encuentra en su camino, poniendo a prueba a los mejores de entre nosotros con sus calamidades y aflicciones. No pasa un día sin que nos llamen por teléfono o nos hablen de fracasos matrimoniales y de todo tipo de acontecimientos nefastos que se introducen a la fuerza en la normalidad de las cosas cotidianas; los hombres se quejan de sus esposas, y las mujeres de sus maridos. Hombres y mujeres destruyen de forma vandálica, consciente o inconscientemente, la dicha, la paz, el desarrollo y el karma de otros. Es comprensible que quienes son influidos más fuertemente por Urano, también sean los primeros en ser alcanzados por esta influencia negativa de Acuario. Pero también está claro que la tormenta de fuego de Acuario no puede desembocar en un caos de la vida sentimental. Pues si el hombre persiste en esta negatividad, lo que al principio tenía que ser una ascensión al cielo, se convierte en un descenso a los infiernos. No hay ni siquiera uno entre nosotros que no haya tenido que superar esta prueba de una u otra manera, que no se encuentre ante ella o que no tenga que encontrarla en el futuro. Lo importante es saber si, cuando se enfrente con esta prueba, sucumbirá ante ella y será encontrado inadecuado para la nueva era o si, por el contrario, la superará y renacerá por la otra tormenta de fuego de Acuario. ¿Cómo se llega a este renacimiento? Comprendiendo la verdadera síntesis de la señal celeste de Cristo, así como por la abnegación y la renuncia de sí mismo. El Urano místico dice: «Quien quiera perder su vida, la conservará». Esto implica la completa negación de lo personal, la destrucción de nuestras ataduras; esto quiere decir, abandonar el círculo del yo para servir a la humanidad y cargar conscientemente con el sufrimiento colectivo y los dolores de toda la humanidad, y así volver activa la chispa divina. La abnegación, la impersonalidad, el «ser todo en todos», es uno de los elementos más liberadores del Sermón de la Montaña. ¿Qué es lo más importante en nuestra época? ¿Que seamos felices? ¿Que obtengamos la liberación? ¿Que estemos seguros según el cuerpo, el alma o el espíritu? ¡Pues esto es lo que generalmente busca la gente! Si busca la liberación de su personalidad, jamás la encontrará. Ésta es su búsqueda del cielo; ¡pobres cristianos! Si nuestros familiares y sobre todo nosotros mismos ganásemos el cielo, estaríamos satisfechos. Pero se trata de algo inmenso: la liberación de la humanidad. Por eso vienen hacia la humanidad los grandes del Espíritu. Por eso sufre y soporta el Espíritu de Cristo, y por eso un grupo de pioneros, ya hace muchos años, escogieron como divisa, como idea directriz, «obediencia a la obra». Obediencia a la obra, al santo trabajo de Dios. Para conseguirlo, todo lo demás tiene que desaparecer. «Quien ama a su padre y a su madre más que a mí, no es digno de mí», dice el Cristo. Con otras palabras: si el Cristo interior ha de nacer en usted, si quiere encontrar la liberación y la felicidad verdaderas, ya sabe cuál es el camino. Esta es la actividad de Acuario en sentido positivo, esto es servir a Cristo. La actividad de Acuario tiene que conducirle a la renovación de la cabeza, a Neptuno. Si reacciona negativamente a Urano, la consecuencia inevitable es el envenenamiento y la división procedente del Neptuno negativo. Pero si emprende la gran empresa con la que le confronta el cristianismo, entonces irrumpe el divino resplandor de luz de Neptuno. A la renovación del corazón, a la realización del amor verdadero, le sigue la renovación de la cabeza, el despertar en el ser abstracto, que inflama la chispa divina. El fuego ardiente consume los velos de Isis y se realiza el gran milagro. Después del «Jesús mihi omnia - Jesús es todo para mí» el hermano de la Rosacruz liberado exclama lleno de júbilo: «Jesús, Deus et homo - Jesús, Dios y hombre». Dios y el hombre han sido unidos. El hijo pródigo ha vuelto a casa. La Confessio Fraternitatis quiere ser completa. Por eso tenemos que hablar ahora de Plutón. Con toda la actividad de Urano y Neptuno en el mundo, la actividad de Plutón es para el hombre claro y despierto, finalmente, la más importante. Plutón es la fuerza activa, el portador de la antorcha, el que lanza la antorcha a la casa carcomida, a lo podrido y ajado. Resulta muy bello hablar de ello, ¿pero cómo lo realizamos? ¿Cómo arrancamos de nuestro corazón y de nuestra cabeza lo corrompido y lo vil? ¿Cómo nos liberamos de la miseria? ¿Comprende que esto es lo más importante? Para ello necesita al espíritu de Plutón. Hay hombres que corretean durante toda su vida como «niños buenos», con sus ideales, sus programas, sus veladas navideñas, sus lágrimas de Viernes Santo y sus huevos de Pascua. Cuando se los han comido, la felicidad se ha acabado. Por ello la humanidad es arrojada al infierno, que ella misma se ha creado, con sus iglesias y campanarios, con los cánticos de iglesia y salmos, con sus poetas, pensadores y filósofos de andar por casa, con sus alumnos de la Rosacruz y sus estudiantes de otras filosofías esotéricas. Con sus libros y fórmulas, es arrojada al infierno. ¡Quien es realmente cristiano, actúa! «No todos los que dicen Señor, Señor, entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en los cielos.» «Lo que le habéis hecho al menor de mis hermanos, me lo habéis hecho a mí». ¡Esto es Plutón! Si está impregnado de este espíritu, puede comprender a Plutón. Plutón es el realizador, el demoledor, el reconstructor. Plutón es, en la liberación individual gnóstica, el reconstructor, el regenerador de las santas facultades creadoras del hombre. Lo superior sólo puede realizarse en la medida en que lo inferior haya sido reconocido y neutralizado. Y nadie debería pensar que lo que es aplicable al individuo, no es aplicable a la multitud. El desarrollo de la humanidad se realiza según un plan determinado. Aprendemos, como alumnos de la Escuela Espiritual, que cada espíritu tiene que llegar a ser una entidad autocreadora, a imagen y semejanza de Dios. Por eso tenemos que consagrarnos al servicio de la liberación de la humanidad, pues este trabajo forma la base para el desarrollo ulterior, en forma de espiral, y constituye un escalón en el camino de la humanidad. Para eso tienen que desaparecer todos los obstáculos en nuestra vida, y por eso se castiga severamente todo abuso de las funciones creadoras. Este trabajo lo realiza Plutón, el santificador espíritu de la vida. Él lo realiza a través de nosotros, a través de la humanidad. Los diferentes pueblos son un elemento de prueba recíproca para los demás, porque la masa todavía es demasiado inconsciente. Por ello se necesitan fuertes conmociones. Las esperamos claramente conscientes. Nosotros conocemos la actividad regeneradora de los designios de Dios, que Él ha manifestado en Serpentario y Cisne, y por ello vamos a emplear todo nuestro corazón para la tarea de Urano, toda nuestra razón para la tarea de Neptuno, y el acto realizador y reconstructor de Plutón. Así le servimos a Él, que es, fue y será, al Señor de la Vida, a Cristo que todo lo colma, el comienzo y el final de toda actividad rosicruciana. Este Cristo se ha entregado prisionero en la Tierra según la regla eterna de la ley universal del amor. Ahora la sangre de este santo se vierte gota a gota, con una monótona regularidad, en el jardín de Getsemaní. La lucha ha comenzado de nuevo. Y la humanidad sigue durmiendo tranquilamente. Y Él, que padece, grita de dolor, y su grito estremece al mundo entero. «¿No podéis velar conmigo una sola hora?» Y siguen las tan duras palabras divinas, que suenan como un amargo sarcasmo: «Seguid durmiendo. Mirad, aquél que me va a traicionar, ya está cerca». Así como Dios ha introducido sus caracteres y su alfabeto en las Sagradas Escrituras, también los ha grabado con claridad en la maravillosa obra de la creación, en los cielos, en la tierra y en los animales; para que podamos reconocer con antelación el oscurecimiento de la iglesia y su duración, tal como el astrónomo prevé los eclipses solares y lunares. De estos caracteres hemos extraído sin excepción toda nuestra magia y, basándonos en ella, hemos compuesto una nueva lengua, que exprese la esencia de las cosas. Por ello, no sería de extrañar que nos expresáramos torpemente en las demás lenguas, así como en este latín. Después de todo, sabemos que estas lenguas no tienen comparación con las de Adán o las de Enoch, las cuales fueron sepultadas bajo la confusión babilónica. ConfessioFraternitatisR.C., 5 El nuevo lenguaje de la magia Quien estudia con profundidad la Confessio, seguramente llegará a la conclusión de que este antiguo escrito no es una confesión de fe en el sentido corriente, es decir, no se trata de una exposición dogmática de lo que es compatible o no con la convicción de los rosacruces, sino que al contemplarla detenidamente se manifiesta como una poderosa profecía. Si dejamos a un lado la rudimentaria opinión exotérica, que a veces parece tan ingenua, se nos revela su sentido universal, ilimitado, y vemos que el luminoso camino de la verdad se extiende como un amplio arco de horizonte a horizonte. Este arco de la promesa refleja todos los colores visibles e invisibles, que en realidad son inherentes a los sonidos de la armonía de las esferas, de manera que no sólo podemos hablar de un espectro de colores, sino también de un espectro de sonidos. Se trata de una ley contra la que un artista mágico nunca atentará. Si el buscador utiliza la llave correcta para esta antigua sabiduría, abre una corriente de sabiduría tan inmensa, tan penetrante, que quedará fascinado. En el campo astral existe un lugar llamado la Montaña Sagrada. El alumno que se acerca por primera vez a la Montaña Sagrada intenta escalarla. Con una fuerza colosal quiere escalar el escarpado risco ya que, al contemplar la montaña, piensa en una prueba que debe ser superada. Extiende sus manos y tensa sus músculos. Pero tan pronto como intenta asirse a los primeros salientes, para impulsarse hacia arriba, sus manos se aferran al vacío: las rocas son irreales. La Montaña Sagrada no es un macizo de piedra, sino que está constituida por fuerza. Ante este descubrimiento, el alumno se tambalea. Entonces intenta penetrar progresivamente en el interior de la montaña. Pero, al primer paso, es repelido. Es como si su cabeza chocase contra una pared. La Montaña Sagrada se transforma para él en lo contrario. La fuerza se le manifiesta como materia. Esta es la ilusión de nuestra era, una ilusión de la que incluso son víctimas los filósofos. Hegel tropezó con ella en su dialéctica, la falacia sobre la relación entre fuerza y materia y sus interacciones en este orden de la naturaleza caída. El hombre se aferra a la materia y trata de elevarse con ella; quiere ascender escalando la materia, pero en el intento descubre que las formas materiales son relativas, que en realidad no existen, que son ficticias, efímeras. Entra así en crisis y, al descubrir que la materia es fuerza, intenta atravesarla, pero entonces se manifiesta la dialéctica. La fuerza le repele y él se revuelca en la materia de la relatividad. Se rasca con un trozo de teja. El drama clásico de Job se repite miles de veces. El hombre que no acepta a «Job», que no conoce a «Job», se encierra en la dialéctica. Al ascenso le sigue la caída, al progreso el retroceso, en una sucesión sin fin. Así el misterio de la Montaña Sagrada sigue siendo un enigma sin solución. De Job se dice: «En todo esto, Job no pecó». Su fe interior y su confianza permanecieron inquebrantables. Así el alumno encuentra el método con el que puede «abrir» la montaña, pronuncia la palabra, expresa la fórmula mágica, por la que se manifiesta el arco del Señor. La puerta se abre, el peregrino puede entrar. ¿Qué palabra, qué fórmula mágica es pronunciada? ¿Con qué milagro se elimina toda la dialéctica? El mayor de los milagros se encuentra en la simplicidad de las cosas. Todos conocen las palabras mágicas. Las encuentran en su Biblia. En sus oraciones las han repetido infinidad de veces. Las han vaciado de contenido. La fórmula mágica, con la que el alumno abre la puerta de la Montaña Sagrada, está contenida en las palabras pronunciadas por Cristo, el fundador de los misterios cristianos: «Hágase Tu voluntad». Cuando una persona pronuncia estas palabras sin una comprensión correcta, le sobreviene la calma, la esperanza, el pensamiento de que una fuerza exterior, Dios, ya lo hará todo. Pero el alumno en el camino, que ha descubierto que la voluntad universal se manifiesta en su ser más profundo y que quiere revelarse a través de él, el alumno que ha penetrado en la Montaña Sagrada por el servicio de amor que se entrega en oblación, conoce la calma de la seguridad, conoce la fuerza divina que yace en él, y se acerca a la Montaña Sagrada con estas palabras, que no deberían pronunciarse muy a menudo. Al igual que Moisés en la narración simbólica del Antiguo Testamento, golpea con su vara la montaña y con su magia hace brotar el agua de la vida. Así, el alumno que ha madurado para ello es acogido en la montaña de la realización y es sumergido, por el agua viva, en una sabiduría inconmensurable. Es acogido en la esencia ilimitada de las cosas, de donde no es posible volver a caer. Toda sabiduría se protege a sí misma. Usted no puede alcanzar la sabiduría con manos impuras, pero no obstante, está ahí para todos. Antiguamente toda sabiduría se irradiaba a través de los estrechos canales de las escuelas de misterios, porque no era posible hacerlo de otra forma, ya que el hombre aún se encontraba en una fase de desarrollo infantil y no podía entender la sabiduría de otra manera. Pero ahora se enseña un nuevo lenguaje de la magia, que no hemos inventado nosotros, sino que ya se hablaba en la Confessio Fraternitatis y que en estos años prodigiosos se está imponiendo sobre nosotros. La misión de la Escuela de Misterios, del maestro, de los hermanos mayores, de los servidores de Dios y de todos los demás medios auxiliadores, ha cambiado completamente por la intervención del sublime Espíritu de Cristo en nuestro tiempo. Ahora se trata del camino y de la propia vida. Todos los grandes de espíritu se han esforzado, tanto durante la fase de involución como al principio de este proceso de evolución que está comenzando, por desarrollar en los grupos pioneros todos los valores que capacitan al ser humano para avanzar hacia la Montaña de la Realización. El camino está allanado desde hace eones y nuestro organismo espiritual y material está totalmente equipado para recorrerlo. El arco de la promesa ha estado brillando en el firmamento espiritual desde los tiempos de Noé. Así el camino es la base, el puente dorado hacia la meta. Cristo y sus servidores trabajan en el mantenimiento de este puente, el cual es atacado constantemente por las fuerzas de la magia negra. Y aquí está la propia vida, aquí estamos nosotros. Tenemos que recorrer este camino en la fuerza de Cristo, paso a paso. La meta no es el camino, sino la propia vida. En esta obra de la creación eterna, en la que nos corresponde un papel principal como espíritus puros, se trata de que las entidades humanas lleguen a ser conscientes. Éste es el gran drama que representamos juntos desde hace millones de años. También forma parte de ese desarrollo el que las escuelas de misterios, tal como las conocemos del pasado, sean disueltas y renovadas completamente. Cuando Cristo envió a los sanadores y éstos regresaron, después de realizar su trabajo, entusiasmados y llenos de fuerza, les dijo: «En verdad os digo, cosas más grandes que éstas haréis». Al igual que ahora Cristo y sus auxiliadores tienen que formar para nosotros el puente de la realización y mantenerlo, así también en el futuro nosotros tendremos que ser el puente para aquellos hermanos y hermanas que todavía no han encontrado el camino. Por eso, todos los que son conscientes, todos los que han oído la llamada de esta voz interior, son conducidos hacia la Montaña Sagrada. En esta montaña son transformados en la piedra de oro, la piedra de los sabios, y con estas piedras se construye el arco del Señor, el puente dorado. Cuando Pablo dice: «Trabajad para vuestra bienaventuranza con temor y temblón), no está diciendo que cada uno mire por sí mismo y Dios cuidará de todos; sino que establece la exaltación de la hermandad en la verdadera amistad. Nadie puede alcanzar su liberación sin la liberación de los demás. Todos tenemos que esperar a todos los demás. Juntos formamos una única jerarquía de seres, un cuerpo, un organismo palpitante. Por esta razón la enemistad y el odio no tienen sentido, ya que por la aplicación de una ley natural la enemistad y el odio se convierten en amor y amistad. Por eso debemos amar a nuestros enemigos y hacer el bien a quienes nos odian. Éste es el cumplimiento de la ley más elevada y de los profetas. Ésta es la más elevada lógica que usted puede comprender. Pero la ley del amor no es suave. ¡Exige todo o nada! La ley del amor tampoco significa pacifismo. La ley del amor destruye. “Dios es amor”, decimos repitiendo las Sagradas Escrituras. Pero Dios es también un fuego devorador. Para que la ley del amor se cumpla en y con respecto a nosotros, es necesario romper absolutamente con todo lo viejo. El amor no crece en una tierra corrompida, el amor no prospera en la oscuridad, el amor no admite compromiso. El amor verdadero es lo absoluto desde el remoto comienzo. Con esto queda todo dicho. Este impulso del amor supera y destruye todo lo que se opone a él. El amor lo puede todo. Tenemos que construir el puente de la realización por medio de la abnegación. Sobre nuestras espaldas, por nuestro sacrificio, los hermanos y hermanas podrán dar un nuevo paso en el desarrollo humano, incluso quienes nos odian y hasta nuestros enemigos. Toda alma que colabora en esta inmensa tarea, puede impedir mucho derramamiento de sangre. Toda alma que escucha la voz que llama, pero la rechaza, dicta su propia sentencia. Ahora hemos utilizado el nuevo lenguaje de la magia. Los caracteres de este lenguaje fueron grabados diáfanamente, durante su milagrosa creación, en los cielos, en la Tierra y en los animales, para que pudiéramos reconocer con antelación lo que está por venir. De todos estos caracteres hemos extraído nuestra escritura mágica. En estos años estamos hablando una nueva lengua, porque hemos abandonado los viejos modos de proceder, y ya no podemos seguir hablando el antiguo latín. Además, tampoco queremos hacerlo. Las lenguas del pasado, el antiguo modo de ver las cosas, bajo el que vivimos y padecemos, ya no concuerdan con la lengua de Adán ni con la de Enoch. «Adán» es el camino de la humanidad. «Enoch», el sendero de la iniciación. Es imposible para un hombre acercarse a la puerta de «Babel», a la puerta de la realización, mientras siga hablando el antiguo lenguaje: la babilónica confusión de las lenguas. ¿Reconoce por qué son tan críticos los tiempos en que vivimos, y qué nos hace sentir tan terrible ansiedad? Todos los sistemas de liberación que han sido ideados actualmente por hombres, se basan en el antiguo lenguaje. Todo idealismo está unido al «antiguo latín». La iglesia y el culto religioso están firmemente anclados en él. La Escuela de Misterios se ha manifestado ahora públicamente, porque hasta los buscadores en el camino esotérico, incluso los que aspiran con seriedad, todavía siguen expresándose, en mayor o menor medida, en el «antiguo latín», todavía siguen aferrándose a este mundo y a su conocida falsedad. Por ello, un nuevo lenguaje de la magia tiene que abrir primero los cielos y sacudir el mundo hasta en sus cimientos, porque la ley del amor, con su «todo o nada», lo exige así. Entonces el hombre podrá escuchar y entender la lengua de Adán y la de Enoch, y la Escuela de Misterios podrá cumplir totalmente su misión. Como un tremendo gemido, la llamada de Dios recorre rápidamente el mundo resonando como el sonido de un trombón. Los iluminados gritaban antaño: «¡Oh, si se desgarrasen los cielos!» y realmente: ¡los cielos se desgarran! Y se percibe el nuevo lenguaje que ha sido extraído de las señales eternas de Dios. Es la llamada de Acuario, del cristianismo vivo. Usted ve las nubes oscuras, pero tras ellas brilla e irradia la luz de la Montaña Sagrada. Pronunciemos el mántram sagrado conscientemente, con positivismo, impulsados por la ley del amor que quiere salvar a la humanidad. Entonces se abrirán los cielos y se mostrará el arco de la promesa. La puerta de la realización, la Babel verdadera, se abrirá, y podrá oírse el coro invisible, acompañado de címbalos y flautas: «Ésta es la puerta del Señor, a través de la cual pasará el pueblo liberado.» ¡Hágase tu voluntad! Amén. Sin embargo, no debemos dejar de exhortar que, mientras quede alguna pluma de águila que dificulte nuestro objetivo, nosotros les aconsejamos que lean y apliquen permanentemente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay ninguna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estudios y de todo su empeño. A ellos, no les pedimos que tengan siempre el contenido de este libro en sus labios, sino que lleven su propósito a este mundo, adecuándolo al conjunto de períodos y edades. Pues tampoco entra en nuestras costumbres vulgarizar las Sagradas Escrituras, como sucede con algunos que, ante la infinidad de interpretaciones, intentan mantener en pie la interpretación de su grupo, o con otros que la trivializan con la vieja maldad, dado que son tan moldeables como la cera, para que sirva tanto a teólogos como a filósofos, sanadores y astrólogos. Más bien deseamos profesar en público que, desde los comienzos de este mundo, no ha existido un libro superior, mejor y más saludable que la Santa Biblia. Bienaventurado quien la posee, más bienaventurado aún quien la lee, y el más bienaventurado es quien ha profundizado en su contenido, mientras que quien es capaz de comprenderla y obedecerla se asemeja a Dios. Confessio Fraternitatis R.C., capítulo X 6 El libro maravilloso Nosotros, buscadores del misterio oculto, sabemos que en todo el universo reina el sistema y el orden, y que el universo se desarrolla de eternidad en eternidad según leyes imperecederas. Nosotros que, paso a paso, vamos apartando los velos que nos separan de lo inexpresable, descubrimos el plan en cada realización. Nosotros, que indagamos las relaciones entre macrocosmos y microcosmos, reconocemos el magnífico equilibrio existente en todo. Nosotros, que subimos por los estrechos peldaños de la escalera de Mercurio, para elevar nuestro ser consciente en los mundos de lo invisible, vemos fluir en el éter las corrientes de vida de los reinos de la naturaleza. Nosotros, que nos acercamos al gran silencio, escuchamos las voces del silencio. Nosotros, alumnos de la Escuela Espiritual, que entramos en el Templo del Espíritu, alcanzamos la gloria del pensamiento abstracto. Nosotros, servidores del fuego, escrutamos profundamente las fuentes del poder humano. Sabemos, desde siempre, cuál es la vocación del hombre. Nosotros, Cosechadores de rosas en el jardín de Fohat, vemos brillar en un instante, como en un arrobamiento de los sentidos, el camino de desarrollo de horizonte a horizonte. Nosotros, que de este modo multiplicamos nuestra ciencia, ensanchamos nuestros horizontes, ampliamos nuestra conciencia, cargamos nuestras facultades con energía dinámica, pasamos de la sorpresa a la admiración, de un profundo asombro a una balbuciente adoración, a la humildad, al servicio de Dios. Nosotros, de quienes se dice que tenemos el frío raciocinio en la más alta estima, experimentamos cómo nuestro conocimiento culmina en una profunda convicción religiosa. Nosotros nos inclinamos ante la majestad de Dios, porque toda investigación profunda revela la intervención de Dios en todos los reinos, porque experimentamos la fuerza que se encuentra detrás de todo, la fuerza sublime que mueve a nuestro planeta a través del espacio, a saber, la Luz del Mundo: Cristo. Tal como ya hemos asegurado con insistencia tantas veces, la Orden de la Rosacruz es, sin ninguna restricción, cristocéntrica, y no sólo en sentido abstracto, sino hasta en los mínimos detalles y, por supuesto, igualmente en lo que respecta a su terminología, que es puramente cristiana. El abandono de la terminología cristiana no sería justificable desde el punto de vista gnóstico-científico y privaría a nuestro movimiento, a nuestro trabajo en el mundo, de la fuerza que tanto necesita. Vamos a intentar explicarle el porqué. En nuestra época existen innumerables y excelentes representantes de la humanidad que transmiten a las multitudes muchos y elevados valores espirituales y morales, valores que son necesarios para la continuidad de la vida que sigue el plan de Dios para el mundo, y que tienen que ser transmitidos con fuerza a ciertos grupos. Pero todas estas cosas realmente bellas no pueden equipararse con el cristianismo. En el mejor de los casos, podríamos decir que dilucidan algunas consecuencias del cristianismo o que apuntan a un camino que conduce al cristianismo vivo. Nosotros somos alumnos de la Escuela de la Rosacruz de Oro. Explicamos el lenguaje de nuestro Padre y Hermano Cristian Rosacruz y de sus hermanos. Queremos ser servidores de la Escuela de Misterios de Occidente. Queremos ser heraldos de la enseñanza de la sabiduría de occidente. Queremos anunciar la religión mundial que se nos ha manifestado, el cristianismo gnóstico vivo, cuya esencia está destinada a colmar el mundo, y no sólo según su espíritu y su verdad —ya que esto se sobrentiende— sino también con su terminología. Lógicamente, algunos comentarán: «¿Cómo puede tener una mentalidad tan estrecha alguien que se llama alumno de la Escuela Espiritual y cuya meta es la demolición de este orden natural, como para aferrarse tan minuciosamente a unas simples palabras, a una terminología? ¿Acaso no conoce la frase: "Ay de quien tome el vestido de la Tora por la propia Tora"? ¿No es cierto que el vestido no es lo importante? ¡Es algo secundario! Aquí debemos tener en cuenta lo esencial». A esto replicamos, con todo el respeto debido a los grandes trabajadores que actúan en este mundo —pues todo contribuye al bien—, que precisamente nosotros, como alumnos, como sucesores de nuestro Padre Cristian Rosacruz, defendemos con todas nuestras fuerzas la terminología cristiana, porque es mágica y representa la fuerza de nuestra Orden. Puede que el vestido de la Tora no sea esencial, no sea lo principal, pero sin embargo, no es inútil ni secundario. ¿Qué alumno serio no apreciaría que el vestido, en sentido espiritual, sea el reflejo de lo interior? Tanto si lee la Biblia de forma exotérica como esotérica, usted está sujeto a la profunda fascinación de su inmensa magia. El vestido y el ser se han convertido en una maravillosa unidad, y usted tiene que conocerlo para poder acercarse a los misterios crísticos. Incluso simplemente como libro, por su presencia, la Biblia ejerce un efecto misterioso, una fuerza extraordinaria. ¿Qué es un libro, un libro cerrado en su librería? Algo muerto. ¡Pero no ocurre lo mismo con su Biblia! Usted ve dicho libro en el foco de nuestros templos. ¿Está allí como simple elemento decorativo? ¿Se trata quizás de un piadoso símbolo místico y nada más? No, este indecible elemento mágico, este foco de la sabiduría de Cristo en la oscuridad de este mundo puede, incluso sólo como libro, purificar la atmósfera de nuestros templos de todas las fuerzas malignas. ¡Ellas no se atreven a acercarse al libro abierto! Los enfermos invadidos por fuerzas astrales saben, al igual que nosotros, que el libro abierto crea a su alrededor un círculo mágico protector. Por ello la terminología bíblica es una de las condiciones para nuestra proclamación. No existe ningún otro libro sagrado en el mundo que ejerza tal influencia. Otro ejemplo que queremos darle se basa en una opinión exotérica cristiana muy simple: Un alma sencilla que ansia la sabiduría, la liberación de sus temores, por la lectura de la Biblia ya se coloca - aunque suceda sin que comprenda prácticamente nadabajo la fascinación, la influencia de su fuerza mágica, realiza ya un aspecto de lo que llamamos fe. Si lee el capítulo 11 de la Epístola a los Hebreos, comprenderá de lo que es capaz la humanidad cuando está animada por la fe. «Y si tuvieseis una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podríais mover montañas». ¿De qué fe se habla aquí? ¿De fe en una u otra terminología? Naturalmente que no. Aquí se habla de fe en Cristo, que no sólo es una idea, sino una fuerza que gobierna y domina toda la realidad de nuestra existencia. Esta fuerza se nos ha manifestado con un vestido determinado, que no ha sido confeccionado por nosotros, sino por los Señores del Destino, que dan a cada uno lo que requiere para su desarrollo espiritual. Este vestido es manchado, escupido, desgarrado e incluso negado por muchas iglesias en sus aspectos más elementales, pero, a pesar de todo, la forma nos acompaña como una ayuda de Dios. ¿Puede ahora comprender la fuerza de fe, el poder del Evangelio, que no nos habla de forma abstracta, sino que allí donde es necesario, se vuelve clara, resplandeciente, precisa e irrefutable? La humanidad busca la liberación, pero la liberación ya está aquí. La humanidad busca un héroe fuerte, pero el héroe fuerte ya está aquí. La humanidad busca una filosofía salvadora, pero esta filosofía ya está aquí. Hay hombres que buscan la magia liberadora, pero esta magia ya está aquí. La fuerza de las fuerzas vive entre nosotros y tenemos que llevarla a la conciencia del mundo y de los hombres. Algunos hombres hablan de un profundo humanismo que debe extenderse en este tiempo. Bien, pero tal expresión aclara muy poco. No se puede hablar en absoluto de profundo humanismo si no recorremos el camino de la humanidad. En ese camino encontramos a Cristo, y Él nos dice: «¡Sin mí, nada podéis!» Ante esta realidad se inclina también, en primer lugar, el alumno. Si incluso en el hombre sencillo, que bebe la «leche» del manantial del saber exotérico, se puede hablar de seguridad de fe, ¡cuánto más será entonces la fuerza de fe, la certeza en la fe, de quienes pueden tomar el «alimento sólido» del aspecto gnóstico de la palabra divina! Ellos son llamados a algo tan imponente, sublime y colosal, que no podemos encontrar palabras para expresarlo. La magia del cristianismo lo abarca todo y está más cerca que las manos y los pies. Ha sido erigida como una alta torre en la Biblia. Es sostenida por los eternamente grandes, los Señores del Destino, que están por encima de todo error. Esta magia es tan magistral que hace hablar a las piedras. El amor de Dios hace que el libro muerto cobre vida y destelle ardientes chispas, que hacen huir a todo lo que pertenezca a la oscuridad. ¡La magia del cristianismo está ahí para usted! Es la fuerza de Dios, el ofrecimiento de la ayuda de Dios, la fuerza de Dios para la bienaventuranza. Debemos aportarle este Evangelio porque sabemos que de ello depende, y por él es realizada, toda renovación definitiva de la humanidad, pues la Biblia es una síntesis mágica, un reflejo de la propia palabra viva que mora entre nosotros. Como fórmula mágica, este libro maravilloso puede ahuyentar la oscuridad y romper el hechizo del mal, de la misma manera que la palabra viva romperá con fuerza el hechizo y la maldición bajo cuyo peso camina encorvado este mundo, y llamará a la humanidad hacia una nueva era. Estos tiempos son tan importantes porque —según nos lo explica muy detalladamente el libro maravilloso— el tiempo ha llegado. Ahora que le ha sido dado un conocimiento esotérico elemental ya puede usted comprender qué fuerza se encuentra en esta magia y qué inexpresable manantial de fuerza está contenido en la palabra viva y en su reflejo, la Biblia. Y si su fe en todo esto fuese pequeña como un grano de mostaza, podría mover montañas. ¿Comprende ahora qué pretendemos con nuestro trabajo? Queremos realizar la exigencia de la Biblia de forma gnóstico-científica con las armas del amor. Si, a pesar de haber sido reiteradamente mancillado con las tachas de este oscuro mundo, este libro maravilloso posee fuerza como síntesis mágica, cuánta más fuerza se liberará si emplea esta fórmula mágica conscientemente. No somos nosotros quienes le hablamos; sólo somos portavoces de la sabiduría contenida en la Confessio Fraternitatis. Allí puede leer: No debemos dejar de exhortar que, mientras quede alguna pluma de águila que dificulte nuestro objetivo, nosotros le aconsejamos que lea y aplique permanentemente la Santa Biblia. Que quien se sienta satisfecho con ello, sepa que se está acercando a nuestra Fraternidad. Así como la esencia de nuestras reglas es que, en esta obra maravillosa que es el mundo, no hay ninguna letra que no haya sido grabada en nuestra memoria, de la misma manera consideramos nuestros semejantes y más próximos a nosotros a quienes tienen este libro único, la Santa Biblia, como el resumen y la quintaesencia del mundo entero, objetivo y término de su vida, de sus estudios y de todo su empeño. Unas pocas plumas de águila obstaculizan nuestro avance. Todos los hombres llevan muy dentro de sí la conciencia de su realeza. Todos ellos perciben, en sus mejores momentos, la vibración de su chispa divina en el interior, pero todas estas sugestiones son sólo una débil sombra de lo que vendrá después. Son algunas plumas sueltas del vestido de la futura águila, y aunque los niños puedan jugar con trozos de tiesto, los adultos, sin embargo, no deben conformarse con pedazos de la totalidad. El todo sólo puede formarse cuando el hombre acepta conscientemente la fuerza que realiza todo en todos, cuando pasa de la sorpresa a la admiración, del profundo asombro a una adoración balbuciente, de la humildad a una alegre y jubilosa exaltación de la Luz del Mundo: Cristo. Porque: Aunque Cristo hubiese nacido mil veces en Belén, si no ha nacido en ti, seguirías estando perdido. Acerca del juicio emitido por nosotros, sobre los impostores, en cuestión de transmutaciones de metales y del remedio supremo del mundo, esto es lo que queremos decir: no queremos menospreciar en absoluto este don de Dios. No obstante, como este don no conlleva el incesante conocimiento de la naturaleza y, sin embargo, la filosofía sí enseña este conocimiento, además de una infinidad de otros misterios de la naturaleza, quedará claro que prefiramos las enseñanzas de la filosofía y que estimidemos a los espíritus más lúcidos y perspicaces a que estudien con exactitud la naturaleza, en lugar de tintar metales. Insaciable debe ser la avaricia de quien ha llegado a ser indiferente a la pobreza, a las contrariedades, a las enfermedades y que incluso se ha elevado por encima de toda la humanidad, hasta el punto de dominar aquello que atormenta, angustia y martiriza a los demás. Seguro que tal hombre, finalmente, siempre se vuelve hacia las locuras de la naturaleza, construyendo casas, emprendiendo guerras y perdiendo la humildad, ya que piensa que posee suficiente oro y un río de plata inagotable. El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad; un justo castigo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su mentira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo. Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea. Confessio Fraternitatis R. C, capítulo XI 7 La transformación de los metales y el remedio supremo Dirigir la atención de quienes quieren escucharnos hacia los fundamentos cristocéntricos de la Fraternidad de la Rosacruz podría hacer que se pensara que toda la manifestación de la Rosacruz se centra en el estudio de la Biblia, en la descripción de los valores interiores de la Biblia y en la definición de normas para un comportamiento de vida cristiano. Si usted ha tenido este pensamiento, tenemos que decirle que con lo dicho se trata de dejar claro el fundamento sobre el que se apoya toda vida realmente gnóstica, ya que siempre existe el peligro de que se olvide el principio fundamental básico, se enturbie el principio original, se sepulten las fuentes de donde mana el agua viva, con el consiguiente perjuicio. Por ello, desde el principio de su actividad hasta ahora, los rosacruces han dicho: reflexionad sobre el cristianismo, ¡pues el cristianismo, Cristo, es una fuerza! Es el principio impulsor, dinámico, del que nada ni nadie se puede separar. En esto reconocemos al verdadero rosacruz, en que confiesa a Cristo y, ciertamente, no con imágenes abstractas, ni de forma velada, de la que se pueda deducir cualquier cosa, ni por medio de la así llamada nueva objetividad, ni por supuesto utilizando otra terminología, sino porque persevera en la elevada magia de la Biblia y proclama, como nuestro Padre Cristian Rosacruz, con un absoluto positivismo, con tranquilidad y firmeza: «Jesús mihi omnia - Jesús es todo para mí». Así se coloca la base de forma concreta, se ilumina con claridad y se renueva constantemente con toda la fuerza, porque sobre este fundamento tienen que ser erigidos el trabajo y el esfuerzo gnóstico-científico del individuo y de la humanidad. Con decir que «Jesús es todo para mí» no se acaba el asunto, ya que, con la profunda convicción alcanzada por la investigación gnóstico-científica, el alumno se pone a trabajar para asumir y realizar su misión en el cosmos. Esta misión nos deja perplejos por su envergadura y significado. La Fraternidad de la Rosacruz, como Escuela de Misterios de Occidente, se sumerge en los indecibles y profundos secretos con los que trabaja. Despierta fuerzas latentes en el microcosmos y el macrocosmos, amplía su radio de acción y desarrolla las más sublimes posibilidades que están latentes en el hombre. Su camino es un camino de héroes, un trabajo titánico, en el que al mismo tiempo está presente una sensación de profunda dependencia, de que existe una fuerza, un poder sublime, que les capacita para todo: «¡Jesús es todo para mí!» Quienes dirigen la Escuela de Misterios de Occidente, o quienes son admitidos como alumnos, dominan en mayor o menor grado las fuerzas denominadas «la transmutación de los metales» y «el remedio supremo». Aquí penetramos en el campo del verdadero trabajo rosacruz: La alquimia del trabajo de curación. No obstante, en el transcurso de los tiempos, nada ha sido tan mal comprendido como estas dos expresiones de la Rosacruz. Alquimia Con respecto a la alquimia existen dos interpretaciones. Una de ellas ve en la alquimia la transmutación de los metales en sentido literal. Seguramente conocen los antiguos grabados que muestran al alquimista rodeado de sus retortas y alambiques, ocupado en toda clase de misteriosos procesos que culminan en el arte de transformar metales innobles en oro. La otra interpretación es diametralmente opuesta a la primera y considera la transmutación de los metales como algo puramente espiritual. En este caso, se trataría de liberar el oro del espíritu de los límites de la vida inferior y elevarlo a una realidad superior. La primera opinión es totalmente errónea. La segunda, como descripción de una de las aspiraciones de la humanidad, contiene parte de verdad; pero sigue sin decir nada con respecto a la alquimia de los rosacruces. ¿Qué es la alquimia? Un estudio más profundo, un desgarramiento de los velos nos lo mostrará. Nosotros vivimos con nuestros vehículos materiales, conscientemente, en la esfera química del mundo material, en el nadir de la materialidad. Este mundo material se compone de elementos, fuerzas, minerales y metales. El mundo material caído en el que vivimos está inmerso en una esencia espiritual, que es la fuerza de Cristo. La incesante tarea de esta esencia espiritual consiste en restablecer el mundo material en su pureza original, e impulsar a la vida que se desarrolla en él hacia el camino que le está predestinado. Cristo, que todo lo colma, recibe la ayuda de la Escuela de Misterios de Occidente para que se culmine esta misión. Detrás de todo proceso de renovación o destrucción se encuentra la Orden de la Rosacruz, trabajando febrilmente a su servicio en todos los planos y con toda su organización. Esto es alquimia, la alquimia de los rosacruces. Esta alquimia lo abarca todo y es muy concreta. No basta con decir: «Se trata de liberar el oro simbólico del espíritu». Naturalmente que se trata de esto; ésta es, en resumidas palabras, la meta de la humanidad. Sin embargo, la alquimia pone en marcha el proceso para alcanzar este objetivo. Un alquimista rosacruz es, por lo tanto, un hombre que colabora en la regeneración del mundo y de la humanidad de todas las formas posibles. En todos los campos de la ciencia, del arte y de la religión se puede reconocer el maravilloso proceso alquímico. No existe ninguna ciencia que esté excluida de los procesos alquímicos rosicrucianos. Tras las bellas artes se encuentra un poderoso deseo de renovación: la alquimia. Detrás de la meditación religiosa de los individuos yace el impulso dinámico hacia una orientación absoluta: la alquimia. Somos testigos del derrumbamiento de todo un sistema social y de la desaparición de métodos caducos, anticuados, y percibimos un irresistible impulso por alcanzar un renacimiento total, que se expresa de múltiples formas. Este es el efecto del fuego, las llameantes lenguas de fuego bajo las retortas de los alquimistas. ¿Reconoce que así la alquimia se convierte para usted en algo vivo? ¿Reconoce que no puede relegarla a la Edad Media, en la que los magos intentaban transformar metales innobles en oro? ¿Comprende que la alquimia está muy cerca de usted, que es el latido del corazón de nuestros tiempos, que puede ver sus llamas, que puede sentir la actividad de los Hermanos Mayores, que puede oír el siseo de la masa en ebullición en las calderas de cobre? Naturalmente, se trata de la liberación del oro espiritual. Pero en todos los tiempos escuchamos las voces y vemos la actividad de los trabajadores de Dios, de los alquimistas, los transmutadores de los metales innobles en el mundo material. Así los Hijos del Fuego atizan el fuego eterno bajo las retortas de Dios. Lo innoble es arrojado a su interior; arde ante el Señor, y de la ceniza se eleva un nuevo fénix, el pájaro de fuego. El remedio supremo La humanidad que lucha en el mundo material ignorando la verdadera meta de su existencia y de su combate, ha sido dolorosamente herida y dañada en todos los sentidos. Física, moral y espiritualmente, el hombre muestra toda clase de defectos y complejos. De esta realidad surge la obra universal de curación. Así como la alquimia se ocupa de la renovación de la humanidad, el remedio supremo debe producir hombres nuevos, sanos, que puedan emprender su tarea en un nuevo mundo. De nada serviría que sólo se construyera una casa nueva, también tiene que haber hombres que vivan en ella. Por eso la alquimia está indisolublemente unida al remedio supremo. Por eso los rosacruces, en todas las épocas, siempre fueron sanadores y pudieron ayudar a los enfermos que les eran confiados. Un hilo de oro recorre la historia del mundo, el hilo de oro de la ayuda y del consuelo, que han podido ser aportados a muchos enfermos físicos y psíquicos. Los hermanos de la Rosacruz siempre han ocupado un lugar preeminente en esta obra de curación y también son los que, en última instancia, renuevan los métodos para la consecución del objetivo. En nuestra tumultuosa época, la alquimia y el remedio supremo trabajarán codo con codo para originar una nueva manifestación, una nueva revelación, como el mundo no ha visto jamás. El proceso al químico impulsará a miles de personas, consciente o inconscientemente, hacia un completo renacimiento del hombre y de la sociedad. Un nuevo resplandor de felicidad y alegría se mostrará en los rostros cenicientos de millones de hombres que ahora están marcados por el miedo y la desesperación. Nunca debemos olvidar que el Padre nos ha mostrado tan gran amor, que ha enviado entre nosotros a Su Hijo, el Cristo. Y, así, sucederá que el remedio supremo descenderá hacia nosotros, el remedio que curará innumerables y espantosas enfermedades del cuerpo y del alma. Es una nueva revelación de la panacea de los rosacruces. Así son aceleradas las rotaciones de la rueda del tiempo. Después de una noche angustiosa, la humanidad despertará en una nueva mañana. Pero detrás de esto se esconden, a pesar de toda su magnificencia, grandes peligros. Hemos tratado algo sobre los secretos ocultos de la Escuela de Misterios y hemos comprobado que los Hermanos y sus servidores trabajan a nuestro alrededor y entre nosotros, y que la escuela de experimentación de los misterios es la vida real en toda su amplitud. Y precisamente por esta razón, y porque la procedencia y la manifestación de toda alquimia y curación en todas las formas de vida y conocimiento, no nos conducen siempre al contacto directo con el eterno manantial de todas las cosas (porque algunos se ocupan de toda clase de problemas, totalmente inconscientes de las fuerzas de radiación que residen tras ellos), es necesario que quien esté ocupado en la realización actual de estos procesos, se purifique primero en la sabiduría de Cristo. La práctica de la vida verdadera nos enseña que todo saber, toda fuerza y toda acción son utilizados erróneamente, si no tienen su origen en la fuente eterna y no han sido purificados por ella. El hombre siente en sí una poderosa fuerza y, desde su egocentrismo y autoafirmación, utiliza esta fuerza para metas que ocasionan dolor, tormento y desesperación a otras personas; que provocan ansiedad por el oro, las guerras y los crímenes. Así descubrimos que una fuerza originalmente santa se convierte en una caída. Los alumnos que están fascinados por la magia, deberían tener esto en cuenta. En cuanto olvidan, en cuanto niegan el fundamento de su trabajo y esfuerzo, éstos se convierten en una caída. El proceso del fuego es un proceso acelerado y por ello en este camino existen también grandes peligros. Si los trabajadores ocupados en el proceso al químico de la renovación de la humanidad no están animados por las justas motivaciones, corren el riesgo de sufrir un accidente y dañarse a sí mismos con las llamas que se encuentran bajo las retortas, o con la explosión de sus preparados. Quienes preparan y buscan el remedio supremo deben comprender bien que no serán considerados aptos y jamás lo serán, y que serán apartados del trabajo con total seguridad, si no tienen en cuenta el principio fundamental. En este contexto se dice en el capítulo 11 de la Confessio: «El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad». Los trabajadores humildes y silenciosos de este mundo penetran en la naturaleza, en la esencia de todas las cosas. Son los que trabajan sin descanso, no para ser vistos por los hombres, sino porque la voluntad de Dios tiene que ser ejecutada. En este mundo la impostura se encuentra invariablemente ante una dura sentencia. A través de todos los tiempos, la impostura ha sido destruida por completo. Cuando la falsedad se apodera de las instituciones públicas, forma un obstáculo para el desarrollo ulterior. Por eso, en los próximos años desaparecerá el orden social actual y será sustituido por otro que esté más en armonía con el origen de todas las cosas. Pero ante todo, la humanidad se separará en los próximos años de las seudo-religiones. Si reflexiona profundamente sobre el dolor y la miseria que nos aporta el mundo, y si quiere encontrar sus causas, descubrirá que la iglesia está cargada con la mayor y más profunda de las culpas. La iglesia que se denomina la representante de Cristo en la Tierra, que se cree capaz de administrar los santos sacramentos, la iglesia que afirma interpretar y promulgar la verdad en toda su amplitud, es la causa de la mayor miseria, es el origen de tanto materialismo. Cristo, en su tiempo, rechazó la iglesia. Él llamó a los sacerdotes «sepulcros blanqueados, por fuera blancos y llenos de magnificencia, pero por dentro llenos de osamentas y veneno». Realmente el proceso de decadencia avanza inexorablemente y con gran fuerza. No quedará piedra sobre piedra. Debemos volvernos una nueva Iglesia, fundada sobre la verdad y que proclame la verdad. La Confessio Fraternitatis le profetiza la siguiente sentencia: «El Regente Supremo, sin embargo, ha dispuesto las cosas de otra manera. El otorga la dicha a los humildes, castiga a los soberbios con la oscuridad, confía a los ángeles la tarea de dialogar con los silenciosos, y arroja a los fanfarrones a la soledad; un castigo justo para el embustero romano, el cual se ha desbordado de blasfemias contra Cristo y, pese a que en Alemania ha sido descubierta toda su abominación, incluso en pleno día se aferra a su mentira, hasta el punto de colmar la medida de sus pecados y estar listo para el castigo. Vendrá un tiempo en que esta víbora cesará de sisear y en el que su triple corona será reducida a la nada, tema del que trataremos más particularmente y en detalle cuando se celebre nuestra asamblea». Dios es un fuego devorador. Si se burla del fuego sagrado y de su misión, el fuego le asirá. Será destruido en el proceso alquímico y el remedio supremo pasará de largo ante usted. A través de los cambiantes tiempos resuena el rítmico tictac del reloj de Dios, que funciona eternamente. Las agujas avanzan lentamente. Segundo tras segundo, se va cumpliendo el tiempo, hasta que sea indicada la hora en la que, por ley se ejecute, la sentencia. Claras y profundas campanadas anunciarán entonces por todo el mundo la hora del juicio; pero, gracias a Dios, también la hora de la nueva era será anunciada a la humanidad, en la que ya no habrá lugar para la cabeza de Jano con sus dos caras. Al término de nuestra Confessio, deseamos recordar diligentemente que conviene rechazar la mayoría, si no todas las obras de los seudo-alquimistas, quienes por gusto pasan el tiempo abusando inútilmente de la Santa Trinidad y engañando al público con extrañas figuras y propósitos oscuros, esquilmando el dinero de los simples. Nuestro tiempo conoce una proliferación de gente de esa clase, entre quienes se encuentra un excelente actor del anfiteatro, un hombre muy importante y lo suficientemente listo como para engañar a sus semejantes. Este tipo de personas mezcla al enemigo de la dicha humana entre el buen grano, con la esperanza de menguar el crédito de la verdad, ya que la verdad es sencilla y desnuda, mientras que la mentira, por el contrario, se viste imponente y majestuosa, y se cubre con un velo de sabiduría divina y humana. Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofrecemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vuestros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros partícipes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospitalidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas. Sabed que no actuamos según nuestro capricho, sino según el Espíritu Divino. Tal como nuestro muy amado Padre lo ha dispuesto en su testamento, y el tiempo actual lo exige de nosotros. Confessio Fraternitatis R.C., capítulo XII 8 La seudo-Alquimia Quien estudia la filosofía esotérica, reconoce con rapidez el objetivo de la alquimia de los rosacruces y descubre que no se trata de laboratorios misteriosos con venerables personajes, reclinados sobre crisoles y retortas, observando el resultado de sus extraños experimentos. Identificar a los rosacruces con los hacedores de oro de la Edad Media es una mistificación histórica, o tal vez los antiguos hermanos de la Orden actuaron así para desviar la atención de su verdadera ocupación. De la misma manera, hoy en día, muchas fuerzas inspiradas por la Orden de la Rosacruz realizan su verdadero servicio de forma completamente inadvertida, gracias a sus sencillas ocupaciones. El significado gnóstico-científico oculto del término «alquimia» está relacionado con la gran tarea mundial de las Escuelas de Misterios. La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturbadora. Debemos erradicar de su pensamiento cualquier idea de secretismo. Los hermanos no realizan encuentros nocturnos en siniestros parajes, ni tampoco románticas reuniones, capaces de cortarnos la respiración, en casas en medio del bosque, en las que se oyen misteriosos ruidos y de cuyas viejas chimeneas salen densas nubes de humos caprichosamente coloreadas por los gases procedentes de la combustión de extraños preparados. Estas historias quizá podrían servir como cuentos para noches de invierno, o como venganza secreta para provocar una pesadilla a un huésped no deseado. Sin embargo, nadie debería suponer que la historia de los rosacruces tiene algo que ver con cuentos terroríficos. La verdad es sencilla, pero a la vez muy perturbadora. La verdad sólo pueden percibirla quienes comprenden el palpitar de estos tiempos. Todo cuerpo celeste es una síntesis material de grandes fuerzas y sublimes principios que sirven al desarrollo de las diferentes olas de vida. Conocemos estas fuerzas con el nombre de metales y elementos, y desde el principio de las cosas hasta el día de hoy han estado influyendo sobre la vida en desarrollo. Originada por la mutua interacción de estrellas y planetas, siempre ha tenido lugar una constante transmutación de los metales y elementos, por lo que se puede hablar, literalmente, del gran laboratorio cósmico de Dios. La filosofía de la Rosacruz enseña que el cuerpo material debería ser un reflejo del espíritu. Por ello se dice en la Biblia: «Somos creados a su imagen y semejanza». Por consiguiente, nuestro cuerpo material es un cuerpo celeste en pequeño y, a su vez, una síntesis material de metales y elementos. Así percibimos, tanto en el mundo de lo pequeño como en el de lo grande, el imponente trabajo que se lleva a cabo en el laboratorio cósmico de Dios. Todo lo que ha sido, es y será, es generado por el consciente y hábil juego y contrajuego de fuerzas y elementos: Él dispone y es. Él ordena y existe. De este juego y contrajuego de fuerzas y elementos surgen todos los cuerpos celestes y todos los cuerpos humanos. El hombre construye su casa de esta materia primordial que se encuentra dispersa por doquier y que es reunida de todas partes. Los elementos y metales existentes en todas partes —la Fama Fraternitatis constata enfáticamente que no hay espacio vacío— son reunidos e impulsados en el espacio por la fuerza de Dios en un movimiento de remolino, y así nacen soles que proclaman la gloria del universo: «Los cielos anuncian la gloria de Dios y el firmamento proclama la obra de Sus manos». Así vemos cómo se realiza en nosotros y a nuestro alrededor el gran milagro, y nuestras manos se unen en oración ante Él, ¡que pensó los mundos, y fueron creados! Así el gnóstico lee el lenguaje de las estrellas y de su corazón se eleva un jubiloso agradecimiento por el hecho de que le haya sido permitido sondear algo de este sublime alfabeto mágico. El gnóstico se encuentra ante las retortas de Dios; ve el juego y contrajuego de las fuerzas; contempla las inmensas rotaciones y formaciones en el gran laboratorio alquímico cósmico, la obra de Dios, el primer aspecto de la Santa Trinidad, la manifestación del gran reino de la naturaleza, que también se manifiesta de forma triple. Hemos nacido según la naturaleza y según la naturaleza debemos perecer, tal como toda manifestación material vuelve a sucumbir en el caos, a no ser que la fuerza de Cristo empiece a brillar sobre nosotros, y alcancemos el renacimiento. Éste es el segundo aspecto de la alquimia, y este segundo aspecto es la alquimia de los rosacruces, en el que se encuentra la palanca de la realización. Del primer aspecto de la alquimia procede, por ejemplo, la ciencia química. Las fuerzas contenidas en los metales y elementos pueden y deben ser aprovechadas por el hombre y su civilización. Estas fuerzas activas en el laboratorio alquímico actúan con un objetivo determinado. Incluso tras un examen superficial se puede percibir que el sublime método de Dios actúa perfectamente hasta en los más pequeños detalles. Este método y su objetivo nos son explicados por medio de la segunda fórmula alquímica. Esta fórmula es la base de la religiosidad de la humanidad. Hasta el día de hoy se han ido sucediendo una religión tras otra, y ahora experimentamos el verdadero despertar del cristianismo, cuya interpretación esotérica nos explican los rosacruces. El iniciado Pablo dice de Cristo: «Él nos explica al Padre», y el fundador de la Orden de la Rosacruz dice al respecto: «Jesús es todo para mí». La filosofía de los rosacruces nos enseña que el espíritu de Cristo ha extendido su aura alrededor de nuestro planeta. Estamos rodeados por Él, como en un círculo; y, si queremos alcanzar la realización, sólo podemos hacerlo a través de Él. Éste es el segundo proceso alquímico. Es un proceso puramente espiritual, puramente místico, que obtiene en la filosofía rosacruz una base razonable. Esta filosofía no es una filosofía mental, sino una síntesis del pensar con el corazón, por la que la religión cristiana deberá volverse una fuerza viva en la vida del hombre. Sólo cuando se haya realizado algo de esta fuerza viva, se podrá hablar de «realización» en la Escuela de Misterios de Occidente. Así el alumno alcanza el tercer aspecto de la alquimia, el tercer aspecto de la Santa Trinidad: la realización, la Gnosis. En el tercer aspecto encuentra su explicación el objetivo del primero, tal como es hecho posible por el segundo. Todo este desarrollo está descrito en los cuatro evangelios, a los que debemos considerar como cuatro métodos de iniciación. Los discípulos, después de su regeneración material, fueron guiados por Cristo hasta la realización del día de Pentecostés. Toda realización sólo puede ser alcanzada en los misterios de Occidente por esta vía, pues este camino se encuentra sincronizado con la Triple Ley universal cósmica. La Triple Ley se manifiesta en una infinita diversidad de aspectos en cada principio vital. Así se puede reconocer que la alquimia de los rosacruces, a fin de cuentas, se basa en una verdad sencilla, pero también especialmente inquietante. ¿Por qué? Porque se descubre la gran distancia que existe entre la meta y la actual fase de desarrollo de la ola de vida humana. Por eso, la Confessio Fraternitatis advierte insistentemente contra toda seudo-alquimia, es decir, contra todos los métodos y prácticas que desvían de la meta y de la esencia de las cosas. La seudo-alquimia ha penetrado profundamente en todas las formas de manifestación del hombre y de la sociedad. Ella es la respuesta de lo negativo ante lo positivo. La seudo-alquimia también se manifiesta triplemente. En el primer aspecto, vemos la degeneración de la materia densa, el mundo del materialismo, el mundo del egoísmo, el mundo de Lucifer. En el laboratorio cósmico de Dios vemos que todas las fuerzas actúan conjuntamente para lo bueno, lo bello y lo verdadero, en un eterno esfuerzo por crear la base de la evolución. En el laboratorio infernal de la seudo-alquimia, el soberano absoluto es el egocentrismo y la bella interrelación de las fuerzas degenera aquí en un antagonismo de principios y de intereses, en una situación altamente explosiva que encierra inevitables peligros, en la que los demonios acechan a los condenados, manchados de sangre, como las bestias del abismo. El segundo aspecto de la seudo-alquimia es la caricatura del misticismo. Las ovejas que todavía no disponen del pensamiento libre y quieren percibir a Cristo por medio de las iglesias, son cambiadas en trueque por sus pastores, como mercancía, a los acechadores demonios del mal. Esto se debe a que su caricatura de misticismo se encuentra todavía profundamente anclada en el primer aspecto, el egocentrismo, elevado a la categoría de pilar del orden social. Y así el tercer aspecto de la seudo-alquimia completa la siniestra burla del ridículo. Se muestra la sarcástica caricatura de la ambición oculta, el astuto y perspicaz enemigo que se mezcla entre la buena semilla. Ofrece monstruosos símbolos y relatos misteriosos, que prometen iniciaciones y liberación. Aquí se trata, en breves palabras, del ocultismo negativo que conduce a caminos espirituales aberrantes y a prácticas oscurantistas, cuyo objetivo es la obtención de ventajas económicas u otras ventajas materiales. Este ocultismo, la caricatura de la aspiración a la realización, muestra, quizá más dramáticamente que la iglesia, la terrible degeneración. Quienes quieren alcanzar lo más elevado conducidos por el egocentrismo, cometen la más terrible de las maldades. La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturbadora. La verdad enseña que la renovación material es una ley mundial. La verdad enseña que todo egocentrismo debe ser absorbido por el amor al prójimo. La verdad enseña que este renacimiento sólo es posible por el santo método del cristianismo. Y la verdad enseña que toda realización, el cumplimiento de la Triple Ley, sólo es posible si los requisitos previos se han cumplido totalmente. La verdad es muy sencilla, pero a la vez muy perturbadora. Es perturbadora porque descubrimos que los volcanes amenazan con entrar en erupción con una fuerza demoníaca. Perturbadora, porque descubrimos que el misticismo pueril no posee suficiente fuerza interior ni discernimiento para poder romper, en Cristo, el hechizo y el maleficio. Perturbadora, porque los misterios, lo más sagrado y puro, son asaltados por los más carentes de escrúpulos. El cumplimiento se asemeja a una copa, al cáliz de las pruebas. Quien bebe indignamente de él, bebe su propio juicio. La verdad es muy sencilla. Por eso dice la Confessio: « Evitad y huid de estas obras, vosotros que sois sabios, y buscad refugio entre nosotros. Nosotros no queremos en absoluto vuestro oro, sino que por el contrario os ofrecemos inmensos tesoros. No queremos hacernos con vuestros bienes bajo el pretexto de daros a cambio tal o cual tintura fabulosa, sino que deseamos haceros participes de los nuestros. No queremos poneros ante enigmas, sino invitaros a una explicación sencilla y clara de nuestros misterios. No buscamos vuestra acogida, vuestra hospitalidad, sino que os invitamos a nuestras casas más que majestuosas.» Ésta es la llamada de los Señores de la Sabiduría que queremos transmitirle. La verdad es muy sencilla, pero difícil de cumplir. La verdad es muy sencilla, pero su exigencia es inmensa. La verdad es inconmensurablemente rica, pero se encuentra en una elevada montaña. Quien quiera encontrarla, tiene que buscar el camino. Buscad y encontraréis. Llamad y se os abrirá.
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